Rambo”, el yorkshire, 8” de alto x 10” de longitud y cuatro libras de peso, repitió el marcaje de territorio después de liberar intestinos. Los ruegos de su cuidadora, fueron inútiles: Que si los paños de césped artificial, colocados por la Alcaldía de Miami, en las aceras de Brickell Avenue, ascendían a esa hora a 200 ˚F; que si sus patas delanteras y sobre todo las traseras, con las que, después del rito, rascaba la superficie –cual miura antes de embestir- volvían a presentar quemaduras en 2º grado, ella, es decir, la cuidadora, iba a perder el empleo.

Imposible convencerlo. Era su manera de protestar por la medida adoptada por la municipalidad. Además de convertirse en verdaderas estufas, cuando el Sol apretaba, los “pegostes” –como los llamaba- ya comenzaban a apestar. Todos los congéneres, vecinos de “Rambo”, habían respondido a su llamado de desobediencia civil y pacífica. A lo Ghandi o H.D. Thoreau. La orden era terminante. Hacer “lo mayor” y “lo menor” sobre las áreas en disputa. Hedían por más que los dueños de las mascotas (“Rambo” se enfurece cuando lo llaman así) intentasen lavarlas con biocidas, bicarbonato y detergente, inmediatamente, después de los bombardeos de sus “compañeros-perro” (“Rambo” y sus levantiscos exigen ser denominados, así).

¿Y nadie alertó a la Alcaldía que, aparte de lo anterior, el césped artificial se ha asociado con un mayor riesgo de infecciones por Staphylococcus aureus, resistentes a la meticilina, SARM? Una infección SARM puede ocurrir después de cualquier raspadura o corte de piel, en contacto con las áreas contaminadas. Los biocidas, además, pueden tener sus propios efectos tóxicos. También, contribuyen a aumentar la resistencia de las bacterias a la eficacia de los agentes que las combaten.

- ¡Nos importa un bledo! Seguiremos protestando a nuestra manera y ganaremos la batalla –alardean los animalitos- demandaremos a la ciudad por daños y perjuicios y después nos vamos a ocupar de los ciclistas y los conductores de patinetas eléctricas, que creen que las aceras de Brickell Avenue, son las pistas de carrera de Daytona.

Escribía Walt Whitman “La hierba es en sí misma un niño... es el bebé producido por la vegetación”.

Uno creía que las áreas verdes y las aceras, eran para que las ciudades respiraran. Para que se hicieran menos hostiles y más vivibles. Pero he aquí, que hay quienes piensan lo contrario. Para ellos, basta con pintar de verde un paño de polietileno. Después colorearán el asfalto y a cambio, eliminarán algún jardín botánico.

El desprecio por todo ser viviente, que conduce al asesinato de los bebés de la vegetación, es el mismo que atropella en las relaciones de pareja, en el trato con los niños, en la manera de considerar al adversario político. Pero las compañeras, los menorcitos, los disidentes y hasta los perros tienen sus propios puntos de vista. La forma de ventilarlos no es, como ocurrió en este caso particular ejecutar una medida sin consultarla con los afectados, incluidos los congéneres de “Rambo”.

Hay procedimientos democráticos para todo. Lo demás es fascismo canino, hidrofóbico y garrapatoso.

@omarestacio

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