miércoles 15  de  julio 2026

Adiós a los nombres de animales

No quiero que nadie se atreva jamás a llamarme por ningún nombre de animal. Y mucho menos por el de "jicotea”

Qué desgracia he tenido con los hombres que he conocido. Todos han elegido nombres de animales para nombrarme.
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Estando en la escuela primaria, un chico que decía estar enamorado de mí, me llamó: u201cconejita u201d. Según él, porque tenía los dientes grandes. Más que un enamorado, yo lo llegue a ver como mi peor enemigo. n

En la secundaria me tocó compartir la mesa con Yadier. Nos hicimos amigos. Un día le conté sobre el mal sabor que me había dejado el apodo de la primaria. Él me preguntó: u00bfen tu casa hay chivos? Sí, mi abuela tiene una cría de chivos, u00bfpor qué? Porque tú no eres una conejita, más bien yo te llamaría chivita. Jamás le volví hablar. n

Estando en noveno grado me fui de vacaciones para la Salina. Esa playa está en el municipio de San Luis, que pertenece a la provincia Pinar del Río, en Cuba. Mis abuelos tenían allí una casa, y solíamos ir siempre los dos meses más calurosos del año, julio y agosto. Una mañana de julio me cruce con un muchacho precioso. Era 10 años mayor que yo. Recuerdo muy bien que se llamaba: Braily. Tuvimos conversaciones interesantes. Compartimos besos y atardeceres alucinantes. Una noche antes de que ese verano de ensueño terminara, me dijo al oído: Nunca te olvidaré flaquita. Eres la lombriz más linda del mundo. Esa fue la primera vez, que le pegué una bofetada a alguien. Luego maté a todas las lombrices con las que me encontré. n

Mi primer novio me llamaba ranita. Dice que porque tenía ojos grandes, y pocos glúteos. Era alto, comprensivo, romántico, y además famoso. Sus cuadros eran los mejores de todo el país. Detestaba que me llamara ranita, pero digamos que ya me estaba acostumbrando a la desdicha de los símiles. Su absoluta dedicación por sus cuadros y su empecinado afán de asegurarme como ranita, hicieron que la relación no llegara a los dos años. n

Me relacioné con otros amigos, y pretendientes y siempre era lo mismo. u201cOjitos de tigre u201d, u201ctiñosa u201d, u201cmona u201d, u201clechuza u201d, u201chormiga u201d, u201ccotorra u201d, u201cavispa u201d, u201cponi u201d. En ocasiones lo que tuve fue ganas de convertirme en un 'águila para sacarle a todos los ojos por insensibles y falta de imaginación.
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Si mi destino era que siempre me comparan con un animal, por qué no se les ocurría decirme: paloma, mariposa, sinsonte o unicornio.
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Pero el colmo de los colmos fue cuando me llamaron: u201cjicotea u201d. Ahí sí que se partió el bate, como decimos los cubanos. Aborrecí todos los nombres anteriores de animales con los que pretendieron encasillarme. Pero ponerme jicotea, ese sí, que ya no lo podía soportar. u00a1Qué feas las considero! Son para mí el bicho más horroroso de todo el reino animal. n

Es que, acaso, u00bfes tan imposible hallar a un hombre que finalmente me llame: muñeca, princesa, ángel, nené, titi, baby? u00bfSerá que nunca llegaré a ser un u201cmi amor u201d de alguien, un mi vida, un mi corazón, un mi niña, un mi gorda bella?
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La mayoría de las mujeres soñamos con esas expresiones dulces de cariño. Y ni hablar de las maneras en que nos gusta que nos presenten.

Yo, por ejemplo, no soporto cuando me presentan como u201cmi señora u201d. Me suena como que están presentándome como una anciana de 90 años. Tampoco soporto que me presenten como u201cmi noviecita u201d, porque ese diminutivo me da la impresión de algo pasajero, insignificante. Y ni pesar que me vayan a presentar como u201cjevita u201d. Eso es una chabacanería total, típica de los habaneros, a la que no podría acostumbrarme jamás. No me gusta que me presenten como esposa, cuando ni siquiera me han regalado un anillo de compromiso, ni han hablado del tema con seriedad. No me gusta que me llamen amiga, cuando nos hemos visto desnudos, hemos dormido en cientos de hoteles y hemos hecho el amor infinidades de veces. n

Sin embargo, siento un orgullo inexplicable, una rara, pero encantadora sensación cuando un hombre me presenta como su mujer. Es una manera maravillosa de demostrar pertenecía, al menos para mí.
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Pero ese es otro tema, y me parece que me he desviado de la historia inicial, que era la mala suerte que he tenido con los hombres que siempre me han llamado, por nombres de animales.
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Quisiera pedirles perdón a todos esos animalitos con los que me han comparado. Los odié a todos demasiado por algún tiempo. Al final ustedes son más nobles y mejores que todos los hombres que he conocido en mi vida. n

Ahora estoy firme en mi determinación. No quiero que nadie se atreva jamás a llamarme por ningún nombre de animal. Y mucho menos por el de"jicotea u201d. n

Me gusta mi nombre. Es un nombre de reina. Si nadie quiere llamarme"amor", por favor díganme tan solo Elizabeth.

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