ROMA.— La cooperación entre Taiwán, la Santa Sede y distintas organizaciones católicas ha beneficiado a más de 50.000 personas en Europa, Oriente Medio y África mediante proyectos educativos, sanitarios y humanitarios desarrollados durante el último año.
Los resultados fueron presentados durante la recepción organizada por la Embajada de la República de China (Taiwán) ante la Santa Sede para celebrar la 115.ª Fiesta Nacional taiwanesa. El encuentro, realizado en el Auditorium Conciliazione de Roma, reunió a más de 200 invitados, entre ellos cardenales, representantes de la Curia romana, religiosos, diplomáticos, miembros de la comunidad taiwanesa y periodistas.
El cardenal Fabio Baggio, proprefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, impartió una bendición a los presentes, a sus familias y al pueblo taiwanés.
“Que el Señor los bendiga a todos. Que el Señor los bendiga a ustedes, a sus familias y a todo el pueblo de Taiwán”, expresó el purpurado.
Baggio manifestó su deseo de que las ciudades del mundo se conviertan en espacios de fraternidad y paz. También recordó las palabras pronunciadas por el papa Francisco mientras sobrevolaba Taiwán: “Les aseguro mis oraciones por todo el pueblo de Taiwán e invoco abundantes bendiciones divinas de paz”.
El cardenal destacó además el trabajo realizado para que la colaboración entre Taiwán, la Santa Sede y las Iglesias locales sea “muy concreta y muy eficaz”. En la recepción también participaron los cardenales Giovanni Battista Re y Rolandas Makrickas.
Cuatro siglos de encuentro
El embajador taiwanés ante la Santa Sede, Anthony C. Y. Ho, subrayó el significado histórico que tiene 2026 para Taiwán y la Iglesia católica. Según recordó, en 1626 fue terminada la basílica de San Pedro y, ese mismo año, los misioneros dominicos llegaron a la isla asiática.
Aquella presencia abrió un nuevo capítulo en el encuentro entre el Evangelio y la sociedad taiwanesa. Durante los siguientes cuatro siglos, la Iglesia católica contribuyó al desarrollo de la educación, la atención sanitaria, los servicios sociales y la asistencia a las personas más vulnerables.
“Durante los últimos cuatrocientos años, la Iglesia católica ha sido un socio de confianza para el pueblo de Taiwán, ha realizado profundas contribuciones a nuestra sociedad y ha cuidado de los más necesitados”, afirmó Ho.
El diplomático sostuvo que Taiwán también se ha convertido en un colaborador de la Santa Sede y de la Iglesia católica en Asia y otras regiones del mundo.
“Arraigada en nuestro compromiso compartido con la libertad, la paz, la justicia, la verdad y los derechos humanos, esta colaboración continúa inspirándonos a defender la dignidad humana y a trabajar juntos por la paz y el amor en el mundo”, señaló.
De la esperanza a la acción
La estrategia de cooperación presentada durante el acto se articula en torno al acrónimo inglés H.O.P.E.: Humanity —humanidad—, Opportunity —oportunidad—, Partnership —colaboración— y Encounter —encuentro—.
El concepto fue adoptado por la Embajada en 2025, durante el Jubileo de la Esperanza, como marco para orientar sus iniciativas junto con la Santa Sede, la Iglesia católica y numerosas organizaciones de inspiración cristiana.
Los proyectos se han concentrado en cinco áreas: educación y capacitación tecnológica, promoción de la salud, lucha contra la pobreza, atención a niños y jóvenes, y empoderamiento de las mujeres.
“Más de 50.000 personas se han beneficiado de estas iniciativas”, informó el embajador.
La cooperación no se ha limitado a las organizaciones católicas italianas, sino que se ha extendido a otros países europeos y a comunidades de Oriente Medio y África.
Tecnología con responsabilidad
Ho también abordó las actuales transformaciones políticas, económicas y tecnológicas. Aseguró que Taiwán mantiene su compromiso con “la paz, la estabilidad y la democracia”, mientras promueve la innovación económica y tecnológica.
El embajador relacionó este compromiso con los desafíos éticos derivados del desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y con los llamados a garantizar que la tecnología permanezca al servicio de la persona.
“Taiwán y la Santa Sede no solo comparten valores, sino que también pueden convertirse en socios para construir un futuro común: tendiendo puentes entre la tecnología y la ética, creando oportunidades mediante la innovación y sirviendo a la humanidad a través de la solidaridad”, declaró.
Durante la recepción se proyectó un video sobre los resultados de los proyectos de cooperación, acompañado por mensajes enviados por organizaciones africanas. También fueron expuestas obras del artista taiwanés Hsieh Sheng-Min, en las que la fe católica dialoga con elementos de la cultura tradicional de la isla.
Al concluir, Ho retomó el juego de palabras en inglés entre Rome y Home para expresar su deseo de que Roma sea un hogar “donde crezca la amistad, florezca la solidaridad y el amor brille en todo el mundo”.