sábado 11  de  julio 2026
V ANIVERSARIO

"La dignidad no puede encarcelarse": carta de 'Antúnez' a su hermano preso del 11J

El opositor cubano Jorge Luis García Pérez ‘Antúnez’, exiliado en Miami, difundió un mensaje al preso político Loreto Hernández García, al cumplirse cinco años de las protestas populares del 11J

Diario las Américas | Daniel Castropé
Por Daniel Castropé

MIAMI.- El opositor cubano Jorge Luis García Pérez, conocido como ‘Antúnez’, divulgó una carta abierta dirigida a su hermano, el preso político Loreto Hernández García, al cumplirse el quinto aniversario de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J).

El exprisionero político, exiliado en Miami, reclamó la liberación del sacerdote yoruba, condenado a siete años de cárcel por su participación en las manifestaciones, y advirtió sobre el deterioro de su salud en la prisión de Guamajal, Villa Clara.

Rostro del 11J

En el texto, Antúnez describió la fecha como una jornada marcada por el nombre de su hermano y el de la esposa de este, Donaida Pérez Paseiro, también encarcelada.

"Para mí, el 11 de julio tiene el rostro de mi hermano", escribió el opositor, quien recordó los cinco años transcurridos sin contacto con Hernández García. "Cinco años sin escuchar tu voz. Cinco años sin una llamada telefónica. Cinco años sin poder darte un abrazo", expresó en la misiva.

El activista evocó además la comparecencia de su hermano ante el Tribunal Provincial de Villa Clara, donde, según su relato, el sacerdote no se retractó de su conducta.

Hernández García afirmó que no se arrepentía de haber salido a las calles el 11 de julio y que repetiría su decisión ante otra jornada semejante, de acuerdo con la carta. "Tú y Donaida demostraron que la dignidad no puede encarcelarse", sostuvo el opositor.

Condenas de siete y ocho años

Hernández García, vicepresidente de la Asociación Yorubas Libres de Cuba, fue detenido el 15 de julio de 2021, tres días después de las protestas en el municipio de Placetas.

Un tribunal lo condenó a siete años de privación de libertad por los delitos de desacato y desórdenes públicos, en un proceso que Amnistía Internacional calificó de injusto y carente de pruebas. La organización lo declaró preso de conciencia.

Pérez Paseiro, sacerdotisa yoruba y dirigente de la misma asociación, recibió una condena de ocho años por idéntica causa. Fue excarcelada en enero de 2025 bajo un régimen carcelario-domiciliar, pero en junio de ese año el Tribunal Provincial de Villa Clara revocó la medida y la devolvió a Guamajal.

Alarma por la salud

La salud del preso político constituye la principal preocupación de sus allegados. Hernández García, de 55 años, padece diabetes descontrolada, hipertensión, cardiopatía isquémica, problemas respiratorios y pancreatitis.

Médicos han recomendado su excarcelación por razones de salud, sin que las autoridades penitenciarias accedieran, según sus familiares.

El 30 de junio, Amnistía Internacional reclamó su liberación "inmediata y sin condiciones" tras recibir información sobre una recaída cardiovascular y diabética. La investigadora de la organización para el Caribe, Johanna Cilano, alertó sobre nuevos episodios de presión alta y afecciones cardíacas sin tratamiento adecuado.

‘Antúnez’, quien cumplió 17 años y 38 días como preso político entre 1990 y 2007, aludió en su carta a esa experiencia para dimensionar la situación de su hermano.

"Conozco el hambre. Conozco las golpizas. Conozco las torturas", escribió. El opositor, radicado en Estados Unidos desde 2019, cerró el mensaje con una promesa: "No sé cuándo volveré a abrazarte. Pero sí sé una cosa. Ese día llegará".

Carta completa:

A mi hermano, Loreto Hernández García:

Este 11 de julio se cumplen cinco años de aquellas históricas jornadas en las que el pueblo cubano perdió el miedo y salió a las calles reclamando libertad. Para muchos será una fecha más. Para mí, no. Para mí, el 11 de julio tiene el rostro de mi hermano.

