Las recientes declaraciones del presidente ruso Vladimir Putin sugiriendo que la guerra en Ucrania podría estar llegando a su fin, se produjeron justo después de declarar victoria sobre Ucrania, durante el desfile militar por el Día de la Victoria celebrado en Moscú anualmente y que conmemora el fin de la II Guerra Mundial.
¿Es acaso posible que estemos en los albores de sellar la tan ansiada paz al menos en ese frente? Pero más aún, ¿qué significará para Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus relaciones con Estados Unidos? tomando en cuenta que la unidad entre Washington y sus aliados europeos nunca ha sido tan frágil como ahora, tras el desacuerdo surgido en torno a otra guerra: Estados Unidos contra Irán.
El presidente Donald Trump se ha mostrado, desde un principio, escéptico hacia la OTAN señalando que por mucho tiempo sus miembros incumplieron sus responsabilidades financieras y militares e incluso recientemente los califico de “tigre de papel”.
Ahora, sin embargo, la cuestión ya no se limita al gasto en defensa.
Trump está molesto porque los líderes europeos no solo no han mostrado interés alguno en respaldar a Estados Unidos frente a Irán, sino que, además, han obstaculizado deliberadamente los esfuerzos estadounidenses al prohibir el uso de las bases situadas en sus respectivos países para lanzar ataques contra objetivos iraníes; tampoco han ofrecido ayuda que esperaba, para garantizar la apertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional.
Desde que estalló la guerra el pasado 28 de febrero, las relaciones entre la administración Trump y los líderes europeos han ido deteriorándose, pero más recientemente, unas declaraciones del canciller alemán, Friedrich Merz, quien en un principio se mostró favorable a los objetivos de Trump en Irán afirmó luego que Estados Unidos estaba siendo humillado por Irán, los que parece fue la gota que rebasó el vaso.
¿Podrán repararse estas fracturas en las relaciones transatlánticas o ya representan escollos insalvables l?
Cuando la guerra finalmente llegue a su fin, esperando que sea mediante un acuerdo de paz satisfactorio, entonces, ¿habrá alguna iniciativa desde el viejo continente para restablecer la cercanía con el principal aliado de otros tiempos?
Por lo pronto, Trump ha dicho que piensa trasladar a Polonia tropas estadounidenses, mientras el Pentágono se prepara para retirar cerca de 5.000 soldados estadounidenses, estacionados en Alemania, a lo largo del próximo año.
El daño infligido, particularmente en las relaciones con Alemania, España, Italia y el Reino Unido, podría haber alcanzado un punto de no retorno, lo que volvería inviable retomar las relaciones de antes del estallido de la guerra en Irán.
Entre tanto, Europa parece haber entendido el mensaje: bajo esta administración, su dependencia de Estados Unidos como su principal garante de seguridad ya no puede darse por descontada.
En consecuencia, numerosos líderes ya han comenzado a abogar por la creación de un nuevo tipo de alianza europea, capaz de responder tanto a desafíos tradicionales como a los nuevos que estén por venir.
Si bien es incuestionablemente que representa para Europa un paso en la dirección correcta en cuanto actuar con mayor autonomía en el desarrollo de defensas más sólidas, la OTAN, como alianza, todavía necesita a Estados Unidos como socio clave y es que, respaldada por el paraguas nuclear estadounidense, resulta crucial para disuadir a posibles agresores o enemigos potenciales.