martes 24  de  febrero 2026
DDHH

Las desapariciones forzadas siguen un patrón de terror

El Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas es este 30 de agosto. El derecho a no ser víctima de este delito internacional se reconoció en 1992
Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

MIAMI. - Las víctimas de las desapariciones forzadas son recordadas este 30 de agosto en su Día Internacional. Naciones Unidas advierte que la desaparición forzada suele emplearse como estrategia para infundir el terror en los ciudadanos.

De esta manera, la sensación de inseguridad que esta práctica genera no se limita a los parientes próximos de la víctima puesto que también incide sobre su comunidad y el conjunto de la sociedad.

“La desaparición forzada se ha convertido en un problema mundial que no afecta únicamente a una región concreta del mundo. Las desapariciones forzadas, que en su día fueron principalmente el producto de las dictaduras militares, pueden perpetrarse hoy día en situaciones complejas de conflicto interno, especialmente como método de represión política de los oponentes”, puntualiza Naciones Unidas.

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Desapariciones Forzadas. Imagen de Naciones Unidas (ONU).

Desapariciones Forzadas. Imagen de Naciones Unidas (ONU).

La organización destaca que el derecho a no ser víctima de una desaparición forzada se reconoció por primera vez en 1992, con la adopción de la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.

Por su parte, Amnistía Internacional expresa que, en los casos de desapariciones forzadas, “las personas desaparecen, literalmente, de entre sus seres queridos y de su comunidad, cuando agentes estatales (o con el consentimiento del Estado) las detienen por la calle o en su casa y después lo niegan o rehúsan decir dónde se encuentran”.

En ese sentido, representa un delito de derecho internacional. De esta manera, los Estados están obligados a hacer rendir cuentas a los responsables a través de la investigación criminal y el procesamiento. Representa un crimen de lesa humanidad cuando se comete como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil.

Por su parte, la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada define este delito como "la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes".

Un patrón

Generalmente, las desapariciones forzadas tienen como destinarios defensores de los derechos humanos, familiares de víctimas, testigos y profesionales del derecho, así como las personas vulnerables, como los niños y las personas con discapacidad.

Además, las desapariciones conllevan la violación de varios derechos humanos como el derecho a la seguridad y la dignidad personal; el derecho a no sufrir tortura ni otras penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes; el derecho a unas condiciones de detención humanas; el derecho a la personalidad jurídica; el derecho a un juicio justo, el derecho a la vida familiar y, cuando la persona desaparecida es asesinada, o se ignora su suerte, el derecho a la vida.

De acuerdo con Amnistía Internacional, “las desapariciones forzadas son un problema grave en muchos países de todas las regiones del mundo: de México a Siria, de Bangladesh a Laos y de Bosnia y Herzegovina a España”.

Algunas cifras dan cuenta de la situación en torno a este delito internacional:

. Desde 2011, en Siria, alrededor de 82.000 personas han sido sometidas a desaparición forzada.

. Sri Lanka, desde finales de la década de los 80, tiene una de las cifras de desapariciones forzadas mayores del mundo: entre 60.000 y 100.000 personas.

. En Argentina, durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983, las fuerzas de seguridad secuestraron a unas 30.000 personas, muchas de ellas continúan en paradero desconocido.

FUENTE: ONU, Amnistía Internacional

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