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HONG KONG.- La policía antimotines se enfrentó a los manifestantes a favor de la democracia el martes por la noche en el aeropuerto de Hong Kong, trasladándose a la terminal donde decenas de personas habían interrumpido las operaciones comerciales por segundo día consecutivo.

Armados con gas lacrimógeno y garrotes, los agentes de policía confrontaron a los manifestantes que utilizaron los carritos de equipaje para bloquear las entradas a la terminal del aeropuerto.

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Las autoridades subieron a varias personas a una camioneta de la policía que estaba en la entrada del pasillo de llegadas del aeropuerto.

Los agentes dijeron que trataron de ayudar a los socorristas a llegar hasta el sitio donde estaba un hombre lesionado a quien los manifestantes habían detenido bajo sospecha de que era un agente encubierto.

Los manifestantes también detuvieron a un segundo hombre por la misma sospecha. Luego de vaciar sus pertenencias, encontraron una camiseta azul que había sido usada por los partidarios de Beijing, y dijeron que era la prueba de que se trataba de un espía.

Horas antes, las autoridades se vieron obligadas a cancelar todos los vuelos debido a que el líder del movimiento a favor de Beijing advirtió que los manifestantes habían llevado la situación a “un camino sin retorno”.

Luego de un breve periodo durante la mañana del martes cuando los aviones pudieron despegar y aterrizar, las autoridades aeroportuarias suspendieron los servicios de documentación para los vuelos que salían a partir de las 16:30 horas. Los vuelos que habían completado el proceso para despegar continuarían operando.

Las autoridades aeroportuarias dijeron que no pronosticaban que los vuelos que llegaran a la ciudad se vieran afectados, aunque decenas fueron cancelados. Avisaron a la gente que no acudiera al aeropuerto, que es uno de los más transitados del mundo.

Más de 200 vuelos fueron cancelados el lunes, el aeropuerto fue cerrado y ningún avión despegó ni aterrizó. Los pasajeros se vieron forzados a quedarse en la ciudad mientras las aerolíneas batallan para encontrar la forma de llevarlos a sus destinos.

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Personal de seguridad del aeropuerto de Hong Kong hace guardia mientras viajeros pasan junto a manifestantes durante una sentada en la terminal de salidas, en Hong Kong, el 13 de agosto de 2019.
Personal de seguridad del aeropuerto de Hong Kong hace guardia mientras viajeros pasan junto a manifestantes durante una sentada en la terminal de salidas, en Hong Kong, el 13 de agosto de 2019.

Jornada de protesta y cierre del aeropuerto

Horas antes, los manifestantes habían impedido las operaciones del aeropuerto internacional de Hong Kong por segundo día el martes, obligando a las autoridades a cancelar todos los vuelos restantes desde el territorio semiautónomo chino luego de que los disconformes tomaron las terminales como parte de su campaña de presión para lograr reformas democráticas.

Tras un breve respiro a primera hora del martes durante el que pudieron despegar y aterrizar varios aviones, la autoridad aeroportuaria anunció que el servicio de facturación quedaba suspendido a las 16:30 horas. Otros vuelos que habían completado el proceso saldrían con normalidad.

No se esperaban problemas en las llegadas, aunque docenas de vuelos con destino Hong Kong ya habían sido cancelados, agregó la autoridad, que aconsejó a la población que no acuda al aeródromo, uno de los centros de conexiones más transitados del mundo.

El lunes se cancelaron más de 200 vuelos y el aeropuerto estuvo cerrado de facto, sin vuelos entrantes ni salientes. Los pasajeros afectados se vieron obligados a buscar alojamiento en la ciudad mientras las compañías tenían problemas para buscar otras formas de llevarlos a destino.

Las protestas en el aeropuerto y la suspensión de vuelos suponen una escalada en las protestas que comenzaron en junio por lo que muchos residentes de Hong Kong ven como una creciente erosión de las libertades que prometidas en 1997, cuando la China continental, gobernada por el Partido Comunista, asumió el control de la excolonia británica.

El gobierno central de Beijing presentó al movimiento de protesta como próximo al “terrorismo” y dijo que supuso una “amenaza existencial” a para los ciudadanos locales.

Mientras, la policía paramilitar se congregó en la ciudad de Shenzhen, al otro lado de la frontera, para realizar maniobras en lo que algunos vieron como una amenaza de aumentar el uso de la fuerza contra los manifestantes, en su mayoría jóvenes, que en las últimas 10 semanas han llegado a ser miles.

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La jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, dijo que la inestabilidad, el caos y la violencia han dejado a la ciudad en un "punto de no retorno".

Los disconformes no han dado señales de abandonar su campaña para obligar al gobierno de Lam a responder a sus demandas, que incluyen su renuncia y que retire por completo una ley que podría enviar a supuestos delincuentes a la China continental para enfrentar torturas y juicios injustos o con motivaciones políticas.

Durante la noche no se registraron actos violentos, aunque la ciudad está en tensión luego de confrontaciones casi diarias, y cada vez más sangrientas, entre manifestantes y policías.

Aunque Beijing tiende a definir el concepto de terrorismo de forma vaga, aplicándolo especialmente a movimientos antigubernamentales no violentos en regiones minoritarias como Tíbet y Xinjiang, el uso del término en relación con Hong Kong planteó la posibilidad de que se intensifique la violencia y la posible suspensión de los derechos legales de los detenidos.

En los últimos días, los manifestantes han centrado sus demandas en una investigación independiente sobre lo que consideran abuso de poder y negligencia por parte de la policía. Esto sigue a los reportes y los videos que circulan con supuestas detenciones violentas y lesiones a los disconformes.

Algunos de los manifestantes arrojaron ladrillos, huevos y objetos en llamas a comisarías, y la Policía dijo que detuvo a 149 personas más durante el fin de semana, elevando la cifra total de arrestados a más de 700 desde principios de junio. Varios agentes sufrieron quemaduras, golpes y daños en los ojos provocados por los manifestantes, según las autoridades.

Lam dijo a reporteros el martes que el diálogo solo comenzará cuando cese la violencia. La mandataria reiteró su apoyo a la policía y dijo que tenían que tomar decisiones rápidas en circunstancias difíciles y utilizando “el menor nivel de fuerza”.

"Luego de que la violencia haya terminado y la caótica situación que estemos viendo pueda remitir, yo, como jefa ejecutiva seré la responsable de reconstruir la economía de Hong Kong (...) para ayudar a Hong Kong a avanzar”, declaró Lam, que no concretó los pasos que dará su gobierno hacia la reconciliación.

FUENTE: AP/YANAN WANG y KATIE TAM

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