Aunque muchos hayan quedado decepcionados con el desenlace, ciertamente es un alivio que la tensa situación que se vivió en el país por la nominación, y posterior confirmación, de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema de Justicia terminó. Estaba destrozando al país, aunque el juez ya en funciones fuera salvado por el sistema político y no por un verdadero voto libre en el Senado.

En tiempos en que los candidatos pueden ser confirmados con solo una mayoría simple de votos, la división que provocó Kavanaugh resultó ser menos importante que la línea partidista a seguir.

Los pocos republicanos indecisos estuvieron a merced de la voluntad del partido por encima de la reacción del público estadounidense, según publicó la encuestadora Gallup.

Con los republicanos preocupados por perder su mayoría en el Congreso en las elecciones del 6 de noviembre, la lealtad al partido fue la máxima, sin tomar en cuenta el impacto que tuvo el testimonio de Christine Blasey Ford, la mujer que acusó a Kavanaugh de agresión sexual, cuando ambos eran todavía unos adolescentes.

Es cierto que un pequeño número de senadores republicanos manifestaron dudas sobre la forma en que votarían, pero si hubieran acompañado a los demócratas en contra de la nominación de Kavanaugh, el grupo de legisladores habría transitado un camino muy solitario más allá de las elecciones en noviembre. Y es que actuar en contra del partido requiere coraje, obstinación, convicción y liderazgo.

Para el presidente Donald Trump la confirmación de Kavanaugh fue un “fait accompli” (un hecho consumado) aún antes de que el FBI presentara su séptima verificación de antecedentes sobre el juez. De hecho, la investigación no aportó nada que apoyara las acusaciones de Blasey Ford.

¿Cómo habría reaccionado Trump sí media docena de senadores republicanos hubiera votado en contra de Kavanagh? por no considerarlo digno del puesto vacante en la Corte Suprema.

En todo caso, el impacto de Kavanaugh en Washington se hará sentir en las próximas generaciones, cuando la Corte Suprema se reúna para emitir juicios sobre hechos controversiales como el derecho al aborto, los alcances del poder ejecutivo y si este puede ser objeto de un juicio político, así como la segunda enmienda sobre el derecho a portar armas o el alcance del derecho a la privacidad cuando se trata de temas de seguridad nacional.

No hay duda de que luego de tanta controversia el tema será considerado como un punto de referencia de los primeros cuatro años de Trump y seguro será usado de igual manera en los discursos electorales, tanto a favor como en contra de la reelección del republicano.

En otras palabras, el tema Kavanaugh no va a desaparecer de la escena política.

Podría por ejemplo ser parte de los argumentos de campaña que en dos años aumenten las posibilidades de un candidato presidencial demócrata como Joe Biden, el exvicepresidente de Barack Obama.

Es cierto que Biden aún tiene que confirmar sus intenciones pero por lo pronto, ya se está reuniendo con potenciales donantes para asegurar el financiamiento en su camino a la Casa Blanca.

Es obvio también que el país está tan dividido que no hay certeza de que una candidatura de Biden se gane automáticamente el favor de los votantes, por encima de un presidente con cuatro años de experiencia que presumirá en su mejor estilo de los logros en el país y en el extranjero.

De hecho, Trump seguro utilizará repetidamente su éxito por conseguir que dos de sus nominados formen ahora parte del Tribunal Supremo, como una forma de destacar el fracaso demócrata.

Todo también dependerá de lo que Trump logre en los próximos dos años.

En el frente interno, las últimas noticias sobre el alto empleo en Estados Unidos representan un mensaje alentador de que la economía del país sigue creciendo y el tema de Corea del Norte parece seguir en el tapete.

Aun así, el nombre de Kavanaugh estará presente tanto en la contienda electoral del 6 de noviembre como en las elecciones presidenciales de 2020.

Es cierto que la justicia debe ser ciega para mirar los hechos por encima de las personas como signo de imparcialidad, pero para Christine Blasey Ford, quien tomó la decisión de hacer pública su acusación en contra de Kavanaugh, la lucha continúa, no ya para que su testimonio encuentre resonancia y cambio en el Senado, sino en el resto del país.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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