El patriotismo, la valentía y una fuerte identidad cultural le hicieron reconquistar al pueblo judío su independencia e instaurar la República de Israel, en 1948.

Sin embargo, la aprobación de la Ley de Jerusalén (Ley Básica de Israel), en su Parlamento, Kenesset, 1980, y, en 1995, la adopción de la Ley de la Embajada de Jerusalén por el Congreso de los Estados Unidos de América, ambas leyes aseguran la existencia teórica de Israel y su capital, Jerusalén, indivisible y eterna, pero judaica por siempre.

En busca de la paz y seguridad para la región del Oriente Medio y el mundo, el presidente Donald Trump desafió los convencionalismos sobre el tema árabe-israelí e hizo cumplir la ley americana: traslado de su embajada de la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén. Después de más de 20 años fue una realidad tal decisión que se ajusta a lo moral, justo, valiente y políticamente correcto.

Si bien, el pueblo judío tiene garantizado por teoría su existencia y en la práctica ha luchado y logrado su integridad territorial nacional; en los tiempos actuales, es muy frágil esa situación. El Irán de los ayatolas está dispuesto a desintegrar y borrar del mapa al pueblo judío asentado en el levante y ocupar sus tierras. Incluso, manifestaron que en siete minutos destruirían la existencia de Israel, solo dejarían polvo sobre polvo. 7 minutos, y posiblemente no sea una bravuconada, si Irán adquiere el arma nuclear, pondría en práctica sus fervientes y malintencionados deseos, en un mundo donde el antisemitismo va en incremento y entronándose en las Naciones Unidas.

70 años de independencia tiene de existencia la moderna nación de Israel, 14 de mayo de 1948, y al mismo tiempo tuvo que desarrollar una poderosa fuerza militar de defensa para poder resistir los embates de las guerras de rapiñas de sus vecinos árabes. Ha desafiado esas guerras de invasión con resultados victoriosos y consecuentemente a la consolidación de su territorio nacional en el desarrollo de su legítima defensa, Ius ad bellum, del Artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas.

Israel, a pesar de haber luchado en legítima defensa, ha sido débil en la consecución de sus objetivos de integridad territorial y su supervivencia como nación. Por ejemplo: a la toma de Jerusalén, en la Guerra de los Siete Días, 1967, en un acto de benevolencia inconcebible, cedió a su agresor militar el control de los sitios sagrados en el Monte del Templo. Asimismo, en 1993 y 97, el traspaso de tierra por paz a la identidad árabe palestina, que todavía tiene vigente en su documento fundacional la creación de un estado único y étnicamente árabe, en ese mismo suelo del Levante mediterráneo, la Gran Palestina.

El Estado de Israel siempre ha tendido sus manos amorosas de paz a sus vecinos árabes; pruebas irrefutables son los acuerdos de paz con Egipto, Acuerdos de Camp David, 1979, y Jordania, en la localidad de Aravá, se firmó el Tratado de paz israelí-jordano, en 1994. Tratados que mantienen una vigencia admirable y beneficiosa en su cumplimiento para esos pueblos. Y en ese espíritu de amor a la paz, los israelíes tendieron puentes pacíficos a los árabes palestinos.

La grandeza del futuro en el Levante está en la paz, surgida principalmente de los implicados en esa violencia, los palestinos e israelíes; por esos los Acuerdos de Oslo, 1993; Acuerdos de Taba (Oslo II), 1995; Protocolo de Hebrón, 1997; y el Plan de retirada unilateral israelí (Plan de desconexión), 2004. Todos fueron al fracaso por la intolerancia de los dirigentes palestinos.

En realidad, en la creación del Estado Judío de Israel (EJI) está la garantía de su independencia y la implementación de un programa de pacificación estable en la región; en asociación con el continuo desarrollo científico técnico de sus fuerzas militares de defensa, en una economía potente y de primera. Esto conllevaría a la solución del problema palestino con el surgimiento del independiente Estado Palestino. Veamos una breve descripción de esos dos estados.

El Estado Judío de Israel, las condiciones están para su creación de facto. Sus habitantes tendrían la ciudadanía judía, los residentes jurarían lealtad al EJI, la lengua oficial del país sería el hebreo, aunque respetando el derecho de las minorías. Se restauraría la región de Judea-Samaria dentro del EJI y Jerusalén, indivisible y eterna, sería su capital.

Del mismo modo, se continuaría con el intercambio de ciudadanos de territorios, ya iniciado en la retirada unilateral judía (Plan de desconexión). Donde los habitantes de Judea-Samaria se trasladarían a la zona del Estado Palestino.

Muy importante para esas circunstancias, existe la experiencia en el mundo y en Israel de las migraciones y modificaciones territoriales de posguerra. Dos ejemplos clásicos son la Alemania liberada del nacismo y la India, en la partición de su territorio a la hora de su independencia.

En la Europa de la posguerra emigraron 12 600 000 germanos a Alemania; sus salidas se comportaron así: Checoslovaquia, 2 900 000 personas; Pomerania y Silesia 7 250 000; Prusia Oriental 1 950 000 y de Hungría, Yugoslavia y Rumania 500 000 alemanes. En la India 15 millones de personas se trasladaron hacia los dos países, Pakistán e India. El gran éxodo se manifestó de las siguientes formas: 6 000 000 musulmanes a Punjab, Paquistán; 6 500 000 de sijs e hindúes Amnitsar, Delhi y Bengala Occidental, India; miles de musulmanes a Bengala Oriental, Bangladés. Durante la emigración hubo centenas de miles de muertes.

Por supuesto, Israel tiene una vasta experiencia en el traslado de migrantes judíos de todas partes del mundo, que con la modernidad y desarrollo de su país haría más fácil esta compleja operación. Los israelíes llevaron judíos africanos a su país, a través de la Operación Moisés, de Salomón y de Josué. De esas, la más grande, encubierta y arriesgada, fue la de Etiopía en 1991, en 36 horas, 34 aviones hebreos transportaron 14 325 judíos de la comunidad Beta Israel a Tierra Santa.

En realidad, el Estado Palestino acogería a todos los árabe-palestinos de Judea-Samaria. La administración israelí estimularía económica, financiera, política, con tierra y la aplicación rigurosa de la ley a esas operaciones. El país de los palestinos se formaría de la actual Franja de Gaza, con su capital Gaza. Israel junto a la cooperación de Egipto y Jordania donarían tierras para la ampliación del territorio palestino.

Por ahora, la viabilidad de ese plan no es posible, la ocupación de la Franja de Gaza (Hamastán) por los movimientos terroristas de Hamas, Yihad Islámica y Hezbolah. Las injerencias de Irán en las cercanías de Israel -Siria, Gaza, Yemen y Líbano- y su avance acelerado a la posesión del arma nuclear, que hace irrealizable este proyecto de independencia palestina.

Cuba libre y democrática deberá resarcir al Estado Judío, por no apoyar la independencia israelita y su discurso antisemita en la ONU en 1947; y, más tarde, con la tiranía de Castro, buscar su destrucción por vía militar en la Guerra de Desgate, 1967, y en la de Yom Kipur, 1973, y su antisemitismo en los foros diplomáticos de Naciones Unidas. Al menos, el resarcimiento cubano será con el reconocimiento del Estado Judío de Israel, traslado de su embajada, junto a la de EEUU, Guatemala y Paraguay, a Jerusalén y en los foros internacionales brindarle solidaridad.

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