MIAMI. – La admisión pública de Miguel Díaz-Canel de que existen contactos entre La Habana y Washington rompe meses de negaciones oficiales secretas y vuelve a colocar bajo escrutinio las dinámicas que operan dentro de la cúpula gobernante cubana.
El experto sostiene que las declaraciones de Miguel Díaz-Canel responden a tensiones dentro de la estructura de poder en Cuba y no a una transformación real de la estrategia política del régimen frente a Estados Unidos.
MIAMI. – La admisión pública de Miguel Díaz-Canel de que existen contactos entre La Habana y Washington rompe meses de negaciones oficiales secretas y vuelve a colocar bajo escrutinio las dinámicas que operan dentro de la cúpula gobernante cubana.
Durante meses, las autoridades cubanas rechazaron la existencia de cualquier tipo de negociación con la administración estadounidense. Incluso los medios estatales replicaron esa versión de manera reiterada. Sin embargo, las recientes declaraciones del mandatario contradicen ese discurso y reabren interrogantes sobre las tensiones internas dentro del liderazgo político y sobre las verdaderas motivaciones detrás de esta admisión.
El giro discursivo también deja en entredicho la narrativa sostenida durante semanas por los medios oficiales, cuyos voceros descalificaron cualquier referencia a contactos con la Casa Blanca y defendieron la versión gubernamental sin admitir la posibilidad de conversaciones discretas.
El episodio vuelve a poner en evidencia las profundas limitaciones del sistema informativo cubano, donde la prensa continúa subordinada al poder político y donde el acceso a información independiente sigue siendo severamente restringido. En ese contexto, ejercer el periodismo libre sigue siendo una tarea prácticamente imposible dentro del país.
Las declaraciones de Díaz-Canel se producen además en medio de una de las etapas más complejas para la nación en décadas. La economía atraviesa una crisis prolongada, los apagones se extienden durante horas en gran parte del territorio, la escasez de alimentos y medicamentos se ha agudizado y el éxodo migratorio alcanza cifras históricas.
A ese escenario se suman manifestaciones de descontento registradas en los últimos días en distintas localidades del país, motivadas en gran medida por los prolongados cortes eléctricos y el deterioro de las condiciones de vida. Videos difundidos en redes sociales muestran a ciudadanos que han salido a las calles para protestar por los apagones y exigir respuestas a las autoridades.
Uno de los episodios más tensos se reportó la noche del viernes en Morón, municipio de la provincia de Ciego de Ávila, donde cientos de residentes se concentraron en áreas cercanas a instalaciones del Partido Comunista de Cuba (PCC). En las imágenes que circularon en internet se observa a manifestantes increpando a las autoridades y quemando carteles y propaganda política en las afueras del lugar, en un gesto de abierto desafío al aparato político de la dictadura comunista.
Los hechos reflejan el creciente nivel de frustración social que se vive actualmente en el país, donde los apagones prolongados y la crisis económica continúan alimentando un clima de inconformidad que, de manera cada vez más visible, comienza a expresarse en espacios públicos.
Durante su intervención del viernes, Díaz-Canel confirmó que “existen contactos con el gobierno de los Estados Unidos”, aunque insistió en que cualquier avance dependería de cambios en la política de Washington hacia La Habana.
En esa misma línea, reiteró la postura tradicional del régimen al afirmar que “mientras se mantenga el bloqueo económico será muy difícil avanzar en cualquier proceso de diálogo o entendimiento entre ambos países”.
El mandatario también anunció la liberación de 51 personas que cumplen sanciones en centros penitenciarios, una decisión que presentó como un gesto asociado al actual clima de conversaciones.
Uno de los elementos que más llamó la atención durante la alocución fue la presencia en la sala de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro. Su aparición en ese escenario no pasó desapercibida para observadores del tema cubano.
Rodríguez Castro no ocupa cargos políticos dentro de la estructura del Estado ni forma parte de las instituciones formales del poder. Su rol público más conocido ha sido el de escolta cercano de su abuelo. Sin embargo, en distintos momentos su nombre ha aparecido vinculado a dinámicas internas del entorno familiar del poder en Cuba.
Su presencia en un acto de esta naturaleza, en el que se abordó un tema tan delicado como los contactos con Washington, ha despertado interrogantes entre analistas y observadores sobre el papel que podría estar desempeñando dentro de los canales informales que rodean al círculo más cercano del liderazgo histórico.
En ese contexto, cualquier señal relacionada con posibles contactos o negociaciones adquiere un peso político significativo, tanto dentro del país como entre la amplia comunidad cubana en el exilio.
