MIAMI— Una ciudad está hecha de momentos, sucesos y anécdotas que la marcan, que quedan en el recuerdo de quienes los protagonizan y los hacen perdurables con los detalles, aromas e imágenes del lugar en que acontecen.
MIAMI— Una ciudad está hecha de momentos, sucesos y anécdotas que la marcan, que quedan en el recuerdo de quienes los protagonizan y los hacen perdurables con los detalles, aromas e imágenes del lugar en que acontecen.
Hay un sitio en Miami recurrente para historias únicas. Es un lugar de comienzos, encuentros y reencuentros, de memorias, es el restaurante Versailles.
En cualquier lugar del mundo donde se hable de comida tradicional cubana, quien lo mencione, si ha visitado Miami, de seguro podrá decir que conoce el Versailles. Pero también, si se habla de cubanía y tradiciones, igualmente habrá que nombrarlo.
No exageran quienes dicen que al llegar al Versailles encuentran un pedazo de Cuba. Y no es sólo porque su menú recrea esos sabores en los que muchos hemos podido recuperar una parte im- prescindible de nuestra cultura.
El Versailles es un refugio de la cubanía, porque las alegrías y los reclamos de los cubanos exiliados se viven allí con un fervor del que sólo sus paredes y sus predios conocen.
Cuando hace cinco décadas Felipe Valls Sr. fundó el Versailles, quizás no pudo prever que el tiempo lo convertiría en un precursor.
El legado de Valls lo continúa hoy junto a él su familia, conscientes de que el compromiso y misión del restaurante Versailles trascienden la ciudad que lo habita, el propósito empresarial y hasta su propio nombre.
Estos primeros cincuenta años del Versailles serán apenas un punto de partida para todas las celebraciones por venir.
