Juré nunca mantenerme en silencio cuando los seres humanos soportasen sufrimiento y humillación. Siempre debemos tomar parte. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al torturado. Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986
Hay un refrán muy repetido entre los cubanos que reza: “Cuando el río suena piedras trae.” Y así mismo ha sucedido en estos días con las palabras de la ya destituida Ministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba; Marta Elena Feitó. Quien le ha tocado la mala suerte de pronunciar tan desalmadas palabras: En Cuba no hay mendigos, sino "disfrazados” en el pleno de la Asamblea de los unánimes del único Partido al poder en estas nefastas seis décadas y que va en declive por más que disfracen su fortaleza con discursos y acciones de ahogados.
En el discurso la Ministra; Marta Elena careció de toda sensibilidad y humanidad. Y además tuvo la osadía de hablar de “sostenibilidad social”, “proyectos laborales” y “protección a los sectores vulnerables”, que es como a los comunistas les gusta llamar y enmascarar la realidad social mientras ellos saben bien, que el cubano de a pie sobrevive con pensiones de miseria, sin alimentos ni medicamentos, y enfrentando una inflación que devora cualquier intento de subsistencia. Como bien lo describe la Iglesia Católica en sus informes anuales de Caritas, (Proyecto de ayuda a los más necesitados, pobres y mendigos) las denominaciones religiosas y fraternales, la sociedad civil, los Partidos Políticos no reconocidos por la dictadura, pero que si existen dentro de la Isla a pesar de la férrea represión y agresión de todo tipo. Estos últimos señalan la inmensa y profunda miseria en la que están sumidos los cubanos.
La desconexión de la Ministra es brutal. Su ceguera política es ofensiva como la de todos los que están atornillados a las sillas de la nomenclatura del totalitarismo. Y su frialdad ante el dolor del pueblo, es criminal.
Se trata de una figura que ha interiorizado el cinismo revolucionario como método de gobierno. Una ministra que vive en la burbuja de los informes manipulados, los números maquillados y las reuniones donde se aplaude el desastre. Mientras ella habla de “transformación” y “resistencia creativa”, las madres cubanas lloran porque no tienen con qué alimentar a sus hijos, los ancianos mueren abandonados con pensiones ridículas y los jóvenes huyen del país por falta de oportunidades, libertad y de no encontrar sentido a la vida en la Isla cárcel.
La Hermana religiosa Hija de la Caridad de San Vicente de Paul; Sor Nadieska Almeida, ha protagonizado con valentía evangélica su postura en contra de los crímenes morales y mortales de la dictadura Castro- Canel con sus reflexiones nacidas de la realidad que tiene que tocar a diario por su vocación y misión. Esta última fue: ¿Y si elegimos mirar de frente? Creo que es un gran análisis radiográfico de lo que tenemos que acabar de entender todos de una vez. Mirar de frente a la bestia del comunismo y plantarle cara de manera pacífica, racional y decidida, porque sino seguirá devorando a cada minuto, a cada segundo la vida de nuestros hermanos.
Decir que esta ministra está desconectada es un eufemismo. Está desalmada. Su discurso no es solo insultante, es un acto de crueldad institucional. Es la confirmación de que, en Cuba, el que manda no escucha, no siente, y mucho menos responde ante la realidad devastadora que ha creado.
Y no nos engañemos con la postura de Díaz Canel, que apareció como “salvavidas” él es cómplice y no dudo que la mando a tirarse al agua como conejillo de indias para ahogarla después con la destitución ya firmada en el tablero de las mesas torcidas y los lapiceros rojos de sangre.
Creo que será de máxima urgencia para todos los gestores de Derechos Humanos, voluntades políticas democráticas, Instituciones y todos los que de buena fe desean y quieran vernos libres llegar a la raíz del verdadero problema de Cuba, y que todos sabemos, cual es y cómo debemos proceder a extirpar el cáncer del comunismo. Y esto se lograría con manos de cirujano Divino y con voluntad política seria y profunda.
¡Dios mío, Dios mío!, como hombre de Fe y Esperanza, sé que no nos has abandonado, pero por favor te pido: ¡Salva a Cuba ya!