MIAMI.-La polémica desatada por la visita del presidente Donald Trump a la capital de Puerto Rico, su mención a los 73.000 millones de dólares de una deuda que, según el mandatario, tendría que borrarse, más su mención a los “desvíos” de fondos del presupuesto para destinarlos a la ayuda a los damnificados y su reacción a las críticas de la alcaldesa de San Juan por la lentitud en la respuesta federal, no lograron ocultar una situación que es calificada como “crisis humanitaria”.

Una delegación del Partido Demócrata de la Florida (su director, senadores y representantes estatales y federales, y también el presidente de esa colectividad a nivel nacional, Tom Perez) visitó este lunes el área de Ponce, la segunda ciudad más poblada de la isla.

El martes llegó Trump, y día antes ya habían estado el gobernador de la Florida, Rick Scott (republicano que buscaría un escaño en el senado federal), el senador republicano Marco Rubio e incluso el alcalde de Miami Beach, Philip Levine, quien estaría apostando su futuro político como precandidato demócrata a la gobernación del Estado del Sol.

De acuerdo con cifras oficiales, hay 13.300 empleados de FEMA en Puerto Rico trabajando en el terreno con los damnificados; está funcionando apenas el 9% del sistema eléctrico del país y la cifra de muertos ha subido a 39. La Casa Blanca acaba de pedirle al Congreso 29.000 millones de dólares adicionales para la reconstrucción de la isla.

“Todo el mundo se ha concentrado en San Juan, pero el alcalde de Ponce dijo que en 14 días no había visto gente de FEMA ni la llegada de provisiones”, informó Steven Bitell, director del Partido Demócrata de la Florida, quien hizo parte de la delegación que visitó la isla.

Trump no estuvo en Ponce, una de las zonas más golpeadas por el huracán. Pero lo que pudo ver la delegación de políticos demócratas (que llevo dos vuelos chárter con generadores, servicios médicos y alimentos) fueron las enormes dificultades que aún tienen los hospitales de esa zona para mantener servicios fundamentales, de vida o muerte, como la diálisis.

De acuerdo con Bitell, “el aeropuerto y el puerto están abiertos [en Ponce] pero no hay barcos ni aviones que estén llegando con ayuda para los damnificados”.

Preparación

La migración de puertorriqueños a Florida ya es un hecho. “Buscamos preparar a los legisladores para esa llegada. Se necesitarán [en la Florida] nuevos recursos para las escuelas públicas, hospitales, salud, vivienda, generación de empleo”, amplió el dirigente demócrata.

La romería de políticos demócratas y republicanos a la Isla del Encanto se podría explicar también por un cálculo político clave: la posibilidad de que los recién llegados cambien el mapa electoral floridano a favor de los demócratas. Hay que recordar, además, que el Estado del Sol es uno de los estados péndulo más grandes de la nación que fue decisivo en la victoria de Donald Trump, pero que puede dar sorpresas para las elecciones de 2018.

“Cuando la gente está en riesgo de morir o de enfermarse, eso tiene que ir más allá de los partidos”, argumentó Bitell y enfatizó, como lo han hecho también políticos republicanos, que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses. “Creo que al principio esta administración no entendió que lo eran, pero ahora sí”, añadió.

“Es una carrera contra el tiempo para salvar vidas”, dijo. “Hay que ver más aviones en los aeropuertos y barcos en los puertos con hospitales portátiles”, precisó.

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