Hoy en Cuba no solamente vive en ruina sus construcciones, sino también su antropología y espíritu nacional. La mal llamada “revolución” del año 1959, que prometió salvar a todo un país, termino destruyendo realmente la identidad e integridad de toda una nación con sus métodos y acciones represivas y sanguinarias.
La debacle del sistema que desgobierna la isla ya no puede ocultarse bajo discursos demagógicos, consignas desgastadas y estadísticas económicas manipuladas, porque la realidad que viven los cubanos de a pie desmienten la sinfonía idealista del régimen. Las calles oscuras, los hospitales en ruinas y sin insumos necesarios para una atención de calidad, la inmoralidad, la pobreza espiritual y cívica debido al profundo daño antropológico, familias divididas por el exilio. En fin, la profunda pobreza y desesperanza crecientes en cada uno de los ciudadanos que han dejado hace mucho tiempo de creer en las “promesas” del poder.
Pero incluso en medio de este desastre, algo ha comenzado a renacer y a moverse silenciosamente en el alma de la nación. La esperanza comenzó a manifestarse con mayor claridad con las afirmaciones de la actual administración en los EE. UU. Y el miedo ha comenzado a perder su carácter sagrado. Muchos jóvenes, madres, intelectuales, pastores, sacerdotes, la sociedad civil independiente han comenzado la trasformación histórica: la conciencia de dignidad. Recordemos que toda estructura humana o sistemas políticos basados en el miedo o terror terminan mostrando grietas. Y las grietas del sistema comunista son tan visibles que la misma historia de vida los acusa imperiosamente.
El cambio dentro de Cuba comenzó el día en que el miedo dejo de ser sagrado, prueba irrefutable son las protestas, carteles de denuncia y malestar constante de los verdaderos protagonistas de su historia personal y social, los ciudadanos de a pie. Sin embargo el despertar sigue teniendo un precio muy doloroso: prisión arbitraria, vigilancia, amenazas tanto psicológicas como físicas, destierro y represión sin piedad. Pero a pesar de todo esto el alma de esta nueva generación decidió no callar más y busca urgentemente razones para creer en una Cuba diferente.
En medio de este duro proceso de transición a la democracia y a la oportunidad de vivir con Derechos Humanos, la Iglesia, el exilio y los diferentes gestores del mundo libre siguen desempeñando un papel esencial para alcanzar este deseado anhelo de vivir con plena dignidad en libertad.
Después de tanta oscuridad y muerte impositiva; Cuba tendrá que aprender nuevamente el difícil oficio de vivir en libertad.
La Nación futura, que queramos construir no puede ser desde la revancha o el odio acumulado por décadas. Creo humildemente que debe ser desde la verdad, la justicia y con responsabilidad histórica construir un legado digno para las próximas generaciones. No solo necesitará la Cuba futura reconstruir sus ciudades, economía, etc. Sino también fortalecer la confianza entre cubanos y el respeto a los derechos fundamentales.
La Patria nos contempla orgullosa en este único e imperante momento de la historia cubana. No defraudemos el legado de los Padres fundadores de la nación. Hoy más que nunca nos merecemos vivir en libertad plena de una Cuba renacida.