“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”. William Shakespeare “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”. William Shakespeare

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El futuro suele ser un lugar maravilloso. Lo imaginamos, construimos en sueños. Solo para darnos cuenta de que cada mañana es el resultado del hoy, del ayer y así, sucesivamente, hasta crear una espiral de decisiones que condicionan, una a una, nuestro existir. Eso sí, no podemos ser ese yo que queremos si perdemos nuestra esencia. Llegar a casa de Ricky y de Vivian Sánchez (matrimonio de 58 años), es respirar cubanía. En los pequeños detalles, en las palabras, los recuerdos, la nostalgia: “Yo nací en la Habana y salí de Cuba a los 16 años un 20 de noviembre con una visa waiver, soy Pedro Pan” – tajante, concreta, distante quizás, para no sumergirse en el dolor, o la alegría, asevera Vivian.

“Mi infancia era feliz, yo era la más pequeña de dos hermanos, él me llevaba seis años y era como si fuera mi padre. Sinceramente, todos mis recuerdos, son muy gratos: iba al colegio, a mi club, tenía mis amistades, mi mamá, mi papá”, reconoce.

Desde su mentalidad adolescente de entonces sostiene: “Yo me acuerdo perfectamente de cuando Fidel bajó de la loma, era un 31 de diciembre estábamos reunidos en familia y llegaron a la casa y dijeron: - oye la revolución ganó y todo el mundo estaba sorprendido. Había muchas personas que apoyaban, pero rápidamente la mayoría se dio cuenta de lo que era en realidad. Mi padre nunca estuvo de acuerdo; siempre supo que Fidel era un comunista”.

Sin embargo, la historia caprichosa, quiso jugarle a Vivian, una mala pasada, o se la jugó, de cierta forma, porque perdió algo querido y a la vez, recuperó eso que parecía un imposible.

“Mi vida está ligada, indisolublemente, a la invasión a Bahía de Cochinos. Me cuesta trabajo decirlo – llora, aprieta las manos involuntariamente, hace silencio – ahí perdí a mi único primo de 22 anos y eso me impacto muchísimo y también mi experiencia con Ricky. Ya en aquel entonces éramos novios y lo tuve que dejar preso”, una lágrima lucha por escapar, la ataja, pero es imposible, cae, surca, rueda.

“Yo sabía que mi primo y Ricky habían ido de brigadistas. En un principio no tuvimos ninguna noticia. Fue desesperante, no supimos nada de mi primo durante 19 días, no teníamos idea si estaba vivo o muerto hasta que nos confirmaron lo peor. Fue muy doloroso. Mientras; Ricky estaba preso. Sin visitas, aunque después las autorizaron”

En la línea temporal fue un 17 de abril la invasión y Vivian partió siete meses después: “Papá era de la opinión que Fidel se caía de un momento a otro, y que yo no debía salir. Mi hermano sí estaba aquí ya para esa fecha” – confiesa Vivian y agrega que cuando fracasa la epopeya de Bahía de Cochinos, “mi padre toma la decisión de enviarme sola a los EEUU; la mayoría de las muchachas de mi edad queríamos y sabíamos que teníamos que salir de allá porque no había solución. Mi hermano fue el que me tramitó la visa para yo venir por Pedro Pan”

En ocasiones, el cerebro humano bloquea algunos recuerdos como tratando de escapar de su propio sufrimiento. En otras, rememora y agradece la mano desinteresada, afable, que como buen samaritano llega, indiscutiblemente a su rescate.

“Llegué a casa de una tía mía y de ahí me voy a Filadelfia con mi hermano, luego estuve en una casa de acogida con una familia de origen cubano, la experiencia fue muy buena, me acogieron como un miembro más”, rememora.

Pero la distancia, la incertidumbre, el sentimiento son “inris” en la cruz que conlleva el calvario de la separación: “Tuve tres noches en las que lloré mucho. La primera fue el primer 31 de diciembre que pasé en este país, porque estaba separada de mis padres, de mi novio, de todo. La segunda, fue cuando el juicio a los brigadistas, a Ricky lo condenaron 30 años. Sufrí tanto que me acuerdo que, al día siguiente, mi madre postiza no me envió al colegio porque ella sabía lo afectada que estaba; y la tercera cuando supe que mis padres habían llegado a Miami. Son emociones mixtas pero que calan profundo”, reconoce Vivian.

Aun así, habla de resignación o convicción: “En aquella época tú te dabas cuenta de que todo lo que pasaba tenía que pasar, por duro que fuera. ¿Sabes qué? Ni me acuerdo del reencuentro con mis padres. Se que fueron para Filadelfia, nos reencontramos y allí viví con ellos hasta que me casé una vez que Ricky llegó después de las negociaciones por la liberación de los presos”.

Pero lograr la libertad no fue fácil. Como dice la sabiduría popular: nunca podrás llegar a tu destino si no sabes hacia dónde vas. Esa máxima, estuvo revoloteando en toda la conversación: “Yo estaba al tanto de todas las negociaciones. Siempre albergué la esperanza que iban a liberar a Ricky. Le pidieron 50 mil dólares. Recuerdo que yo me dije, tengo que hacer el esfuerzo para reunir ese dinero. Imagínate en esa época y con 17 años, sueños, esperanza, deseos”

Cuando conoció la noticia, fue algo increíble, un halo de luz que apareció en el destino de Vivian: “Vine a Miami a esperarlo. Él llegó en el último avión, el 24 de diciembre y fuimos directo a la misa del gallo para darle gracias a Dios”.

Ese amor adolescente, cargado de improperios, de obstáculos, de interrogantes, alcanza casi las seis décadas: “Nos casamos a los seis meses de su llegada, tenemos 4 hijos y diez nietos que son mi orgullos y por los cuales doy mi vida”.

La pregunta obligatoria: Si fueras tú, alguno de tus padres ¿Hubieses tomado la misma decisión? “En la época que mis padres lo hicieron habían cerrado todos los colegios. Las monjas y los sacerdotes fueron expulsados. Se rumoraba que ibas a perder la patria potestad de tus hijos; para mí era/ es una decisión obvia. Tus hijos venían a un país libre que los iba a acoger. Yo hubiera hecho lo mismo”.

En cuanto al plano profesional, enfocada en la educación: “Trabajo en un colegio y no pienso retirarme”.

¿Sueñas con volver a Cuba?

“Yo no quiero regresar y se me está acabando el tiempo. No quiero ver la pobreza, ni en lo que se ha convertido. El día que se acabe el comunismo sí”.

 

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