Columnista
El infierno
Miami.- Hace diez años vine a Disneyworld, Orlando, con mis hijas mayores. Vinimos los tres solos. Fue un viaje muy feliz, extraordinariamente feliz. Habíamos venido antes con su madre, pero yo la había pasado mal porque la señora era estricta y mandona y obligaba a las niñas a subirse a juegos que no querían y exigía que fuéramos felices en unos grados de éxtasis que no nos fluían.
Por
JAIME BAYLY