En política, como en la guerra, la unidad representa el pacto entre las diferencias, en aras de lograr un objetivo común.

La unidad de un país es la esencia misma de su existencia y los auténticos líderes se reconocen por sus capacidades para producir acuerdos en pro de la unidad.

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Fue George Washington, el primer presidente de la nación, quien en su discurso de investidura hizo el primer llamamiento a la unidad.

La alocución de Washington, durante su juramentación en 1789 en la ciudad de Nueva York, entonces capital de la nación, fue corta pero llena de contenido: “En estas honorables calificaciones, contemplo las más seguras promesas de que, como por un lado no hay prejuicios o apegos locales; ni puntos de vista separados, ni animosidades partidistas, desviarán la mirada comprensiva e igualitaria que debe velar por este gran conjunto de comunidades e intereses”.

Las campañas electorales son contiendas cada vez más confrontativas, por lo que casi todos los presidentes estadounidenses comienzan su gestión con llamados de unidad, y el presidente Joe Biden no fue la excepción.

“Este es nuestro momento histórico de crisis y desafíos y la unidad es el camino a seguir”, sostuvo Biden durante su discurso de investidura ante el Capitolio.

Pero las palabras deben ser respaldados por la acción.

“Para una nación herida por el rencor, la división y la insurrección, las palabras de Biden fueron un bálsamo. Lo que haga en sus primeros días en el cargo determinará si sus palabras tendrán un significado real”, según escribió Marc Thiessen, del American Entreprise Institute de Washington, en un editorial del periódico The Washington Post.

Por lo pronto, su primer día al frente del Gobierno comenzó con la firma de 17 órdenes ejecutivas que causaron malestar entre republicanos: La medida para reforzar el programa de Acción Diferida o DACA -por sus siglas en inglés- para que los llamados dreamers, que llegaron al país siendo niños, obtengan su documentación legal en el país y eventualmente la ciudadanía; la cancelación del proyecto para un nuevo oleoducto Keystone XL, de Canadá a Estados Unidos, y el regreso al acuerdo climático de París, entre ellas.

El senador Mitch McConnell, ahora líder de la minoría republicana del Senado, podría ser una pieza clave para servir de puente con adversarios.

McConnell ha trabajado con Biden durante años, tanto durante su tiempo como vicepresidente de Barack Obama, como cuando era senador del estado de Delaware.

De hecho, McConnel reconoció públicamente la victoria de Biden, para disgusto del ahora expresidente Donald Trump.

Ahora, no hay que olvidar que McConnell representa a la oposición en el Senado, y ya dijo que el nuevo presidente va en la dirección equivocada.

Aunque la confrontación legislativa ha sido más amplia que la negociación, el país se encuentra en una situación singular con una crisis de salud, una crisis económica y una crisis social.

Esto debería ser suficiente para que republicanos y demócratas pongan a un lado sus diferencias.

El mayor desafío de Biden es demostrar que su plan para enfrentar la pandemia de coronavirus es efectivo, lo cual tendría efectos positivos en la economía, pero el tema de la unidad nacional será recurrente.

Para Thiessen, si Biden quiere realmente sentar las bases de la unidad, debe poner en práctica al menos tres tópicos: “Encontrar una iniciativa importante en la que pueda trabajar con los republicanos conjuntamente”.

Según este experto, dado que la unidad requiere compromiso y Biden es un hombre de Senado, “seguro entiende que no se puede restaurar la unidad mientras se pisotean los derechos del partido minoritario al mismo tiempo” por lo que hace un llamado a moderar las demandas de los demócratas y aceptar algunas prioridades republicanas.

Y el último y más difícil de los tópicos que propone es el desarrollo del juicio político contra Trump, por la supuesta incitación a la insurrección.

“La incitación de Trump a los disturbios en el Capitolio, el 6 de enero fue un delito que se pudiera impugnar si todavía estuviera en el cargo, pues su destitución podría estar justificada. Pero Trump ha dejado la Casa Blanca. ¿Realmente quiere Biden que Washington se concentre en las fallas de su predecesor, en lugar de abordar sus prioridades, durante las semanas críticas de su presidencia?

Se trata de una propuesta difícil de realizar porque los demócratas quieren borrar a Trump del espectro político de manera definitiva.

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