LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Tres cervezas de más y un repertorio de viejas canciones de Roberto Carlos propiciaron el escenario perfecto para un lance sentimental entre Roinel y Sandra, cuando se conocieron en una discoteca en las afueras de La Habana.

“Fui con unos amigos a pasar un buen rato, a escuchar canciones de la era prodigiosa y beber unos tragos. Ahí conocí a Sandra. Hubo química desde el primer momento. Decidimos pasar la noche juntos y fuimos a alquilar una habitación en un hospedaje dedicado a citas amorosas. Ella reside en Manzanillo y por asuntos de trabajo se encontraba en la capital. Los dos somos casados. Tuvimos una sorpresa desagradable cuando el dueño de la casa nos pidió el carné de identidad para registrarnos en una libreta”, contó Roinel.

De nada valieron los argumentos ni los intentos de sobornar al propietario con cinco pesos convertibles. “El tipo no entendía. Nos dijo que él debía anotar los números del carnet de identidad y los nombres completos de las personas que se hospedaban en su negocio para reportarlo a la ONAT (Oficina Nacional de la Administración Tributario). Es inconcebible. Cuando uno pega un tarro [es infiel], quiere ser discreto. ¿Qué hará luego la ONAT con esos datos?", se preguntó Roinel.

En Cuba, la fiscalización estatal además de ser complicada es excesiva. Cuando usted compra algo con un billete de 50 ó 100 pesos convertibles, debe mostrar su carnet de identidad en tiendas y mercados de los grupos TRD Caribe, Palmares o Panamericana. Sin embargo, en los hoteles y tiendas de la cadena Palco no se requiere identificación.

Hasta hace dos años, las personas que portaban bolsos y mochilas, antes de entrar a comprar en un comercio por divisas, debían dejar sus pertenencias en un cubículo exterior del establecimiento. Después de entregar su carnet de identidad, la empleada le daba una "chapilla" con un número, para poder recogerlas a la salida.

Control a quienes navegan por internet

Según Daniel, ingeniero de ETECSA, monopolio estatal de telecomunicaciones en Cuba, el control de metadatos a quienes navegan por internet en la isla es cuando menos sospechoso.

“Las personas que quieren abrir una cuenta deben presentar su carnet de identidad. Por tanto, aquellos que están bajo lupa (funcionarios corruptos, disidentes o delincuentes de cuello y corbata) son blanco fácil del espionaje cibernético. El usuario no puede borrar el historial de las páginas que visita. Supuestamente un programa con software chino los borra automáticamente cuando el cliente cierra su sesión. Pero esas trazas quedan registradas en una oficina de control que tiene la empresa. Esos datos, como la cantidad y el monto de recargas, las utilizan los servicios especiales en caso de ser necesario actuar, sin ninguna orden de la fiscalía o los tribunales. También pueden acceder a correos y cuentas de personas investigadas”, señaló el ingeniero.

De ese control kafkiano no escapan los extranjeros que visitan Cuba. En las casas privadas de alquiler se debe asentar el nombre y número de pasaporte de los turistas que alojen.

Pudiera parecer un método de inspección arancelaria, pero va más allá. Las autoridades de la Dirección de Inmigración y Extranjería, adscrita al Ministerio del Interior, califica a los cubanos residentes en el extranjero y ciudadanos de 19 países, entre ellos Estados Unidos, Brasil, Medio Oriente y China [socio ideológico de los Castro] de 'ciudadanos especiales'.

DIARIO LAS AMÉRICAS intentó conversar con un funcionario de Inmigración, para conocer por qué los visitantes de esas naciones están englobados en ese término, pero no respondió a las preguntas.

Los cambios

En Cuba, si una persona no tiene licencia para rentar habitaciones y quiere alojar en su casa a un amigo extranjero, debe asentarlo en el CDR de su cuadra.

“Y hemos cambiado. Hace diez años estaba prohibido tener a un extranjero en tu casa. Los dirigentes del Partido e instituciones del Estado con nivel Uno (Fuerzas Armadas, Ministerio del Interior, Comercio Exterior y medios oficiales de prensa) debían informar el motivo, la procedencia y hasta los regalos que recibían de una persona autorizada a alojarse en su casa. Daba igual que fuera de la URSS u otro país de la antigua Europa comunista”, acotó Eulogio, jubilado de una oficina de Inmigración y Extranjería.

A pasos lentos, la autocracia verde olivo intenta cambiar para adecuarse a los nuevos tiempos. Pero el molesto y excesivo control social se mantiene. Desde una cita extramatrimonial hasta abrir un correo y navegar por internet.

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