sábado 15  de  junio 2024
OPINIÓN

Cuando impera la decadencia moral

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas observó un minuto de silencio por la muerte del presidente iraní Ebrahim Raisi. ¿Cómo es posible semejante infamia?

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“¿Qué sería lo próximo, un minuto de silencio por el aniversario de la muerte de Hitler?

Gilad Erdan, Embajador de Israel ante Naciones Unidas

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, convocado por su actual presidente el embajador de Mozambique, Pedro Comissário Afonso, observó un minuto de silencio por la muerte del presidente iraní Ebrahim Raisi, más conocido como ‘el carnicero de Teherán’. El mismo que hace unas semanas ordenó un desmedido ataque de misiles contra Israel. ¿Cómo es posible semejante infamia?

La primera vez que entré al Palacio de las Naciones en Ginebra para denunciar las violaciones de derechos humanos en Cuba junto al ex preso político Luis Zúñiga me cautivó la majestuosidad de la sede de la Comisión de Derechos Humanos. Como representantes de la entonces Fundación Nacional Cubano Americana estábamos en el lugar idóneo para denunciar los atropellos del régimen de Fidel Castro contra el pueblo cubano. La primera audiencia a la que asistí comenzó con una organización para la defensa de transeúntes alrededor del mundo. Qué maravilla, pensé, deslumbrada por aquel momento donde hasta los derechos de un simple caminante contaban con defensores a nivel internacional.

Duró poco el entusiasmo. Al podio subió una colombiana vestida de indígena que la había visto bajar esa mañana del mini-bus de la embajada cubana. Su discurso fue una diatriba contra Estados Unidos y la lucha contra el narcotráfico respaldada por Washington. No me hizo falta más para saber que las condenas a Cuba que se habían logrado no serían más que victorias en papel sin acción colateral alguna. Ginebra era la gran y costosa fiesta de diplomáticos de países pequeños y pobres que vendían su voto y dignidad a Cuba por algún favor, los grandes y poderosos por mayores intereses económicos.

Nada ha cambiado, con motivo de la muerte de Raisi, a petición de Rusia, China y Algeria, representantes del Consejo de Seguridad Nacional se pusieron de pie y honraron al genocida Iraní. Entre ellos estaba el Embajador Robert Wood representando a Estados Unidos. La administración actual de la Casa Blanca encabezada por Joe Biden se revolcaba una vez más en el chiquero de la infamia. El historial de crímenes de Raisi se remonta a la década de los años 80 y tan reciente como el 2019 bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos impuso sanciones a Raisi por la creación de la “comisión de la muerte” responsable de espantosos crímenes, entre ellos, las ejecuciones extrajudiciales de 5.000 prisioneros políticos.

El embajador de Israel ante la sede de Naciones Unidas en Nueva York, Gilad Erdan, calificó el bochornoso acto de reconocimiento a semejante asesino como una desgracia. Luego tuvo el valor de caminar ante el pleno con una pancarta dejando claro que no extrañaría al carnicero de Irán. Valor que pocos tienen cuando se trata de confrontar la barbarie. Hay que preguntarse entonces, ¿para qué sirven instituciones como Naciones Unidas?

En otro despliegue de descaro colectivo la Corte Penal Internacional, establecida para investigar a personas que hayan cometido delitos graves de trascendencia internacional como son el genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes relacionados con la guerra, pretende emitir órdenes de arresto contra el Primer Ministro Israelí Benjamín Netanyahu y el Ministro de Defensa Yoav Gallant comparándolos con los terroristas de Hamás. Una corte que ha ignorado crímenes de la izquierda alrededor del mundo y que cuando Fidel Castro derribó las avionetas de Hermanos al Rescate con ciudadanos americanos a bordo en territorio aéreo internacional jamás se dio por enterada, pero ahora quiere condenar a Israel por defenderse de una masacre sin precedentes como la que cometió Hamás en territorio israelí. Allí asesinaron, mutilaron, degollaron, quemaron vivos a 1.200 inocentes hombres, mujeres y niños, tomando 250 rehenes, entre ellos bebés, de los cuales muchos fueron asesinados posteriormente. Masacre de la cual el propio diario Wall Street Journal ha reportado que Raisi estuvo involucrado en su planificación y que ha sido la mayor masacre contra el pueblo judío desde el Holocausto.

Una vez más el Embajador Erdan alzó su voz calificando semejante infamia como lo que es un hecho carente de los más elementales principios de moral y la dignidad:

“En esta mañana en un acto de absurdidad indignante y decadencia moral, el principal fiscal de la Corte Internacional Penal dijo que buscaría órdenes de arresto contra los líderes de Hamás e Israel. Esto es despreciable y es un día inolvidable en el cual se aboga por la inmoral comparación entre una organización terrorista y los líderes de una democracia vibrante. Israel está luchando por su futuro justamente, moralmente y de acuerdo con la ley internacional. Pero para el fiscal de la Corte Penal Internacional, los terroristas tienen el mismo estatus de un estado respetuoso de la ley como Israel. Esto es libelo con sangre. Una cacería de brujas dirigida por puro odio a los judíos y por intereses políticos. La Corte Penal Internacional es ahora un arma de criminales y terroristas. Se les ha roto la brújula de la moralidad. Este es un oscuro día para la Corte Penal Internacional y el Consejo de Seguridad Nacional”.

Hablemos claro, este es el globalismo que nos quieren imponer en pleno siglo XXI. Intereses económicos prevaleciendo sobre la justicia. Si no alzamos nuestras voces ante semejante infamia estaremos condenados a revivir la barbarie de antaño. Cuando las voces de la víctimas reclaman “Nunca más”, no es una frase cargada de dolor, es una advertencia de lo que nos puede venir encima cuando naciones poderosas y criminales actúan impunemente.

El pueblo israelí y sus líderes no se han dejado intimidar, tampoco por miedo se han ahuyentado de la defensa de su pueblo. Hoy en Naciones Unidas, también lo hace el Embajador Erdan desenmascarando a los que detrás de la fachada de diplomáticos se unen a glorificar el genocidio.

En una ocasión cuando la presidenta de Chile Michelle Bachelet, quien luego llegaría a ser Alta Comisionada de Naciones Unidas, viajó a Cuba entusiasmada por reunirse con Fidel Castro, el novelista chileno Roberto Ampuero, antes que la mandataria abordara el avión, en una magistral carta le recordó: “Presidenta, el abrazo del tirano con un demócrata siempre mancha el poncho”.

En esta ocasión, hay que recordarle al Consejo de Seguridad Nacional de Naciones Unidas y al embajador Robert Wood, representante de Estados Unidos, que ese momento de silencio solemne por la muerte del carnicero de Irán mancha el alma y, peor aún, la conciencia.

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