Decidí escribir un libro contra las nuevas tecnologías cuando me peleé con la campana extractora de humo de mi cocina. Me dijo el fabricante que era un electrodoméstico muy inteligente y durante algunos días le hicimos el vacío para marcar el territorio. A cambio, la casa se llenó de humo una noche mientras arrojábamos unas croquetas congeladas al aceite hirviendo. La campana, probablemente la más preparada de su generación, consideró oportuno apagarse. Llamé al fabricante entre contrariado y ojiplático.

-Oiga, mi campana se apaga.

-Lógico, es inteligente.

-Ya pero se apaga sola.

-¿Me está usted escuchando?

-Con suma atención y tomando notas, caballero.

-Bien. Pues acabo de decirle que es INTELIGENTE.

-Pues a mí no me parece inteligente que se apague cuando estoy empezando a carbonizar croquetas.

-¿Y usted por qué carboniza croquetas?

-Eso es asunto mío. ¿Acaso me he metido yo en el punto de cocción de sus judías?

-No, señor.

-Pues deje en paz mis croquetas.

-Todas suyas.

-Y dígame qué puedo hacer cuando se apaga la campana.

-Encenderla.

-Gracias, Einstein. ¿Y ahora puede decirme por qué se apaga continuamente?

-Está programada para ahorrar energía. Es inteligente. ¿Le suena la canción?

-Lo que ahorro de energía con la campana apagada lo gasto intentando después echar el humo por la ventana con el secador.

-Su secador no es inteligente.

-Mire, venga a por su campana mañana mismo. Pondré un tiro de aire y chimenea como en las cocinas de leña.

-No puedo retirarle la campana. Nuestros electrodomésticos se entrenan durante años para ser los mejores. Un fracaso así podría generarle frustración y las consecuencias son imprevisibles y probablemente devastadoras.

-¿Ha creado usted un monstruo?

-Intentamos retirar una la semana pasada y en venganza extrajo a los operarios y los lanzó por la salida de humos de un sexto piso.

-Prodigioso. ¿Y qué puedo hacer?

-Entenderse con ella o resignarse.

-De acuerdo. Yo me resignaré pero mi venganza será terrible.

-Recuerde que tengo un electrodoméstico infiltrado en su casa. Baje esos humos...

-¿Humos? ¿Humos? ¿Ha dicho humos? ¡Me lo como!

-Cálmese.

-Lo mato.

-Cálmese.

-Lo trituro.

-Todos nuestros operadores están ocupados, vuelva a intentarlo en unos minutos.

Y colgué. Y mi venganza fue de libro. De libro, "Yo maté a un gurú de internet (cuando trataba de explicarme cómo programa la lavadora". Y descubrí con asombro que había cientos de lectores deseando vengarse de la domótica inteligente, de la tecnología que maneja sus hogares y de los robots aspiradora.

Ahora, seis años después de que aquella obra se convirtiera en un manual de cabecera para todos los torpes y lunáticos del mundo, he atendido a la demanda de muchos lectores: que hiciera una segunda edición ampliada y actualizada con todas las molestias de las nuevas tecnologías -incluyendo esas miles de apps que portamos ahora en nuestros teléfonos- de estos últimos años que han venido a facilitarnos la vida y sobre todo la muerte.

Hoy -Día de Muertos- sale a la venta por fin esta segunda edición "censurada, revisada y ampliada" de "Yo maté a un gurú de internet", y por primera vez lo hace en formato digital, solo en Kindle, algo que también me reclamaban, sobre todo los lectores que viven lejos de las librerías españolas. Que les sea útil. Que les salve la vida. Que la disfruten.

Sí. He vuelto a matar al gurú para salvar al mundo de la tiranía de los electrodomésticos inteligentes. La segunda parte de la venganza está servida. En conciencia. Ya puedo morir en paz.

e-Libro Yo maté a un gurú de internet: cuando trataba de enseñarme a programar la lavadora está disponible aquí, en internet.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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