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@JesusHdezHquez

MIAMI.- Mientras en París se rinden honores al fallecido expresidente Jacques Chirac y países europeos no saben qué hacer con los miles de inmigrantes que cruzan el mar Mediterráneo, en Londres no logran resolver el peligroso trance que supone la salida brusca de Gran Bretaña de la Unión Europea.

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A solo días del 31 de octubre, cuando se cumple el último plazo para la cacareada salida, o Brexit como le llaman, el primer ministro Boris Johnson fue obligado por la Corte Suprema del país a reabrir el parlamento británico, luego de haber convencido a la reina Isabel II para cerrarlo por cinco semanas, justo a tiempo, según afirman los críticos, para evitar discutir el asunto.

“Fue una sucia estrategia aunque legal, lo permite la Constitución británica. Lo que no permite la ley es manipular las normas por intereses políticos y eso fue precisamente lo que dictaron los jueces”, comentó el profesor de leyes Barry Dawkins al periódico británico The Times, minutos después de conocerse el veredicto.

Y es que Jonhson siente la presión, además del convencimiento propio, de “hacer cumplir el resultado de un referendo”, aun cuando la falta de un acuerdo final con la Unión Europea provoque una peligrosa situación en la frontera de Irlanda del Norte con la República de Irlanda y una crisis económica en el país británico.

“La factura a pagar podría ser muy alta”, señaló el académico Dawkins. “Se espera escasez de ciertos productos alimentarios, medicinas. Los camiones con cargas, los barcos, apenas podrán desembarcar algunos productos. Creo que nos avecinamos a un caos que, aunque temporal, podría levantar ronchas y provocar protestas”, alertó.

Presiones

Por otra parte, quienes apoyan la gestión del primer ministro han advertido a Johnson que el país podría enfrentar serias protestas, al estilo de los camioneros chalecos amarillos en Francia, si el Brexit es “frustrado”.

De hecho, el primer ministro ha sido acusado de incitar al “odio” hacia quienes se oponen al Brexit duro en el parlamento británico, cuando les dijo que “deben cumplir para estar adecuadamente seguros”.

Un miembro del gabinete británico, que mantuvo su nombre en anonimato, comunicó al periódico que el Gobierno de Johnson teme “protestas violentas y generalizadas” si el Parlamento acuerda realizar otro referendo, luego de que el 51,9% del electorado votó la salida de la unión Europea hace apenas tres años.

Peor aún si se realiza el segundo referendo y éste anula el resultado del primero. “¿Entonces qué? Habría que hacer un tercer referendo”, reflexionó.

Entretanto, no son pocas las voces que piden la renuncia del primer ministro. Durante su primera alocución en el Parlamento, tras el cierre temporal, Johnson apenas pudo hablar mientras era abucheado por la oposición, que no solo se debe al Partido Laborista, sino también al Liberal y el Escocés regionalista.

En efecto, la líder del Partdo Nacionalista Escocés y primera ministra de Escocia reclamó que la “única manera segura de obtener una prórroga para el Brexit es votar una moción censura” para destituir a Johnson “e instalar a otro primer ministro”, como el líder opositor Jeremy Corbyn.

Mientras tanto, la oposición continúa abogando por una moción de última hora, que llaman “ley de rendición” o “proyecto de ley de humillación”.

La Unión Europea forjó un acuerdo con Gran Bretaña sobre los términos del Brexit, pero el documento fue rechazado en varias ocasiones por el parlamento británico. Johnson quiere renegociar el texto drásticamente o dejar la salida sin acuerdo, lo que, como mencionamos antes, provocaría una peligrosa situación en la frontera de Irlanda del Norte con la República de Irlanda y una crisis económica en el país británico.

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