La proyección más reciente sitúa la llegada de los empleados en el verano de 2028. Aún no existe una fecha oficial de inauguración.
Una factura que creció
La dimensión económica del proyecto también ha cambiado. En 2019 se hablaba de 150 millones de dólares. En septiembre de 2023, la Comisión aprobó una base de 250 millones y luego consideró elevar hasta 285 millones la emisión de bonos para construcción, equipamiento y obras relacionadas.
La cifra más reciente divulgada por funcionarios municipales coloca el costo proyectado en 350 millones de dólares, financiado con bonos, recursos públicos y dinero procedente del Miami Riverside Center.
Ese total no debe confundirse con el permiso de construcción por 193 millones de dólares expedido el 1 de julio. El valor del permiso corresponde a la obra declarada ante el sistema regulatorio, no necesariamente a todos los gastos de desarrollo, financiamiento, mobiliario, tecnología y traslado.
El nuevo complejo reemplazará, en primer lugar, al Miami Riverside Center, ubicado en el 444 de la Segunda Avenida del suroeste, donde trabajan actualmente la mayoría de las dependencias administrativas municipales. Ese edificio fue considerado “funcionalmente obsoleto” en 2015.
El futuro del Riverside Center parece encaminado hacia un proyecto residencial de uso mixto frente al río Miami. A lo largo de los años han circulado conceptos que incluyen torres, restaurantes, espacios públicos y una ampliación del paseo ribereño, aunque no existe todavía una versión definitiva para toda la parcela.
La nueva sede también contará con espacios para trasladar las oficinas del alcalde, los cinco comisionados y otros funcionarios que hoy trabajan en el histórico Ayuntamiento de Dinner Key, en Coconut Grove. Con ello, Miami busca concentrar en un solo lugar las funciones administrativas y políticas del gobierno municipal, que hasta ahora operan desde dos edificios separados.
Las cifras de superficie publicadas no coinciden plenamente. La Ciudad habla de 257.000 pies cuadrados de oficinas y un garaje para 900 vehículos. Arquitectónica describe un complejo de 748.975 pies cuadrados: 436.345 para oficinas y 312.630 para un estacionamiento de 11 niveles con 889 espacios, 179 preparados para vehículos eléctricos.
No se ha divulgado una explicación que concilie ambos cálculos, posiblemente basados en área utilizable y área bruta, según expertos.
El inmueble recibirá a unos 1.200 empleados. Los planes colocan en la planta baja varias dependencias de atención al público e incorporan un atrio central, espacios para la Comisión y despachos de funcionarios electos.
Un puente peatonal de 1.450 pies lo conectará con el centro intermodal próximo al aeropuerto, aunque esa obra, respaldada por 20 millones de dólares federales, no estaría terminada hasta 2029.
Construcción de nueva sede de la alcaldía de Miami
D. CASTROPÉ
“Estructura sagrada”
Para Tomás Regalado, actual tasador de propiedades de Miami-Dade y alcalde de Miami entre 2009 y 2017, el debate decisivo no consiste solo en determinar quién ocupará el nuevo edificio, sino en impedir que la salida del gobierno despoje a Dinner Key de su carácter público e histórico.
Regalado habló con DIARIO LAS AMÉRICAS desde su doble experiencia como antiguo jefe municipal y funcionario conocedor del valor inmobiliario del litoral miamense.
“Lo que debería y lo que tiene que pasar es que se conserve como una estructura histórica, una estructura sagrada para la ciudad de Miami”, no dudó en afirmar Regalado.
“La tierra tiene un valor extraordinario, pero más extraordinario es el recuerdo histórico que tienen esas paredes, donde se legislaron las leyes más importantes que han tocado la vida de los residentes de Miami por más de 70 años”, agregó.
La advertencia adquiere relevancia por la ubicación del inmueble: una propiedad pública frente a la bahía de Biscayne, rodeada de estacionamientos y próxima a marinas, restaurantes y desarrollos urbanísticos de alto valor comercial.
Regalado sumó que considera previsible la existencia de intereses privados, pero sostuvo que cualquier cambio dependerá de una decisión política.
“Eso es una decisión netamente política: una decisión de la alcaldesa y una decisión de la Comisión”, señaló.
