MIAMI.- El Gran Miami y La Playa (GM&B, por sus siglas en inglés) ya tienen sobre la mesa una “hoja de ruta” para convertir a un territorio de 2.431 millas cuadradas y a una población de 2.7 millones de habitantes, en la vanguardia del combate efectivo contra el cambio climático a través de un concepto que ya le da la vuelta al mundo: resiliencia.

Esa palabra, adoptada del inglés “resilience”, se refiere a la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”, de acuerdo con la definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua.

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Pero desde un punto de vista económico, social y de infraestructura, resiliencia tiene que ver con la manera en que las ciudades enfrentan no sólo los sacudones naturales (huracanes o inundaciones) o financieros (recesiones o colapso en las bolsas de valores), sino las tensiones que pueden erosionar su tejido social.

Eso es lo que inspira al programa llamado “las 100 ciudades resilientes” (una de ellas es GM&B) patrocinado por la Fundación Rockefeller, y lo que está detrás del concepto que guía la estrategia Resilient305, un plan que se estructuró a lo largo de tres años y que combina recomendaciones y acciones para darles la cara a los problemas más apremiantes de la región: la creciente congestión vehicular, el envejecimiento de la infraestructura, el incremento en los niveles del mar y la erosión de las playas, la imposibilidad de vivienda costeable para personas de bajos recursos y las grandes desigualdades en el ingreso.

Michael Berkowitz, presidente de 100 Resilient Cities, explicó, en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS, la importancia de que Miami cuente con una estrategia: “usted tiene esas estructuras de gobierno [municipales y condales] que se parecen a otras alrededor del mundo, y que quieren trabajar de manera mancomunada. Nosotros queremos demostrar cómo puede ser eso. Por lo tanto, de alguna manera, Miami puede ser el líder mundial en cómo trabajar a nivel regional con un plan estratégico de largo plazo”.

El foco

La estrategia Resilient305 se centra en tres objetivos. Y hay por lo menos 50 acciones –proyectos concretos- relacionadas con dichas metas.

“Lugares”, espacios que van desde construir arrecifes de coral y ecosistemas saludables, hasta reducir los riesgos producidos por las marejadas y hacer más resiliente la vivienda asequible.

“Gente”, busca mejorar la vida de los habitantes mediante el apoyo a la creación de riqueza y empleo. Enfrentar las necesidades de atención en salud de los más vulnerables, y preparar los vecindarios para responder a pequeñas o grandes alteraciones.

“Medios”, a través de unir los esfuerzos del gobierno, la empresa privada, las organizaciones comunitarias y las instituciones educativas, se establecen metas comunes para desarrollar acciones como la planeación con el fin de afrontar desastres naturales por medio de la activación de un panel de consejeros científicos (ASAP por sus siglas en inglés) y de la utilización de mecanismos para mejorar las dificultades con el agua.

Todo este esfuerzo condal y municipal se da en un contexto político en el que tanto en el ámbito federal como estatal ha habido un esfuerzo deliberado por no reconocer la existencia del cambio climático.

Eso podría ser un desafío para las urgencias que se experimentan en el ámbito local, y para la misma viabilidad de la estrategia a largo plazo.

Para Javier Soto, presidente de la Fundación Miami –una de las organizaciones clave en el desarrollo de Resilient305- “estamos buscando primero soluciones locales, no nacionales, y tenemos un liderazgo político en Miami que está comprometido con el proyecto. Tengo el optimismo de sacar esto adelante aunque a nivel nacional el tema se complica bastante en el plano político”.

La idea, en ese sentido, es proponer soluciones locales que eviten “las batallas políticas a nivel nacional. Serían proyectos de infraestructura locales para el mejoramiento de la comunidad. Y una cosa muy concreta, no filosófica, sobre el cambio climático”, precisó Soto.

Finanzas

La pregunta de fondo es cómo sostener desde el punto de vista financiero una estrategia tan ambiciosa, que busca combinar factores sociales, económicos y medio ambientales para lograr una comunidad sostenible en el largo plazo.

La Fundación Rockefeller ya culminó su tarea de apoyo, a través de 100 resilient cities. Pero ahora hay respaldo económico del Atlantic Council, financiado por Adrienne Arsht y localizado en Washington D.C. Ese un centro dedicado a la resiliencia, comprometido con la etapa de implementación de la estrategia.

Berkowitz explicó cuál fue la intensión del programa que dirige. “Diseñamos una estrategia y en el proceso apoyamos a los jefes de resiliencia con la esperanza de que serían catalizadores de mayor inversión del sector público, privado y de las organizaciones filantrópicas. Sabemos que esta es una de las cosas que hace la estrategia, sabemos que hay varias organizaciones interesadas en continuar este trabajo”.

Para Soto es clave que “las diferentes instancias gubernamentales (local, estatal y federal) también pongan capital importante detrás de varios proyectos para que esto se pueda lograr de manera exitosa. Con sólo recursos filantrópicos no se va a poder lograr esa meta”, recalcó.

De acuerdo con Berkowitz una de las grandes ventajas de la estrategia de resiliencia del Gran Miami es tener una visión integral de problemas que antes se veían y entendían en compartimientos estancos.

“En la estrategia hay muchas cosas sobre el clima – destacó Berskowitz- pero al mismo tiempo se habla de una economía inclusiva, nuevas formas de construcciones verdes, lugares donde la gente pueda buscar recreación, espacios nuevos de movilidad social que traten de aliviar la pobreza, promover empleos, infraestructura sostenible, transporte público”.

Explicó que en el pasado los temas más sensibles se discutían por separado, “los que hablaban de transporte pensaban en el número de pasajeros que se podía movilizar, los que se referían al clima sólo trataban el medio ambiente, los que tocaban los temas sociales solo citaban la pobreza, la indigencia, pero lo que se ve con esta estrategia es la intersección entre todas esas realidades.”

A pesar de que esta estrategia se refiere a un condado y dos municipios, se busca vincular al resto de los 35 que hay en Miami-Dade. La gran pregunta es qué tanto esta iniciativa podrá ponerse al margen de los egos, las ambiciones políticas y la competencias entre los diferentes actores políticos.

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