Para analizar el alcance de estas declaraciones y sus posibles implicaciones políticas, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con el analista Andy Gómez, quien ofrece su visión sobre las dinámicas internas del poder en La Habana y las perspectivas de una eventual negociación con la Casa Blanca.
Durante meses el régimen de La Habana negó cualquier tipo de negociación con Washington. ¿Qué lectura política tiene que ahora Miguel Díaz-Canel admita públicamente este diálogo?
“Tú sabes que esto me recuerda a las negociaciones con Obama. Dentro de la cúpula del poder había diferentes opiniones: unos querían echarlo para adelante y otros echarlo para atrás. Y esto es lo que me da a entender a mí que, otra vez, dentro de la cúpula del poder hay personas que estaban dispuestas a hablar con los Estados Unidos y hay otras que temen perder el control político. En este caso, por el lado de México lo mandó Raúl Alejandro y, por el lado de Estados Unidos, como mensajero a Raulito.
Pero ellos siempre han tratado de proteger ese tipo de conversaciones precisamente por eso mismo: primero, por no perder el control político y, segundo, porque hay diferentes opiniones dentro de esa cúpula. Eso mismo me lo han contado personas retiradas que han participado en el gobierno cubano.”
¿Podría interpretarse este reconocimiento como una señal de necesidad ante la profunda crisis económica que se vive hoy en Cuba? ¿O responde más bien a un cambio en la estrategia política frente a Estados Unidos?
“Ninguna de las dos. Te voy a contestar la pregunta de esta manera: yo no creo que ellos estén dispuestos a cambiar la política hacia los Estados Unidos. Y no creo que la vayan a cambiar mientras Raúl Castro esté vivo. Por las mismas razones que te comenté anteriormente: perder el control político. La necesidad económica que ellos tienen hoy en día es única; no se había visto nunca, ni en el Período Especial.
Ellos saben que necesitan ayuda, pero el tipo de ayuda que ellos quieren, por ejemplo inversiones extranjeras o inversiones de los Estados Unidos, es difícil por las leyes que ellos mismos han establecido y que no protegen a los inversionistas.
Y muchos abogados que yo conozco, que han representado firmas americanas y hasta cubanoamericanos que han ido a Cuba a ver si se puede abrir negocio, siguen diciendo que el riesgo es mucho mayor que las oportunidades.”
Desde el punto de vista diplomático, ¿qué impacto puede tener este giro en la narrativa del régimen y en las expectativas de una eventual negociación?
“Pues, digamos de manera más amplia: yo siempre he dicho que la pelota está en el lado de ellos. Ellos tienen que hacer la primera movida. Yo diría que la excusa que ellos han dado hoy, que iban a soltar cincuenta y un presos, pero para ellos el tema siempre ha sido que los Estados Unidos tienen que levantar el embargo económico que le han puesto a Cuba antes de que ellos sigan negociando con Estados Unidos.
Bueno, yo diría que en este momento hay otras cosas que se tienen que discutir antes de llegar al embargo. Por ejemplo, soltar todos los presos políticos, no solo los cincuenta y uno que van a liberar. No sabemos cuántos son presos políticos porque ellos no dijeron que eran presos políticos, sino personas que habían cometido delitos. Ahora nos enteramos de que muchos de ellos ya estaban por salir de la cárcel.
También habría que respetar los derechos humanos y empezar una transición de régimen hacia algo diferente. Fíjate que no estoy hablando ni siquiera de democracia, porque aquí muchos han dicho que hay que retornar a Cuba la democracia. Yo digo que en Cuba nunca hubo democracia. Muy poco tiempo en el 59. No había democracia en el 52. Batista dio un golpe de Estado. En sí, en Cuba la democracia constitucional fue del 40 al 52.
Así que de lo que debemos hablar es de una transición hacia la democracia. Eso puede tomar tiempo y, al mismo tiempo, no exportar un modelo tal como es. Yo creo que estamos aprendiendo la democracia de los Estados Unidos para Cuba o para cualquier país. Eso no funciona.”
¿Cómo cree que estas declaraciones pueden impactar al exilio cubano, que históricamente ha seguido muy de cerca todo el acercamiento que pueda existir entre Washington y La Habana?
“Muy, muy buena pregunta, y yo creo que es una pregunta clave.
Tenemos que entender que el exilio cubano ha tenido diferentes etapas. Déjame explicarte, si me permites. El exilio histórico de mis padres ya falleció sin ver una Cuba libre. El exilio de mi generación, aquellos que nacimos en Cuba y ahora estamos en nuestra tercera fase de la vida, piensa distinto. La mayoría de mis amigos y colegas de mi edad están fatigados con el tema, cansados del tema. Van a ser 68 años el próximo enero. Pocos de nosotros vamos a regresar a una Cuba libre. Tristemente, vamos a pasar necesidades.
