@schottv
Antes, como ahora, Clinton era la gran favorita para ganar con la bendición de su partido pero Barack Obama demostró que nada se escribe de antemano en política
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No hay duda de que Hillary Clinton ha tenido que enfrentar una gran cantidad de reveses, a lo largo de su carrera en el servicio público. Sin embargo, es casi seguro que nada se compara a los actuales momentos, que pueden ser considerados como uno de los más duros en su trayectoria.
Y es que hasta hace poco tiempo, no habría sido necesario emplear mucha ciencia para predecir que ella estaba por fin en camino de ser la primera mujer presidente de los Estados Unidos.
Las condiciones estaban servidas. Sus rivales del Partido Republicano parecían estar desorganizados, producto de un caos interno. Los candidatos estelares caían uno a uno rápidamente y sólo Donald Trump portaba el perfil de un ganador potencial, aunque la mayoría de republicanos de alto rango ni siquiera lo tomaba en serio porque lo consideraban un fraude y una vergüenza. La familia Bush inclusive, se negó a reconocerlo como una posibilidad para la Casa Blanca.
En las filas demócratas, Hillary Clinton estaba muy por encima del bien y el mal en la carrera por la nominación, tanto así que la única pregunta posible era ¿qué republicano se enfrentará a ella?, y aunque Bernie Sanders se negaba a retirarse, nadie en la campaña de Clinton lo percibía como un rival de peso a la nominación del partido.
Hoy en día la situación es tan diferente, que las expertas voces políticas en Washington se ven forzadas a admitir que aunque el senador Sanders no derribe a Clinton, la debilita ante un Donald Trump cada vez más capaz de enviarla al segundo lugar, durante las elecciones generales de noviembre.
Si esto llegara a suceder, sería un golpe devastador para ella, quien todavía debe tener frescos esos momentos de derrota a manos del entonces senador Barack Obama, cuya elocuencia y promesas de cambio barrieron de golpe sus aspiraciones para la nominación presidencial en 2008.
Antes, como ahora, Clinton era la gran favorita para ganar con la bendición de su partido pero Barack Obama demostró que nada se escribe de antemano en política.
Clinton ha sufrido otras frustraciones no menos importantes, como cuando su marido fue acusado de mentir bajo juramento sobre su relación con Monica Lewinsky, la becaria de la Casa Blanca. El presidente Bill Clinton fue acusado por la Cámara de Representantes por perjurio y obstrucción de justicia.
Eso fue hace casi 18 años pero es seguro que junto con el tema de los emails, estos fantasmas del pasado, proporcionarán tanto a Trump como a los republicanos, la artillería necesaria para atacar ese talón de Aquiles de los Clinton, su credibilidad.
Sin embargo, tal vez el mayor problema para Hillary es que el lema de “mejor bueno conocido que malo por conocer” ya no aplica entre los votantes que buscan un cambio en el sistema con miras a un porvenir diferente, mientras ella ofrece más de las mismas políticas del presidente Obama, cuya popularidad hoy no se acerca al nivel de adulación que recibió la primera vez que irrumpió en escena.
Tal vez ese momentum para Clinton está en reconocer a tiempo que se encuentra en la encrucijada de una oportunidad política única, si sabe interpretar el descontento general con el status quo y logra consolidar la idea de que con la experiencia del pasado está mejor preparada para abrir las puertas a los cambios del futuro.
