“Los pilotos son un tipo raro de humanos. Dejan la superficie ordinaria del mundo para purificar su alma en el cielo y descienden a la tierra solo después de recibir la comunión del infinito”. José María Velasco Ibarra.

La mayoría de las veces, cuando se viaja, uno nunca es capaz de ver a la persona en la cual depositamos nuestra seguridad y nuestras vidas. Nos limitamos a escuchar las instrucciones de seguridad y esperar un refrigerio confiados en que, el piloto, nos mantendrá a salvo. Y he ahí, precisamente donde toda esa referencia patriarcal, diseminada en forma de conocimiento nos hace partícipes de una injusticia. Asumir que es “el” piloto y no “la” piloto, artículos gramaticales que cargan quizás, todo el machismo arraigado en muchas profesiones, entre ellas la aviación.

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Han pasado 52 años, desde que la española de origen alemán, Bettina Inés Kadner Schilling, se convirtió en la primera mujer en llevar el control de un avión de pasajeros (1969) en Europa, con tan solo 22 años. También fue la primera comandante (1998) y sobre sus hombros acumuló casi 24.000 horas de vuelo hasta jubilarse en el año 2006 como parte de la familia de Iberia.

Más de medio siglo, poco a poco, las féminas se han abierto paso, hasta aumentar su presencia surcando los cielos alrededor del mundo. Según la Sociedad Internacional de Mujeres Pilotos de Aerolíneas el 5.26% (unas 9.746) de los 185.143 pilotos de aerolíneas son mujeres. Una de ellas, Mercedes Ibáñez, recibe a DIARIO LAS AMERICAS, horas antes de partir en un vuelo Miami-Madrid.

“Cuando era pequeña no conocía este mundo, pensaba que ninguna mujer podía ser piloto. Yo entré en Iberia como aeromoza, a los pocos meses me despertó la vocación total, me enamoré y decidí que quería ser piloto. Surgió un programa que era un acuerdo entre Iberia y Lufthansa que me otorgó la oportunidad y la aproveché”. Estas iniciativas no son nuevas, Iberia lleva años apostando por fomentar la diversidad y animar a las mujeres a convertirse en técnicos, ingenieros o pilotos. La última de estas iniciativas es su proyecto denominado “Quiero Ser”, donde busca familiarizar a niñas, con el mundo de la aviación, de la mano de otras mujeres que eligieron estas profesiones y las ejercen.

“Mi primer vuelo al frente de un avión comercial fue a Zúrich, desde Frankfurt, pero en avioneta fue en Arizona…”, recuerda Ibáñez y ríe al mencionar el nerviosismo, el movimiento brusco, el vértigo y la excitación. No obstante, al preguntarle sobre, el sentimiento de llevar tantas almas a bordo, su semblante se transforma: “Mucha responsabilidad, que lleves 100 o 300 para mí no es mucha diferencia, la responsabilidad empieza por todo, obviamente por los pasajeros, la tripulación, por mí, por mi familia, y por supuesto por el avión, que es algo que vale mucho dinero, son millones de dólares en tus manos”.

Un 38% de la plantilla de Iberia en la actualidad son mujeres. Los pilotos suponen un 6%. ¿Alguien te ha puesto cara de desconfianza al ver que eres mujer? “Nadie se me ha bajado del avión, muchas veces nos felicitan, sobre todo otras mujeres. Se sienten orgullosas y nos dan las horas buenas. Alguna broma he oído, es verdad, pero no en serio”.

En el proceso de la A a la Z de las operaciones “El despegue es el momento más crítico, más que el aterrizaje porque el avión va cargadísimo de combustible”, confiesa Ibáñez que acumula unas 15.000 horas de vuelo. Ya no es la Cordobesa inexperta de años atrás y opera vuelos de largo radio intercontinental. “Pero obviamente influyen mucho el clima o la longitud de la pista, también el viento en cola”.

Entonces, salta la curiosidad, acerca de su vida personal, en la cual ha forjado una familia con el periodista César Menéndez. ¿Cómo acaba una española piloto con un cubano periodista? Se sonroja. “No tiene nada que ver con la aviación, aclara. “yo conocí a su hermana en la Habana y luego una amistad de ésta nos presenta en España. Nos conocimos en Madrid, en el en el oso y el madroño de la Puerta del Sol… y ya ves”

¿Cómo combinar una profesión de tanta responsabilidad con las obligaciones de la casa, los hijos, el matrimonio? “Con un buen marido”, se apresura a responder su esposo. “Es cierto, con un buen esposo”, ella ratifica.

“Al principio cuando eres joven y soltera es maravilloso por todos los sitios que conoces, pero cuando ya se tienen hijos todo es más duro. Ausencias, sentimientos. La nuestra tiene 18 y se va a la universidad, a lo mejor vuelvo a encontrarle más atractivo. Es simple, tienes que irte a veces y tienes los niños enfermos, las tecnologías ahora mejoran las distancias por la comunicación, antes era bien difícil y desesperante, pero nunca es fácil”

Ante la curiosidad de los eventos en pleno vuelo reconoce: “He visto auroras boreales, pero no son tan lindas como las muestran las fotos, pero las tormentas son algo impresionante. Gracias a Dios yo no he tenido emergencias y, antes de que me preguntes, tampoco hemos visto platillos volando (vuelve a reír) averías sí”. Me cuenta de una maniobra donde estuvo volando más de una hora botando combustible para poder aterrizar ante un fallo eléctrico. “Yo he volado Airbus siempre, desde el 320 al 350, no hay ninguno malo”. Respecto al futuro de la aviación y a los avances que ha experimentado la industria, asevera: “Yo creo que los aviones van a ser más fáciles de manejar, pero el entorno será cada vez más difícil…por el tráfico, en este mismo momento hay un millón de aviones volando al mismo tiempo”.

La conversación nos conduce al antes y al después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en EEUU. “Todo cambió, los controles más estrictos, llevar la cabina siempre cerrada, cámaras, claves para bloquear la puerta de la cabina, muchos cursos de seguridad sobre interferencias ilícitas (como se les llama a los secuestros) entrenamiento”.

Sobre el escenario derivado del coronavirus, Ibáñez habla sobre las medidas de higiene: “Hay que desinfectar todo en cada escala, revisar los filtros de aire, (dicen que el aire del avión es mejor que el de un quirófano).

Tras agradecerle por haber concedido la entrevista advierte, “lo importante es dar visibilidad [de este oficio] para que las niñas sepan que se puede.

“Debo decirte, tengo las mejores vistas, es la mejor oficina del mundo”.

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