Este mes marca el comienzo de la temporada ciclónica en el océano Atlántico. En un año normal, las familias, los negocios y los gobiernos estatales y locales se estarían preparando. Pero éste no es un año normal.

Comenzamos la temporada de huracanes mientras combatimos una crisis sanitaria que ha sido catastrófica y otra económica. El desempleo está en niveles históricos. El sistema y los servicios de la red de seguridad de los estados ya están saturados. Las protestas diarias han sacado a miles de personas a la calle para exigir justicia racial.

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Con los casos de COVID-19 todavía en aumento en Florida y otras partes del país, no hay liderazgo federal efectivo en este momento de angustia y sufrimiento nacional. El presidente Trump no preparó a nuestra nación para afrontar esta pandemia o tomar medidas decisivas para frenar su impacto ha abierto la puerta a las crisis que le han seguido. Nuestras comunidades son ahora peligrosamente vulnerables a nuevos traumas externos y desastres naturales, como los huracanes.

Para empeorar las cosas, los expertos proyectan que esta temporada de huracanes puede ser más intensa de lo normal. Podríamos ver 19 tormentas con nombre, casi un 60 por ciento más alto que el promedio. El cambio climático ayuda a crear tormentas más poderosas, más destructivas.

En lugar de tomar medidas para asegurar que estados como Florida tengan lo que necesitan, Trump está obsesionado con desviar la responsabilidad y la culpa de la crisis actual. No podemos permitirnos una repetición de la misma en esta temporada de huracanes.

Nuestros estados necesitan los recursos para prepararse ahora, empezando por ampliar el número de refugios de emergencia, que normalmente están atestados con cientos de residentes temporales. Hay que asegurar que cada uno de ellos tenga planes para mantener el distanciamiento social.

Los hospitales y el personal de respuesta rápida necesitan ayuda para reponer los escasos suministros. Los hogares de ancianos necesitan planes de evacuación que tomen en cuenta el aumento en el riesgo de COVID-19 que enfrentan sus residentes. Los equipos de reparación de los servicios públicos, los trabajadores de la construcción y los trabajadores esenciales deben tener la protección que necesitan en el trabajo.

Pero una vez más, Trump y líderes republicanos como Mitch McConnell se niegan a proveer fondos adicionales a los gobiernos estatales y locales, Florida tiene un déficit presupuestario de más de $8 mil millones, y los residentes de Florida podrían ver grandes recortes en todas las áreas de servicio público, desde su sistema de salud hasta las fuerzas policiales y bomberos. Florida ha recibido más de 2.5 millones de reclamaciones por desempleo en total desde mediados de marzo.

La mala administración ha dejado a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) con poco personal y mal preparada. FEMA ya lucha para coordinar la respuesta al COVID-19.

Ambos puestos de sub-administrador de FEMA y un gran número de altos cargos en la agencia carecen de liderazgo permanente. Hasta el 10 de junio, sólo seis personas calificadas en FEMA estaban disponibles para dirigir las operaciones sobre el terreno y sólo el 37 por ciento del personal estaba disponible para ser movilizado. En febrero se abogaba por reducir la contribución anual al fondo de desastres en casi un 70%. Solo el año pasado fueron extraídos $155 millones del fondo para reforzar la detención y deportación de inmigrantes.

Hay comunidades que aún luchan por recuperarse de pasados huracanes. Los Cayos de Florida todavía se están recuperando del huracán Irma, el noroeste de estado del huracán Michael y los puertorriqueños todavía esperan por ayuda federal tras el paso del huracán María.

Necesitamos un liderazgo competente en la Casa Blanca que pueda guiar a nuestro país a través de tiempos difíciles, hacia un futuro mejor pensado, de resiliencia. Y tenemos que empezar de inmediato.

Hay cuatro asuntos que el Gobierno federal de asumir inmediatamente:

Moverse con urgencia para solicitar fondos flexibles adicionales del Congreso, para que nuestros estados cubran déficits críticos en el presupuesto. Hace más de dos meses reclamé un fondo renovable para que los gobiernos estatales y locales ayudaran a prevenir deficiencias como la que presenta hoy Florida.

En segundo lugar, sincronizar completamente la respuesta a los huracanes y a la salud pública, asegurándose de que haya el personal suficiente y priorizando la protección de las personas vulnerables en mayor riesgo del COVID-19 que están en áreas donde puede haber tormentas, incluidas las personas mayores y las personas con discapacidades. Los desastres a menudo golpean más a las comunidades pobres y marginadas, y no debemos permitir que las amenazas previsibles profundicen aún más las desigualdades existentes en nuestra sociedad.

En tercer lugar, establecer inmediatamente una estrategia para la segunda ola del COVID-19, con el fin de prepararse para un posible aumento en los casos durante la temporada de huracanes. Esto incluye utilizar el departamento de Defensa y las capacidades de la Guardia Nacional en apoyo de la respuesta de salud pública y usar plenamente la Ley de Producción de Defensa y la Agencia de Logística de Defensa para reponer y distribuir de manera equitativa los suministros.

Y en cuarto lugar, restaurar el énfasis en la ciencia en la Casa Blanca para abordar los desafíos desde el cambio climático al COVID-19.

La magnitud de la crisis que tenemos ante nosotros no era inevitable, pero la decisión por la inacción la hizo peor. Nuestra decisión será votar en noviembre.

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