Todos los presidentes de Estados Unidos han soñado con ser recordados por haber realizado cambios significativos que definan la política exterior mundial, y a Donald Trump le ha llegado la oportunidad con la anunciada posible cumbre con el líder norcoreano Kim Jong-un.

Después de meses de haber practicado una retórica cada vez más beligerante, que llevó incluso a amenazar a Corea del Norte con ser aniquilada si alguna vez atacara a los Estados Unidos, la dramática e inesperada oferta de Kim Jong-un para reunirse con Trump y discutir su programa de armas nucleares podría ser el momento de triunfo del presidente estadounidense.

No hay duda de que existen todo tipo de riesgos y no hay garantías de que se produzca un resultado que sea históricamente significativo, pero la idea de un acercamiento entre los dos líderes ha generado la esperanza de que la crisis nuclear con Corea del Norte pudiera estar finalmente llegando a su fin.

Esa es al menos la visión optimista, aunque los escépticos advierten de otro camino al fracaso, tomando en cuenta que los intentos pasados para negociar mejores relaciones con Corea del Norte no condujeron a nada.

Es difícil saber, al menos por ahora, quien tiene las de ganar, porque tanto Trump como Kim Jong-un se sienten en posiciones de fuerza, convencidos de que sus respectivos métodos han dado resultados: sanciones versus pruebas nucleares.

Sin embargo, si Trump tiene éxito en cambiar las circunstancias en la península coreana, no solo sería una victoria para su estilo de diplomacia, sino que también podría ayudarlo a ganar la reelección en 2020.

Otros presidentes estadounidenses han tratado de resolver fuertes desafíos internacionales pero no todos tuvieron éxito.

Por ejemplo, el presidente Bill Clinton estuvo muy cerca de llegar a un acuerdo de paz en el Medio Oriente con Israel y los palestinos, pero la victoria se le escapó de las manos a último momento.

Por otra parte, el presidente Barack Obama logró su acuerdo nuclear con Irán y aunque originó críticas por parte del mismo Trump e Israel, su iniciativa fue reconocida en todo el mundo como la vía más efectiva para contener el programa de armas nucleares de Teherán.

El paralelismo histórico más cercano al anuncio de una reunión entre Trump y Kim Jong-un puede ser la política de apertura a China, iniciada por el presidente Richard Nixon y coronada con su visita a Pekín en 1972. Esto abrió el camino para que años más tarde se establecieran plenas relaciones diplomáticas, en 1978, durante la presidencia de Jimmy Carter.

El talón de Aquiles de Trump podría ser la prisa por sellar un acuerdo con Kim Jong-un, si confía demasiado en sus habilidades de negociador empresarial y pone la vista en proveer un legado presidencial.

También es cierto que el líder norcoreano no va a renunciar a todos sus misiles balísticos y ojivas nucleares, después de una conversación con el Presidente, pues espera un acuerdo que le acomode a él, a su régimen y a su futuro. El punto estará en encontrar qué puede satisfacer a ambos.

La pregunta en Washington sobre quién manejará la organización del encuentro, lugar, agenda y condiciones, parece estar resuelta luego de que Rex Tillerson fuera despedido del Departamento de Estado y reemplazado por Mike Pompeo.

Tillerson fue citado poco antes del anuncio de la cumbre Trump- Kim diciendo que las negociaciones con el líder norcoreano estaban muy lejos de suceder, lo que denotó un indicio más de la falta de sintonía con Trump en temas de política internacional.

En todo caso, la noticia logró desviar la atención sobre otro tema controversial, como la decisión de Trump de implementar un arancel del 25% a las importaciones del acero y el 10% al aluminio, que lo colocó en desacuerdo con la mayor parte del mundo, aunque anunció que Canadá y México podrían estar exentos de las nuevas tarifas mientras se negocia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Esta posición podría suavizar tensiones con los vecinos de la región, de cara a otra reunión internacional no menos importante: La Cumbre de Las Américas, el 13 y 14 de abril, en Lima, Perú, y que augura también grandes retos, con la visita anunciada, aunque no deseada, del gobernante venezolano Nicolás Maduro.

Los países de la zona van a recibir a un Trump que ha prometido actuar con diligencia respecto a la democracia y la corrupción, que son temas centrales de la cita en Lima, adonde el presidente estadounidense acudirá buscando solidaridad para continuar avances más fuertes que dobleguen el autoritarismo que está acabando con Venezuela, convencido de que con mano dura, se puede hacer capitular tanto al régimen chavista, como a Corea del Norte.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que el reconteo de votos en Florida despejará las dudas sobre el ganador en el senado y la gobernación?

Las Más Leídas