Entonces está el exilio de mis hijas y mis yernos, que están en los cuarenta. En el caso de mis hijas, saben de Cuba; incluso mis nietos mayores saben de Cuba por mí y por la abuela. Pero si hablas con la mayoría de los amigos de mis hijas y de mis yernos, cubanos nacidos aquí, ellos no tienen conocimiento de Cuba, no entienden la historia de Cuba.
Al mismo tiempo, también hay diferentes etapas del exilio aquí. Por ejemplo, la mayoría del exilio cubano en el sur de la Florida hoy en día llegó después de 1985. El 34 por ciento de la comunidad cubanoamericana todavía tiene familiares en Cuba. Son los que viajan, mandan medicina o llevan medicina, llevan comida o mandan comida. Y esos son, todavía, los que yo diría que están más cercanos a Cuba.
Lo que nos une a todos es luchar por la libertad de Cuba, para que el pueblo cubano tenga el derecho de elegir libremente a quién va a dirigir el país.”
¿Cree usted que este reconocimiento de diálogo por parte de Miguel Díaz-Canel marca un cambio real?
“No, yo te diría que no. Con lo que dijo Díaz-Canel hoy, acuérdate de que ellos llamaron a una conferencia de prensa a las siete y media de la mañana. Cuando vimos a las personas que estaban frente a Díaz-Canel, que yo los conozco, estábamos hablando del Consejo de Ministros y de militares. Eso no era la prensa libre internacional ni local.
Alguien en Cuba tiene que cargar algún día con los problemas que ha tenido Cuba en los últimos años, y yo creo que ese alguien es Díaz-Canel. Pero la pregunta que todos nos hacemos es quién va a sustituir a Díaz-Canel. Y eso va a ser muy importante.
Más importante aún: Raúl cumple este año 95 años y ya está llegando al final de su vida. Nadie, incluyendo yo mismo, que he seguido esto toda mi vida y hasta allá en Cuba el gobierno dice que yo los conozco mejor que ellos mismos se conocen, sabe quién va a sustituir a Raúl Castro en el poder.
Se habla de su hijo Alejandro, coronel del Ministerio del Interior. También se menciona a su hija Mariela, miembro de la Asamblea. Se habla igualmente de Oliva Fraga, el hijo de la hermana menor de Raúl, que hoy es viceministro. Y se menciona a Raulito, que en sí nunca ha hecho nada; está ahí porque siempre ha sido el guardaespaldas de su abuelo.
Raulito no está negociando con los Estados Unidos. Raulito es simplemente una paloma mensajera entre Raúl, el gobierno cubano y el gobierno estadounidense, nada más que eso.
Pero lo que va a pasar, o lo que está pasando, es que esto se va a alargar un poco más y, hasta cierto punto, incluso favorece a Cuba. Y déjame explicarte por qué. La guerra en el Medio Oriente. No sabemos cómo va a terminar ni cuánto va a durar. Eso hace que Estados Unidos no se concentre tanto en el caso de Cuba.
Pero, sin duda alguna, es un tema que va a seguir acaparando titulares y que nos va a seguir interesando a todos.
El tema de Cuba es casi un hobby, un deporte, aquí en el sur de la Florida. Todos los días vivimos el tema de Cuba, por buenas o por malas razones. Y cada cierto tiempo algún evento vuelve a encender esa conversación o esas discusiones.
El próximo paso será ver qué ocurre. Porque Marco Rubio, nuestro secretario de Estado, siendo cubano y conociendo muy bien el tema, todavía no ha reaccionado hoy. Pero sé que en Washington están hablando del asunto y están pensando estratégicamente cómo responder a lo que dijo Díaz-Canel.”
¿Y cuál cree usted que podría ser esa reacción por parte de la administración republicana?
“Es un poco complicado, porque muchos quieren comparar a Venezuela con Cuba, y son dos cosas muy diferentes.
En el caso de Venezuela, figuras como Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y Vladimir López terminaron entregándose al poder de Maduro. En Cuba no existe una figura así. Nadie va a entregar a Raúl Castro. El ejército y las Fuerzas Armadas Revolucionarias están detrás de Raúl. Los principales generales hoy en Cuba son raulistas. Los fidelistas ya pasaron a otra etapa. Prácticamente están olvidados.
Así que en Cuba nadie va a entregar a Raúl Castro.
Ahora bien, quién reemplazará a Raúl Castro cuando muera, yo no lo sé. Nadie lo sabe. Pero creo que ahí es cuando empezará el verdadero problema dentro de la cúpula del poder entre ellos mismos.
Ese es un tema que tendremos que seguir muy de cerca y que podemos dejar para un próximo debate.”