Tiene el nombre de Loreto Hernández García. Tiene también el nombre de su esposa, Donaida Pérez Paseiro, quienes fueron condenados a siete y ocho años de prisión por ejercer pacíficamente un derecho que jamás debió ser castigado: el derecho a expresar sus ideas.

Han pasado cinco años. Cinco años sin escuchar tu voz. Cinco años sin una llamada telefónica. Cinco años sin poder darte un abrazo. Cinco años preguntándome cómo amaneces cada día detrás de esos muros, cómo resistes el dolor, cómo mantienes viva la esperanza.

Y, sin embargo, hermano mío, cuando pienso en ti no siento únicamente tristeza. Siento un inmenso orgullo. Porque tu dignidad ha sido más fuerte que las rejas. Porque cuando compareciste ante el Tribunal Provincial de Villa Clara y te preguntaron por tus actos, no pediste perdón, no bajaste la cabeza, no negociaste tus principios. Dijiste, con la serenidad de los hombres libres, que no te arrepentías de haber salido el 11 de julio y que, si Cuba volviera a vivir otro día como aquel, volverías a salir a las calles.

Esas palabras estremecieron aquella sala. Y también estremecieron el corazón de quienes creemos que la libertad merece cualquier sacrificio. Tú y Donaida demostraron que la dignidad no puede encarcelarse.

Hoy continúas preso. No porque hayas cometido un delito. No porque hayas hecho daño a nadie. Continúas preso por pensar diferente. Por no renunciar a tus convicciones. Por tu vocación religiosa. Por tu compromiso con la libertad. Y también, estoy convencido, porque sobre ti han recaído el prejuicio y la discriminación que tantas veces han acompañado la represión política en Cuba.

Me duele profundamente saber que tu salud se deteriora. Me duele saber que médicos han advertido en más de una ocasión que tu estado es incompatible con el régimen penitenciario y que, aun así, permaneces encarcelado.

Cada día que pasa aumenta mi preocupación. Pero también aumenta mi admiración. Porque ni la enfermedad, ni el encierro, ni la injusticia han conseguido derrotar tu espíritu.

Hermano querido: Yo conozco las prisiones de Cuba. Conozco sus celdas. Conozco el hambre. Conozco las golpizas. Conozco las torturas. Conozco la negación de la atención médica. Pasé diecisiete años y treinta y ocho días como preso político recorriendo algunas de las cárceles más duras del país. Sé perfectamente el precio que estás pagando. Y precisamente por eso, porque conozco ese dolor, no hay un solo día en que deje de pensar en ti. Hoy vivo el dolor del exilio.

Pero hay un dolor todavía mayor. El dolor de saber que mi hermano continúa prisionero mientras yo no puedo hacer otra cosa que levantar mi voz para que el mundo no los olvide. Quisiera que estas palabras atravesaran los barrotes. Que vencieran la distancia. Que llegaran hasta donde estés. Y que, por un instante, sintieras el abrazo que hace cinco años no puedo darte. Quiero que sepas que jamás estarás solo. Que tu nombre vive en nuestras oraciones. Que tu ejemplo nos fortalece. Que tu resistencia nos inspira. Y que tu sacrificio no habrá sido en vano.

Mañana, cuando el mundo recuerde el quinto aniversario del 11 de julio, yo no solo recordaré una fecha. Recordaré a mi hermano. Al hombre que prefirió la prisión antes que la renuncia. Al hombre que eligió la dignidad antes que el silencio. Al hombre que, aun detrás de los barrotes, sigue siendo más libre que quienes lo encarcelaron.

Hermano querido: No sé cuándo volveré a abrazarte. No sé cuándo volveré a escuchar tu voz. Pero sí sé una cosa. Ese día llegará. Y cuando llegue, ese abrazo contendrá los cinco años de silencio, de lágrimas, de esperanza y de amor que hoy nos separan.

Que Dios te proteja. Que Dios proteja también a Donaida. Y que muy pronto puedan regresar a la libertad que nunca debieron perder.

Hasta entonces, recibe este abrazo inmenso, nacido del alma de tu hermano, que ni el exilio, ni la distancia, ni las rejas podrán impedir que llegue hasta ti.

Te quiero. Te admiro. Y jamás dejaré de luchar por tu libertad.

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