Luego elevó el tono ante una eventual comercialización: “Si se trata de comercializar ese edificio, si se trata siquiera de intentar colocar ahí un restaurante, yo me opondría ante la Comisión y hablándole a la prensa, porque tenemos que respetar la historia de Miami”.
“Miami tiene muy poca historia y este edificio es parte de la historia de Miami”, recalcó, al tiempo que remarcó que él mismo asistiría con quienes quieran acompañarlo a la Comisión local para reclamar la protección de esa instalación.
Tomás Regalado, exalcalde de Miami y actual tasador de propiedades de Miami-Dade.
CARLOS ARMANDO CABRERA - DLA
Terminal aérea
Dinner Key fue la base de las operaciones de Pan American Airways. El primer vuelo desde el lugar hacia Panamá salió en diciembre de 1930 y los hidroaviones establecieron conexiones cruciales con América Latina y el Caribe.
La terminal contaba con oficinas de inmigración, aduanas, salud pública, correo y venta de boletos, además de un enorme globo giratorio. Miami compró 39 acres del conjunto en 1946 y adaptó el edificio como Ayuntamiento en 1954.
Su valor simbólico explica la inquietud de residentes y organizaciones de Coconut Grove. Hasta junio, la administración municipal sostenía que no existía un plan definido para vender, alquilar o reutilizar la propiedad.
Por su parte, el comisionado del distrito 2, Damian Pardo, ha cuestionado que el traslado de las funciones legislativas sea irreversible. Según sus palabras, él preferiría conservar en Dinner Key las oficinas de los comisionados, las sesiones públicas y parte de la actividad institucional.
En abril, el legislador calificó de “prematuros” los informes que daban la mudanza por concluida y defendió que el inmueble permanezca protegido, con acceso público y posiblemente bajo una organización sin fines de lucro.
Entre las alternativas discutidas figuran un museo dedicado a la aviación y a la historia de Miami, un centro de visitantes vinculado al Parque Nacional Biscayne, espacios culturales o la incorporación del terreno a una franja de parques públicos.
En ese contexto, Regalado aseguró que estima viable un museo, pero advirtió que requeriría un “modelo financiero realista”.
“Yo estoy de acuerdo, pero al mismo tiempo hay que buscar los detalles de cómo un museo puede funcionar, cuáles serían las finanzas de ese museo y qué llevaría ese museo”, dijo. A su juicio, el contenido debería abarcar la historia general de la ciudad.
“La idea del museo cuesta dinero y el argumento va a ser: ‘no hay dinero’. Pero lo que no podemos aceptar es que se nos diga: ‘la historia no importa’”, dijo en tono enérgico.
Decisión aún pendiente
Regalado dijo que no conoce una propuesta concreta lista para ejecutarse, aunque considera inevitable el interés empresarial.
“No sé qué tipo de proyecto están pensando en este momento. Lo que sí sé es que estoy seguro de que ya hay personas interesadas en una aventura comercial, que deben estar dándole vueltas a ese legado de la historia de la ciudad de Miami”, manifestó.
La alcaldesa Eileen Higgins, quien participó en el acto que marcó la culminación estructural de la nueva sede, no ha presentado un plan público para Dinner Key.
El proyecto fue heredado de administraciones anteriores y su avance físico reduciría la posibilidad de frenar la mudanza administrativa, pero no resuelve si la Comisión también abandonará Coconut Grove ni quién ocuparía el edificio histórico.
En consecuencia, la Ciudad deberá decidir antes de 2028 si preserva Dinner Key como sede parcial del gobierno, lo transforma en museo o espacio cultural, o abre la puerta a una explotación comercial.
Para Regalado, el punto de partida es innegociable: “el valor del terreno no puede imponerse sobre el significado de la propiedad”.
La nueva sede ofrece a Miami la posibilidad de modernizar su administración y concentrar servicios hoy dispersos. Dinner Key, en cambio, encarna una parte irremplazable de la memoria de la ciudad y de su relación histórica con la bahía.
El desafío no será solo completar la mudanza, sino garantizar que la modernización del gobierno no termine convirtiéndose en la pérdida de uno de sus símbolos más valiosos.