miércoles 12  de  junio 2024
REPRESIÓN

Las memorias de un exprisionero político en Taiwán

Durante cuatro décadas, la nación asiática estuvo a merced de lo que se conoce como ‘Terror Blanco’, el periodo de represión bajo el régimen del Kuomintang

Por DANIEL CASTROPÉ

TAIPÉI. - Al ingresar al Museo Nacional de Derechos Humanos en Taipéi nos dejamos envolver en una atmósfera de solemnidad y reverencia. El edificio, una antigua instalación carcelaria que ha sido cuidadosamente restaurada, mantiene su estructura austera, permitiendo a los visitantes adentrarse en un pasado sombrío.

Muros de concreto, puertas de acero, pasillos angostos y celdas pequeñas que alguna vez fueron testigos silenciosos del sufrimiento de prisioneros políticos, revelan detalles de las víctimas del llamado ‘Terror Blanco’, un período oscuro en la historia de Taiwán, marcado por la represión política bajo el régimen del Kuomintang (KMT).

La historia de Fred Him-San Chin se entrelaza con la crueldad de esa época que pocos quieren rememorar, un hombre cuya vida refleja la resistencia y el sufrimiento en una era de persecuciones y mucha sangre derramada.

Nacido en Malasia de ascendencia china, Chin llegó a Taiwán en 1967 con sueños de estudiar en la Universidad Nacional Chung Kung en Tainan. Sin embargo, esos anhelos se desmoronaron abruptamente el 3 de marzo de 1971, cuando fue detenido por la policía secreta del KMT y llevado a Taipéi. En ese momento, comenzó su odisea.

Cautiverio atroz

En los confines de la prisión, Chin cuenta que fue torturado hasta confesar un crimen que no había cometido: un atentado con bomba en la biblioteca del Servicio de Información de los Estados Unidos en Taiwán.

Aunque la evidencia nunca pudo vincularlo al atentado, el temor y la obstinación del régimen lo condenaron a una pena de muerte que solo fue evitada por la presión internacional, conmutando su sentencia a doce años de encierro.

Durante su encarcelamiento, Chin pasó poco a poco de la desesperación a la fortaleza, sobreviviendo dos años en el Centro de Detención Jingmei, ocho años en la aislada y temida Isla Verde, y dos años más en el Centro de Educación y Entrenamiento Ren Ai.

Antigua prision en Taiwan by Castrope.png
Antigua prisión en Taipéi, hoy sede del Museo de los Derechos Humanos

Antigua prisión en Taipéi, hoy sede del Museo de los Derechos Humanos

“Quise suicidarme tres o cuatro veces; me torturaban con varitas largas de bambú que me metían entre la uña y la carne del dedo”, recordó frente a un grupo de periodistas de Latinoamérica y Estados Unidos de visita en Taiwán. También era golpeado, obligado a beber su propia sangre cuando sufría una herida y colgado boca abajo mientras le echaban agua salada en la boca.

En prisión, tuvo la suerte de encargarse del cuidado de un perro callejero, al que consideraba su único amigo verdadero y un rayo de felicidad en una existencia que, de otro modo, hubiera carecido de sentido en ese momento. Tanto él como los demás prisioneros con los que compartía cautiverio fueron tratados sin “ninguna dignidad”, según su crudo relato.

Solo hablaba inglés, la segunda lengua de Malasia. Con el paso del tiempo, aprendió tanto mandarín como taiwanés, además de diversas habilidades esenciales para sobrevivir en su entorno, hasta que finalmente su condena llegó a su fin en 1983.

Sin embargo, al ser liberado, Chin se enfrentó a una nueva forma de prisión: la de un hombre sin nación, sin hogar y sin identidad. Denegado de un pasaporte o una tarjeta de identificación, y sin posibilidad de ser deportado a Malasia, su libertad era un espejismo.

A pesar de las constantes persecuciones del KMT, que seguía vigilando y hostigándolo a cada paso que daba, logró reconstruir su vida, encontrando finalmente el amor y la estabilidad en Taiwán. La vida de Chin tomó un giro inesperado cuando conoció a una mujer taiwanesa, cuya compañía se transformó en un matrimonio y la formación de una familia.

Este nuevo capítulo le ofreció un refugio emocional y una razón para seguir adelante. En 2009, comenzó a compartir su dolorosa historia, convirtiéndose en un testigo vital para la justicia transicional en su país, hoy en plena democracia.

A través de sus relatos, el pasado oscuro del ‘Terror Blanco’ adquirió voz y rostro, creando conciencia y promoviendo la reconciliación. Chin no solo sobrevivió a las atrocidades de un régimen opresivo, sino que también transformó su experiencia en una fuerza para el cambio.

Tiempos convulsos

El ‘Terror Blanco’ en Taiwán comenzó tras la masacre del 28 de febrero de 1947, conocida como el Incidente 228, cuando el gobierno del KMT respondió con violencia a una protesta civil. El término ‘Blanco’ se utiliza en contraste con el ‘Terror Rojo’ de los regímenes comunistas, reflejando así el carácter anticomunista del KMT.

El gobierno taiwanés estima que entre 18.000 y 28.000 murieron durante el levantamiento, mientras que otros 10.000 fallecieron en las cuatro décadas siguientes.

El régimen nacionalista de entonces instauró una ley marcial que utilizaba la represión y el miedo para mantener su control sobre la isla. Durante este tiempo, cualquier sospecha de oposición al gobierno podía resultar en arrestos arbitrarios, torturas, ejecuciones y largas condenas de prisión.

Miles de personas, como Chin, incluidos intelectuales, estudiantes y ciudadanos comunes, fueron acusadas de ser comunistas o simpatizantes de la izquierda, a menudo sin pruebas sustanciales. “El juez se me acercó y me dijo al oído que tenía que condenarme o su vida corría peligro”, comentó el expreso político.

celda en antigua prision en taiwan by Castrope.png
Celda para presos políticos en la época de la ley marcial en Taiwán

Celda para presos políticos en la época de la ley marcial en Taiwán

Los establecimientos penitenciarios de la isla, como el Centro de Detención de Jingmei y la Prisión de la Isla Verde, se llenaron de prisioneros políticos que sufrían condiciones inhumanas y torturas. Estas instalaciones se convirtieron en símbolos de la brutalidad de la dictadura, donde el simple hecho de expresar una opinión contraria al gobierno podía llevar a una persona a años de sufrimiento y aislamiento.

El impacto del ‘Terror Blanco’ no solo se limitó a los individuos detenidos, sino que también afectó profundamente a sus familias y comunidades. El miedo y la desconfianza se propagaron, creando un ambiente en el que la libertad de expresión y la disidencia eran prácticamente inexistentes.

Chin fue una de las cerca de 200.000 personas encarceladas durante cuatro décadas de represión.

Con el fin de la ley marcial en 1987 y las reformas democráticas que siguieron, Taiwán comenzó a enfrentar su pasado oscuro. La apertura de archivos y testimonios de víctimas permitió que la verdad sobre el ‘Terror Blanco’ saliera a la luz, fomentando un proceso de justicia transicional y reconciliación.

Aunque el camino hacia la sanación ha sido largo y complejo, el reconocimiento de los abusos y el homenaje a las víctimas son pasos cruciales hacia una sociedad más justa y libre.

Ahora, a sus 75 años, Chin dedica su tiempo como voluntario para educar al público sobre sus experiencias. ¿Por qué lo hace? Para enfrentar y sanar su propio trauma, y para asegurarse de que horrores como los que vivió no se repitan jamás.

[email protected]

@danielcastrope

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar