En menos de tres meses el precio de las carreras de taxis se ha duplicado y los precios del alquiler de habitaciones también han subido un 20%
LA HABANA.-RUI FERREIRA
Enviado especial
@ruiefe
La “invasión” de los estadounidenses ya está causando estragos en la capital cubana. La cerveza escasea y los precios de los restaurantes privados (“paladares”) y de los taxis se han disparado.
Aunque no esperada, es una consecuencia lógica de los nuevos tiempos. Sólo el año pasado, los visitantes estadounidenses sumaron 161.000, se espera que este año la cifra se duplique y la creencia nacional es que los norteamericanos están acostumbrados a pagar más. Todo esto ocurre a pesar de que los viajes todavía están restringidos y los viajeros tienen que insertarse en 12 categorías, todas orientadas a promover los contactos de pueblo a pueblo en el marco de un ambiente de matiz cultural donde el turismo es, todavía, un fruto prohibido.
Pero con la llegada de los “americanos”, como se les dice popularmente, los emprendedores cubanos han “descubierto” algo: tienen más dinero que los demás turistas y pagan bien. El resultado ha sido abrumador. En menos de tres meses el precio de las carreras de taxis se ha duplicado, los taxímetros casi nunca funcionan y todo es negociado de antemano, los “cocotaxis” (motos con cabina para pasajeros) no se han quedado atrás y, por último los precios del alquiler de habitaciones también han subido un promedio de 20%, reveló un sondeo informal.
La necesidad de importar
Como si no fuera poco, las cerveceras de la isla no dan abasto porque los nuevos visitantes, ante un calor infernal, consumen tanto que los restaurantes y bares se están quedando sin suministros. Para suplir la demanda, las cerveceras han firmado un contrato de entrega en los próximos meses de 33 millones de cajas, mucho más que la producción nacional, apuntó la prensa local, y se han visto en la necesidad de importar unos tres millones de cajas de la vecina República Dominicana.
Según Maylé González, directora de ventas de la firma Bucanero, a cualquier momento habrá que construir una nueva planta para enfrentar la demanda de los turistas. Bucanero produce la cerveza del mismo nombre junto a la Cristal, más suave y rubia y extremadamente popular. La producción es resultado de una empresa conjunta con el gigante belga Anheuser Busch InBev, que abastece, entre otras, a una cervecería al aire libre en la Plaza Vieja de la ciudad.
La desigualdad en el mercado
Por su lado, la crisis con la cerveza ha sacado a flote una realidad que es insoslayable: la diferencia de abastecimiento entre el mercado estatal y la incipiente iniciativa privada. Los privados tienen más facilidad de luchar por la bebida, ya que pueden buscarla en cualquier almacén que disponga del producto, incluso pueden pagarla a sobreprecio porque vale la ley de la oferta y la demanda, y para un estadounidense pagar 1,24 dólares por una lata es baratísimo. “Pero los estatales tienen que vérselas con lo que reciben de los almacenes del Gobierno y ahí la burocracia todavía manda”, afirmó en tono de queja la semana pasada el administrador de un restaurante a un grupo de periodistas extranjeros.
“Nos tienen prohibido buscar la cerveza y otros productos por nuestra cuenta. He perdido muchos clientes por eso y ‘esa gente’ no entiende eso. Es desesperante”, explicó, parado en la puerta de un pequeño bar estatal, en plena Habana Vieja.
No es el único, la escena se repite por todos lados. Incluso en los hoteles administrados por el Gobierno la escena es frecuente, aunque no es una crisis tan aguda porque ese tipo de establecimientos recibe un abastecimiento preferencial. El problema mayor lo enfrentan los pequeños bares y restaurantes, que son muy concurridos por ser más baratos.
Hace tres meses, un viaje en taxi entre el Vedado y el Parque Central (unas 20 cuadras), oscilaba entre 10 y 12 CUC (moneda dura cubana). A fines de febrero no bajaba de los 15 o 16 CUC. Lo mismo sucede con los “’cocotaxis”, que con su enorme carapacho amarillo y un motor de 100cc marca Piaggi eran mucho más baratos hasta hace poco. Si antes la misma carrera costaba, brisa del Malecón habanero incluida, unos 6 CUC, ahora no baja de 10 CUC y si el taxímetro no está funcionando hay quien ha pagado hasta 12 CUC.
“Es que los americanos pagan más, les parece todo esto muy barato y la gente se ha habituado. Los sueldos son bajos y hay que ‘luchar’ la calle”, comentó Daniel, quien se pasa 12 horas al día arriba de un ‘cocotaxi’ recorriendo toda la ciudad. Aseguró que ahora vive un poco mejor porque con la llegada de los vecinos del Norte para gente como él la situación ha mejorado.

Turistas se toman fotos en una calle de La Habana, al fondo, los famosos taxis llamado "almendrones". (EFE/ARCHIVO)
Otros beneficiados: los propietarios de "los almendrones"
Otros que se han beneficiado son los propietarios de los “almendrones”, los viejos autos estadounidenses que ha resistido “heroicamente” 57 años de falta de piezas de repuesto y que son empleados como taxis colectivos por las principales arterias de la ciudad. Los “almendrones” solo cobran en pesos cubanos, tienen un precio fijo de 10 pesos y se han transformado en una alternativa para aquellos turistas sin grandes recursos. Porque 10 pesos son alrededor de dos dólares, un precio mucho más accesible que una carrera entre el Vedado y el Parque Central a bordo de un taxi estatal. Se viaja apretado, los autos suelen ir “boteando” (recogiendo) a otros pasajeros por el trayecto y tardan un poco más tiempo en llegar a su destino.
“Aquí no se montan muchos americanos, lo hacen más latinoamericanos y europeos, pero ya tengo mis clientes fijos que me esperan en las esquinas y cuando los veo me detengo”, explicó Leonel, un “botero” que en un día regular transporta casi 70 personas.
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