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MIAMI.- El huracán Dorian no tocó tierra en Florida pero sí abrió un hueco en la economía local, que se afilaba los dientes con la llegada del siempre provechoso fin de semana largo por Labor Day.

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“Esta fecha es una gran fuente de ingresos para la Florida, y no estaría mal imaginar que hubo un impacto negativo en la reservación de hoteles, restaurantes y otros servicios”, declaró a la prensa la presidenta del buró estatal de turismo Visit Florida.

Las autoridades opinan que aún es muy pronto para estimar el coste que tuvo la pérdida de clientes. No obstante, anticipan que podría ser significativa, dada la impaciencia con la que floridanos miraban el paso del poderoso ciclón merodeando la costa de la Florida, que a su vez espantó a turistas a irse a otro lado y a lugareños que optaron por no salir a la calle.

Miami Brickell
<p></p>La muy popular zona de Brickell, en Miami, estaba prácticamente desolada.<p></p>

La muy popular zona de Brickell, en Miami, estaba prácticamente desolada.

Hace exactamente dos años, cuando el huracán Irma se acercaba al sur de la Florida, el entonces gobernador Rick Scott declaró el estado de emergencia y el flujo de visitantes disminuyó 12%, mucho más en Los Cayos donde hubo grandes destrozos y la mayoría de los hoteles fueron afectados.

Sin embargo, el año concluyó con un incremento del 3%, respecto a 2016, hasta alcanzar la cifra de 116,7 millones de visitantes.

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Esta vez, el huracán provocó la suspensión de la convención estatal anual de turismo, que se celebraría en Boca Raton, una de las localidades comprendidas en el cono de probable travesía de Dorian.

“La mayoría de los hoteles de la zona tenían todas sus habitaciones reservadas”, señaló el presidente Florida Restaurant & Lodging Association, Carol Dover.

La conclusión es que la mayoría de las reservas fueron canceladas, e igualmente fue afectado el consumo en restaurantes, bares, incluso cines, teatros, museos y otros locales de entretenimiento.

Por ejemplo, la muy popular zona de Brickell, en Miami, adonde acuden miles de miamenses y otros tantos turistas por día, estaba prácticamente desolada.

South Beach, que es la meca de la recreación, lucía sus amplias playas prácticamente vacías, restaurantes cerrados y vidrieras cubiertas con paneles protectores contra el viento.

“En este tipo de negocio, si no hay clientes no cobro”, resaltó el dueño de una pequeña tienda de víveres en Coral Way, que parado en la puerta de entrada buscaba ansioso algún transeúnte para invitarlo a pasar.

En Miracle Mile, la céntrica arteria de Coral Gables, la mayoría de los establecimientos comerciales mantuvo las puertas cerradas y en la calle reinaba la soledad.

Y a medida que todo vuelva a la normalidad, grandes y pequeños empresarios, incluso hoteles y los portavoces del buró estatal de turismo tendrán que salir al ruedo a calmar los ánimos y anunciar que todo está bien para volver a disfrutar la bondades de la Florida.

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