Regresamos a las perspectivas políticas en Venezuela, nuestro amado país, sometido a la más absurda y cruel dictadura ideológica de este siglo en América Latina. Los “vientos de cambios” se disipan y se convierten en “leves brisas” sin fuerza alguna ni siquiera para mover las ramas de un árbol. Por su parte, los “huracanes” del odio, la división, la crueldad, el antagonismo visceral, la represión, la muerte, el robo, la corrupción, la aspiraciones personales y grupales, recorren todo el país con una notable fuerza destructora, que no solo oscurece el panorama, sino que trata de amilanar los corazones de los patriotas de verdad, quienes lucen impotentes ante tantas injusticias y desavenencias en el liderazgo opositor, creciendo la desesperanza y la perdida de fe en la lucha contra la dictadura, y afianzándola en el poder.

En el sufrir diario de nuestro pueblo venezolano nada ha cambiado, por el contario, estamos muy mal y vamos a lo peor, no hay cambio ni soluciones inmediatas. La economía esta haciendo aguas producto de las absurdas medidas impuestas por el régimen de Maduro. No hay coherencia alguna, mientras en las calles se desarrollan en forma galopante la incertidumbre, la especulación, los altos precios, las faltas de alimentos y medicinas. Una crisis profunda, sin precedente histórico y totalmente desquiciada. La hiperinflación destroza todo a su camino.

Las soluciones “mágicas” se disuelven por la falta de coherencia de los dirigentes nacionales de las distintas fuerzas de oposición. Algunos que venían planteando la llamada tesis de la “invasión militar o invasión humanitaria” ahora ven frustradas sus arengas políticas y fantasiosas ante la inmovilidad total de la comunidad internacional, que sigue viendo con alta preocupación lo que ocurre en el país con el éxodo masivo de 3 millones de compatriotas hacia el exterior, provocando el colapso de las economías fronterizas de países hermanos como Colombia, Brasil, Ecuador y Perú, sin tomar ninguna decisión más allá de la ayuda humanitaria puntual en comidas, atención médica y alojamientos provisionales, gracias a la ayuda de más de 200 millones de dólares aportados por la administración de Donald Trump.

Ya va por seis la fundación de nuevos grupos políticos opositores, quienes pasan de ser una importante fuerza unitaria en la MUD en el pasado, a la creciente división y atomización definitiva. El G-2 cubano se ha anotado nuevos triunfos en este campo al diseñar las campañas de odio mediático, profundizando la separación entre organizaciones y estimulando los ataques viscerales y enfermizos entre los mismos dirigentes opositores. Estas razones son de peso para que la solidaridad de la Comunidad Internacional no se profundice en la acción práctica, por la ausencia de una línea de coherencia unitaria, que planifique y coordine la convocatoria de acciones de protestas contra el régimen.

Mientras la oposición no retome el criterio de la unidad de principios y acción, el proceso será irreversible, afectando a todos los venezolanos por la ausencia y retiro del apoyo internacional en forma paulatina. Eso no lo quiere entender ninguno de los “líderes” famosos en la opinión pública. Solo piensan en sus propias agendas, y las fanáticas aspiraciones de ser “presidente”, aunque ello constituya la muerte final del sector opositor y la entrega definitiva del país al castro comunismo cubano.

El “mensaje a García” en Miami del nuevo embajador de Colombia en Estados Unidos, Francisco Santos, manifiesta que no habrá apoyo internacional concreto si los propios venezolanos no provocan el proceso de cambio interno. “No piensen que les vamos a hacer el trabajo a ustedes, o se incorporan, unen sus esfuerzos o no habrá ayuda internacional”. Más claro no canta un gallo.

Mientras tanto, la reacción de un sector opositor radical en la AN, única organización vigente y reconocida por la comunidad internacional, lo que hace es reconfirmar este análisis crítico de muy buena fe, los extremos se juntan. Ahora no solamente nos dividimos en múltiples organizaciones grupales, sino que a raíz de la propuesta de un voto de censura al sátrapa de Zapatero, se enfrentan unos a otros, en forma encarnizada, en un show dantesco y deprimente, que al final denota pobreza mental y poca grandeza espiritual para entender que esa no es la vía aconsejada para obtener el reecuentro unitario, y que si no son capaces de unirse en la simple redacción de un documento para un acuerdo parlamentario, cómo pueden garantizar la unidad para lograr un plan de acción político y programático contra la dictadura y la futura reconstrucción del país. Este triste espectáculo parlamentario nos llena de inconformidad, arrechera y frustración, de quienes en teoría son los llamados a liderar el proceso de cambio en Venezuela. Ahora reaparece la famosa lista de “Tascon” con nombres de los diputados que marcaron su diferencia democrática. ¡Qué pena ajena!

Con estos señalamientos y las muestras de opinión de algunas encuestas venezolanas, que revelan que el 75% de los venezolanos quieren cambio, el 68% quiere negociación política y el 87% quieren vivir en paz. Por eso afirmo que: ¡ESTAMOS MUY MAL, PERO VAMOS A PEOR!, si no hay una rectificación política unitaria y el diseño de una nueva estrategia convergente a tiempo. Tienen la palabra los “moderados y radicales”, busquen sus puntos de acuerdo común antes de que sea muy tarde.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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