La primera presentación del Estado de la Unión por el presidente Donald Trump, el próximo 30 de enero, le brindará una oportunidad de oro para presumir del sólido crecimiento económico y financiero, impulsado por el gasto de consumidores y empresas, una producción industrial que superó las expectativas y un mercado laboral fuerte, ante nuevos incrementos graduales de las tasas de interés, según los datos aportados por la Reserva Federal.

Es decir, la economía de Estados Unidos está en repunte, lo que habla de una alentadora recuperación con buenas perspectivas a futuro.

Los mercados bursátiles han estado reportando una mejoría récord y Trump, sin duda, reclamará las buenas noticias económicas para su gestión.

Si bien muchos analistas señalan que la economía estadounidense se ha visto beneficiada por los efectos de un mejor desempeño financiero global, no cabe duda de que la reforma integral de reducción de impuestos del Presidente ha contribuido a inyectar confianza en el mundo de los negocios y la industria.

Una señal importante fue el anuncio de Apple, la semana pasada, de que iba a repatriar su capital de miles de millones de dólares en reservas y ponerse al día con sus impuestos para invertir más en el país.

Esta fue una decisión más que bienvenida, tanto para Trump como para el Departamento del Tesoro.

La decisión de Apple de responder de manera tan positiva a la iniciativa tributaria de Trump, seguramente será seguida por otras grandes multinacionales, que aspiran a beneficiarse del reciente recorte de impuestos a sociedades, del 35 al 21 por ciento, anunciado por el Gobierno.

A pesar de todas las controversias políticas que han plagado el primer año de Trump en la Casa Blanca y un cierre parcial de Gobierno que tuvo a cuestas, aún podrá señalar a la economía como su mayor logro, luego de que su presidencia coincidió, afortunadamente para él, con un aumento general de la confianza en la economía a nivel mundial.

El Estado de la Unión a cargo de Trump será tan diferente al de su predecesor Barack Obama, a quien le tocó dirigirse a la nación al final de su primer año en el cargo en plena crisis económica global.

Obama en su momento se vio obligado a tomar medidas drásticas para contrarrestar los efectos negativos de la crisis y durante su alocución ante el Congreso tuvo que alertar al país sobre el largo camino por recorrer, antes de que las finanzas de Estados Unidos se estabilizaran.

Obama asumió las riendas en medio de una severa recesión y un país agobiado por un gran déficit.

Cuando pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión, uno de cada diez estadounidenses estaba sin trabajo y muchos negocios habían cerrado.

La primera memoria y cuenta del mandatario demócrata puso en relieve una lista de sombrías estadísticas económicas, donde el día a día estaba marcado por las dificultades financieras en el país.

Trump, en cambio, enfrenta una situación económica muy diferente e indudablemente aprovechará las circunstancias para afirmar que con él en la Casa Blanca todo el mundo está mejor.

Sin embargo, la negativa de muchos demócratas a asistir a su discurso del Estado de la Unión cuenta el otro lado de la historia.

A pesar de que la economía está mostrando su mejor cara, los demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado se han opuesto, casi con vehemencia, a la mayoría de las políticas de Trump, particularmente en materia de inmigración.

El Estado anual de la Unión debería ser un momento en el que todo el Congreso se reúna para escuchar al Presidente pero la alocución este año recordará a todos cuán dividido está el país.

Uno de los problemas más significativos ha sido la batalla constante por el presupuesto, con los republicanos por un lado exigiendo más dinero para gastos militares y con los demócratas por el otro presionando para lograr concesiones para cientos de inmigrantes que enfrentan la deportación.

Esta división política, que acentúa la falta de confianza, es un mal presagio para el funcionamiento efectivo del gobierno.

El próximo año probablemente traerá aún más desafíos para el presidente Trump, tanto en el ámbito nacional como internacional, pero quizás pueda tener una mejor oportunidad de cumplir con sus objetivos políticos, si es capaz de apostar a su capacidad de estadista y se toma el tiempo para poner en práctica el arte de negociar.

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