MIAMI— Ivis Malluly Pérez Carreras nació en Santa Clara, Cuba, “en un barriecito que se llama Virginia”. A los 18 años se mudó con su esposo a Las Palmas de Gran Canaria, España, en 1992, y comenzó la primera parte de una doble aventura como inmigrante.

Como dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS, “tuve varios trabajos, fui camarera de piso, cuidé niños, estuve fregando platos en restaurantes, y allí empecé a descubrir que lo que me gustaba de verdad era la cocina”.

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Cuando trabajaba en un hotel como camarera, “en un bar muy aburrido, un día llegó un señor y me dijo: ‘¿me puede dar un café?’ Yo le dije: ‘¿nada más quiere un café? Vamos a hacerle un juguito de vitaminosis’. Y dijo: ‘¿eso qué es?’ Le dije: ‘Eso me lo inventé yo, es todas las frutas que quedaron del desayuno que nadie tocó, yo se las mezclo aquí según usted quiera y yo le vaya asesorando, usted se toma eso por la mañana, que es fruta pura con agua, y se queda de lo más bien’. No sabía que ese señor era César Sancho, el director del hotel”.

Al siguiente día su jefe le dijo que la dirección del Hotel H10 de Las Palmas de Gran Canaria le había pagado la escuela de chef y tenía que dividir su jornada entre el hotel y las clases. Como agregó Malluly, le había dicho al director: “Ay, si me pusieran aquí una musiquita y para hacer papas fritas y unos sándwich y eso, este bar ganaría más dinero”. En efecto, “dicho y hecho, al otro día me pusieron todo ahí”.

La escuela no solo le dio las herramientas profesionales para asumir las obligaciones de la cocina, sino que despertó otro sueño. “Yo había hablado con mi esposo porque quería tener un restaurante. Con nuestros ahorros montamos el restaurante El Mesón de la Habana Vieja. Nos iba muy bien, era fusión de comida cubana y comida canaria. Ahí ponía en práctica lo que había aprendido”, afirmó.

Salsas típicas canarias con un toque cubano

“En el restaurante en Canarias yo tenía una receta, el alioli, que todos la pueden encontrar, pero un día por casualidad yo quería hacer el alioli y casi no tenía hojitas de perejil. Lo que hice fue echar el tallo con todo, y eso le dio un color más bonito y lo convertí en mi receta. Una cosa que fue por accidente se convirtió en mi truco. Creo que toda mi vida ha sido así, cosas que pasan sin querer”, contó Malluly.

Los clientes del restaurante adoraban sus tostones con alioli o con las papas arrugadas con el mojo picón: “Me decían ‘¿me puedes hacer un pomito, que me voy de asadero con mi familia?’ Así empezó”.

Puso el ejemplo de una combinación con el pan de ajo: “Coges el alioli, se lo pones al pan y lo pones en la freidora de aire o en horno; muchacha, y te queda un pan de ajo riquísimo. Si tienes unos camaroncitos, los pones en la sartén, le das tres vueltecitas y después le pones dos cucharadas de alioli y un chorrito de vino seco, sacas la pasta al dente y la tiras ahí, y eso es espaguetis al ajillo con camarones”.

Como acotó, “puedes hacer muchas cositas con las dos salsas, que te sacan de un apuro”.

Emigrar de nuevo

“En eso llegó la crisis y nos vimos en la necesidad de emigrar hacia los Estados Unidos hace 6 años y medio”, relató. La familia no tenía muebles, pero sí muchos deseos de comenzar una nueva vida y trabajar sin descanso.

Un día dije: ‘voy a improvisar una comidita, voy a buscar alioli y mojo picón’. Anduve por todos los supermercados y ninguno tenía ni alioli ni mojo picón. Digo: ‘ay, Dios mío, ¿podré hacer esto aquí y lo podré vender?’ Ahí empezó mi cabeza a funcionar.

“Pasé por varios trabajos y comienzo en Macy’s vendiendo perfumes. En una comida que hicimos para sorprender a una de las mánagers llevé la salsa y todo el mundo decía: ‘qué rico está esto’. Ahí empecé a venderla en la tienda y después me enteré de los farmer 's market.

“Cuando más embullada estaba empezó lo del coronavirus y cerraron la tienda. Me pilló acabadita de empezar y entonces dije: ‘ahora voy a abrir la compañía en serio, voy a buscar proveedores de pomos, voy a diseñar una etiqueta’. Mi jefa Edurne, la mánager de la perfumería, me dice un día: ‘tráeme una salsita, que se la voy a llevar a unos vecinos míos’. Al otro día vino con un papelito y me dijo: ‘dicen mis vecinos que la salsa está espectacular, que vayas a las oficinas de los supermercados Sedano’s y veas a Antonio Herrán de parte de ellos. Me atendió Maday Lugo, una muchacha que es un dulce de persona”, contó.

“El señor Herrán me llamó por teléfono y me dijo: ‘bueno ¿y qué hace usted?’ Le dije: ‘hago unas salsas que no las hay en el supermercado’. Y dijo: ‘aquí hay que pagar como 3.500 dólares por cada código de barra que vayas a introducir’. Le dije: ‘yo no tengo ese dinero’. Y me dijo: ‘pues nos pagas con salsas’. Le dije: ‘no le doy un beso porque es por teléfono’. Firmé el contrato y empecé”.

Según añadió, “aquello era morirse. Mi esposo trabaja en el aeropuerto y cuando terminaba venía conmigo a hacer las salsas y después las íbamos a repartir. Hay tres supermercados en Orlando, otro en Kissimmee, y allá fuimos nosotros a llevar las salsas. Ya llevo un año y medio con Sedano’s”.

Usando un nombre parecido al suyo y que combina con mayonesa y alioli, le puso etiquetas a su sueño y logró distribuir sus dos salsas (Mayoli Alioli y Mayoli Mojo Picón) en el sur de Florida. Según detalló, “las salsas son una combinación cubano-española. La de alioli es como la mayonesa tradicional que hacían las mamás en Cuba, que le ponían un 'dientito' de ajo, y con eso te puedes comer una lata de galletitas de soda entera”.

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“Dios me pone personas muy lindas en el camino”

Al hacer un balance de su trayectoria, constató que “lo que por un lado fue tan malo por la pandemia, por otro aproveché que cerraron la tienda para tener tiempo”. Como expresó, “he pasado mucho trabajo y he trabajado en muchas cosas, pero he aprendido y he tenido suerte; Dios me pone personas muy lindas en el camino, así de casualidad”.

Su sueño es “entrar un día a Publix y ver mis salsas ahí. Fui a Lakeland, que es donde están las oficinas de Publix, aquello parece una ciudad. Allí me atendieron, me recibieron las salsas y ahora estoy aplicando en el Small Business Administration para ver si me dan un loan [préstamo] para comprar las máquinas, montar la fábrica y hacer mis salsas”.

Ahí no se detiene, pues luego quiere “entrar a Walmart y ver las salsas, verlas en todos lados. Me falta mucho para tener la fábrica y llevar un pomo de Mayoli a todas las casas, como en Canarias, que en todas las casas hay alioli”.

Ahora, cuando mira hacia atrás y ve lo que ha logrado, le tiembla la voz de alegría: “Soy muy llorona, muy sentimental, y cuando veo esto me da más fuerza para seguir luchando, nunca me podía imaginar todo esto, la verdad que no”.

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