Después de culminar, su triunfante asistencia a la toma de posesión del camarado AMLO, en Ciudad de México, salpicada con aclamaciones parlamentarias, al coro de “¡Narcoasesino, narcoasesino, narcoasesino!”; pancartas, pintas en la paredes y volantes, más efusivos aún, recordatorios de su honorable progenitora (q.e.p.d.), sin faltar sus encerronas con integrantes del cártel de Sinaloa, al margen del protocolo, porque lo primero es lo primero, Narcolás Maduro, el propio, el impresentable, el apestoso moral, con quien nadie decente o medio decente quiere posar en público, puso rumbo a Moscú. Todo vale para raspar la olla del ya raspado Erario venezolano, incluido depredar el medio ambiente so pretexto del fementido “Arco Minero”.

Breve digresión. Nuestros lectores se servirán recodar al bolivariano Clintonvizquel, asiduo invitado a estas páginas y paradigma del “Hombre Nuevo del Socialismo del Siglo XXI”.

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Pues bien, el bolivariano, Clintonvizquel, quien no pudo trasponer las infranqueables barreras del 3er. grado de educación primaria -infranqueables para su exigua sesera- encabeza la delegación “técnica” de la comitiva Presidencial que ha viajado al Kremlin, con el objeto de lograr un nuevo empréstito ruso, pero más que eso qué le enajenará o hipotecará, el suciodicho Narcolás a Putin, a cambio del repele que le tirará el último de los nombrados.

Comienzan las negociaciones para el nuevo y salvador refinanciamiento ruso. Clintonvizquel, no domina el idioma local. En inglés, no sabe ni decir “yes”. A duras penas balbucea el castellano. Pero en el lenguaje universal de las señas, no precisamente de sordomudos, es una autoridad.

Luego de las recíprocas reverencias y saludos de rigor los delegados de ambas naciones, entran en materia. Abre fuegos Clintonvizquel: canto de su mano derecha sobre la palma de su mano izquierda seguida de la imitación del ir y venir de la hoja de un serrucho. A continuación, aprieta los dos puños, extiende los dedos cinco veces, sístole-diástole, y apunta hacia los rusos. Repite la operación y apunta hacia sí mismo, pero en lugar de cinco, lo hace una vez.

Sus interlocutores, enojados le responden con un gesto escatológico (la “Seña del Mono” en ruso). Nuestro plenipotenciario se pone de pie, alza lo más que puede su brazo derecho, en clara alusión al enano (mental y moral) más largo del Mundo, es decir, el narcobigotón, gordiflón, ladrón de 1,90 metros de extensión por varias arrobas de circunferencia. Para que nadie dude que está haciendo alusión a su jefe, Clintovizquel, repite los voraces movimientos de mandíbula de “Pack-Man”, célebre personaje de los video games. Los representantes del país anfitrión, replican con movimiento de mandíbulas similares, pero aún más voraces, al mismo tiempo que se pasan sus manos sobre sus cabezas, en referencia específica a la calvicie de Putin. Los ánimos se caldean. Hay ambiente de gresca. Pero de pronto, como por arte de magia, todos se "¡chocan los cinco!" al estilo del saludo intercambiado con el asesino de Mohamed bin Salmán, en la reciente cumbre del G-20 en Buenos Aires. Los presentes se funden en un multitudinario abrazo. Corre el champagne y el caviar.

El cronista se confiesa incapaz de traducir al cristiano el anterior diálogo por señas. A excepción de concluir que han vuelto a esquilmar a mi amada Venezuela.

@omarestacio

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