sábado 21  de  febrero 2026
OPINIÓN

El lado desconocido de Wall Street: bonos del Tesoro bajo la IA

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Cuando uno escucha hablar del “mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos” puede sonar como algo lejano, técnico, casi imposible de entender. Sin embargo, este mercado es fundamental para toda la economía mundial. Para empezar desde lo más básico: el Gobierno de Estados Unidos, como cualquier persona o empresa, a veces necesita pedir dinero prestado. Para hacerlo, emite algo llamado Bonos del Tesoro, que son como pagarés. El gobierno le promete al comprador de ese bono que, en una fecha futura, le devolverá el dinero más un pequeño extra llamado interés. Estos bonos son considerados los más seguros del mundo porque casi nadie imagina que Estados Unidos no pague su deuda.

Ahora bien, ¿quién compra estos bonos? Históricamente, los compraban muchos inversores extranjeros, como los gobiernos de Japón o China, o grandes bancos y fondos de inversión de todo el mundo. Pero en años recientes, ante cambios políticos y económicos, esos compradores tradicionales hicieron una retirada parcial. Esto generó una oportunidad para otro tipo de jugadores: los fondos de cobertura, también conocidos como hedge funds.

Un fondo de cobertura es como un club privado de inversión, donde pocas personas muy ricas ponen su dinero para que un grupo de expertos intente multiplicarlo usando estrategias arriesgadas. No son fondos de inversión tradicionales que cuidan el dinero de manera conservadora. Los fondos de cobertura buscan rendimientos grandes, y para eso a veces se arriesgan mucho. Un ejemplo sencillo sería: si un fondo ve que un bono del Tesoro vale 100 dólares, pero nota que un contrato relacionado a ese bono vale 99,5 dólares, podría comprar uno y vender el otro, apostando a que esa pequeña diferencia se cierre y ganarse esos 50 centavos por cada operación. Parece poco, pero si lo hacen con millones o miles de millones de dólares prestados, la ganancia puede ser enorme. A esta estrategia se la llama “arbitraje de valor relativo”, y en el caso de los bonos del Tesoro, se la conoce como basis trade.

Aquí entra en juego otro concepto importante: el apalancamiento. Imagina que tú tienes 10.000 dólares. En lugar de invertir solo esos 10.000, pides prestado 990.000 más y haces una operación de un millón de dólares. Si todo sale bien, tus ganancias serán 100 veces mayores que si solo usaras tu propio dinero. Pero claro, si las cosas salen mal, las pérdidas también se multiplican. Eso es el apalancamiento: usar dinero prestado para tratar de ganar más.

Durante los últimos años, estos fondos de cobertura empezaron a usar mucho apalancamiento en sus apuestas sobre los bonos del Tesoro. ¿Por qué? Porque el propio mercado se los permitió. Los bonos del Tesoro son tan seguros que los bancos están dispuestos a prestar mucho dinero si se los pone como garantía. Así, los fondos podían hacer operaciones enormes, con poco dinero propio, para capturar diferencias mínimas de precios.

Hasta aquí todo parece una estrategia inteligente y casi sin riesgos. Pero el problema aparece cuando el mercado se vuelve inestable. Si por algún motivo los precios se mueven en contra, aunque sea un poco, los bancos que prestaron el dinero piden más garantías inmediatamente. Esto se llama margin call: te exigen poner más dinero para asegurar el préstamo. Si no lo haces, te fuerzan a vender todo para recuperar su dinero. Y si muchos fondos tienen que vender al mismo tiempo, los precios caen aún más, generando una especie de avalancha.

Esto fue precisamente lo que pasó en marzo de 2020, cuando la pandemia del COVID-19 paralizó al mundo. Los fondos de cobertura que estaban muy apalancados en bonos del Tesoro se vieron obligados a vender masivamente, y el mercado, que normalmente es un refugio de estabilidad, se volvió caótico. El gobierno de Estados Unidos tuvo que intervenir de urgencia, comprando enormes cantidades de bonos para calmar las aguas.

Más recientemente, algo similar volvió a suceder, aunque en menor escala. En abril, tras una subasta floja de bonos del Tesoro, empezó a crecer la preocupación de que el gobierno tuviera que pagar más intereses para seguir financiándose. Eso puso nerviosos a los mercados, los precios de los bonos cayeron, y otra vez los fondos de cobertura apalancados empezaron a recibir margin calls. Aunque esta vez el desenlace fue más ordenado que en 2020, volvió a quedar claro que el mercado del Tesoro se ha vuelto más frágil de lo que debería ser.

Hasta ahora, toda esta dinámica era gestionada por humanos, con apoyo de computadoras rápidas. Pero en los últimos años, la inteligencia artificial (IA) juega un papel cada vez más importante en estas operaciones. ¿Cómo? No solo sugiriendo dónde hay diferencias de precios para hacer arbitraje, sino también analizando millones de datos en tiempo real para predecir cuándo un mercado puede volverse riesgoso, calculando con precisión milimétrica cuánta exposición es segura y cuándo es hora de retirarse.

Hoy, los grandes fondos ya utilizan sistemas de IA para gestionar sus apuestas en el mercado del Tesoro. Y a diferencia de los humanos, que pueden asustarse o actuar por instinto, los algoritmos trabajan de manera fría, basándose en modelos de probabilidad y escenarios hipotéticos que fueron entrenados con datos de crisis pasadas. Eso significa que, por ejemplo, si la IA detecta que se están formando patrones peligrosos similares a los de 2020, podría comenzar a reducir el apalancamiento antes de que estalle el problema, protegiendo no solo al fondo que la usa, sino al mercado en general.

Además, la IA moderna no es ingenua: no ignora el riesgo de que muchas máquinas piensen igual al mismo tiempo y generen ventas masivas. Los modelos actuales incluyen mecanismos de “desincronización”, como si cada algoritmo tuviera su propio reloj interno para actuar con un pequeño desfase respecto a los demás, evitando que todos vendan al mismo segundo. También pueden detectar cuando muchos agentes están posicionados de la misma forma, y reducir automáticamente las posiciones para no quedar atrapados en una estampida.

Si la IA lograra dominar completamente estas operaciones en los próximos años, el mercado de bonos del Tesoro podría volverse mucho más eficiente, con menores costos de financiamiento para el gobierno y menos volatilidad en tiempos normales. Al mismo tiempo, la IA seguiría siendo vigilante, preparada para ajustar estrategias ante cualquier señal temprana de estrés, evitando así las liquidaciones abruptas que tan peligrosas resultaron en el pasado.

El futuro del mercado del Tesoro, entonces, no es un mundo sin riesgos, pero sí un mundo donde los riesgos se gestionan de manera más inteligente, anticipando los problemas antes de que se conviertan en crisis. La combinación de tecnología avanzada, datos históricos y capacidad de aprendizaje continuo podría transformar una estructura frágil en un sistema mucho más robusto, adaptado a los desafíos de un mundo financiero cada vez más complejo.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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