He leído en The Huffington Post una historia adorable, la que protagoniza Mathew Flores, niño de 12 años, a quien le gusta tanto leer que le pidió al cartero de su vecindario de Salt Lake City más “junk mail”, o sea anuncios impresos generalmente con servicios a domicilio o ventas, llegados cada día a nuestros buzones.
Ron Lynch, el cartero cuenta que vio al niño leyendo los impresos y luego supo que su mayor deseo era tener libros para satisfacer su benéfico hábito. Él le recordó que en la biblioteca podría encontrar muchos, y el pequeño le respondió que en la casa no había automóvil y el dinero de su familia no alcanzaba para el transporte público.
Lynch pidió ayuda a sus amigos de Facebook para conseguirle libros a Mathew, teniendo en cuenta, sobre todo, que muchos niños de su edad lo que quieren es aparatos electrónicos.
La respuesta no se hizo esperar y la solicitud se volvió viral en Internet. Personas de todos los sitios del mundo, desde Australia, la India e Inglaterra, comenzaron a enviar libros al entusiasta lector. Cientos de volúmenes llegaron a la puerta del humilde apartamento de su familia. La foto de Mathew y su hermana Jasmine parados al lado del librero, que ahora ostentan con orgullo, la tengo colgada en el corazón.
Qué testimonio tan poderoso y encantador sobre la importancia del libro y la lectura en pleno siglo XXI, cuando solemos poner en duda la permanencia de su atractivo entre las nuevas generaciones.
Este es el preámbulo ideal de nuestra Feria Internacional del Libro de Miami que cumple treinta y dos años, del 15 al 22 del próximo mes de noviembre, como evento cimero de la cultura literaria en los Estados Unidos. Verdadera fiesta concebida con amor para que todas las personas y en especial nuestros pequeños Mathews puedan satisfacer el placer de leer.
El apoyo de nuestra comunidad ha demostrado que veneramos al libro y sus autores. Del respeto internacional que nos hemos granjeado habla la lista de invitados de este año que podemos considerar extraordinaria: Leonardo Padura, quien acaba de merecer el Premio Princesa de Asturias, Héctor Abad Faciolince, Gioconda Belli, Laura Restrepo, Pablo de Santis, Carla Guelfenbein, quien mereció el Premio Alfaguara de Novela 2015, y Guadalupe Nettel, por sólo mencionar algunos de los visitantes, sin contar autores notables de nuestra ciudad que nos representarán.
Este año, cuando recorra los quioscos en los alrededores del Campus Wolfson, o escuche disertar a mi autor predilecto, pensaré en Mathew y en la pasión que compartimos.