viernes 12  de  julio 2024
OPINIÓN

La crisis de Venezuela se resolverá en Caracas, no en Texas

Nadie emigra por gusto, esta máxima vale para Venezuela o para cualquier país latinoamericano

Por MANUEL AGUILERA

Esta semana se celebra el Día Mundial del Refugiado. Es una fecha que debería generar mucha vergüenza en el palacio de Miraflores, en Caracas. Las políticas represivas y el fracaso económico auspiciadas por Maduro han construido sin querer lo que en un artículo anterior calificaba de máquina de generar migrantes.

Los datos caen como una losa en la espalda -que no en la conciencia- del sucesor de Chávez, que lejos de preocuparse, ha visto como una oportunidad de mantenerse en el poder sin la presión de dar la cara ante esos más de 7 millones de venezolanos que han huido y que inequívocamente son críticos de su desgobierno.

Se quedaron los que no se pudieron marchar y los más fieles al chavismo, aquellos estómagos agradecidos fáciles de contentar con un puesto público, una prebenda o una bolsita CLAP. Pero según las encuestas electorales ya hasta muchos de los que en su día le apoyaron, ven la llegada de Edmundo González como el rayo de luz de la esperanza.

Mientras el flujo de migrantes venezolanos hacia EEUU no cesa. 1.4 millones de personas transitaron en lo que va de año intentando llegar a los EEUU. Y de ellos, el grupo más numeroso, con 380.00 personas, provenían de Venezuela. Son datos del Instituto Nacional de Inmigración y demuestran que de mantenerse el chavismo en el poder, Venezuela podría llegar a ser el único país del mundo habitado por una sola persona: Nicolás Maduro Moros. ¿Será capaz de mantenerse en el error a riesgo de adelgazar a su población hasta el límite?

Tampoco las políticas de Biden en el tema migratorio se ven muy efectivas. Anunciadas a bombo y platillo en esta época electoral, frenar a los solicitantes de asilo, cerrar la frontera u otorgar la vía a la ciudadanía a los indocumentados casados con ciudadanos no parecen más que medidas cosméticas, lanzadas para rascar votos entre los hispanos con derecho al sufragio.

La solución al problema de la entrada descontrolada de inmigrantes en EEUU pareciera que sólo radica en las medidas de seguridad que se implementen en la Casa Blanca, pero no es así. En el caso de Venezuela, una encuesta de la empresa Delfos asegura que el 25% de los venezolanos se está planteando dejar el país pero 2 de cada 3 de ellos desistirían si Maduro saliera derrotado en las presidenciales. Así que lo primero que hay que atajar es el problema político, sentando las bases para una transición democrática en el país.

El segundo objetivo sería convertir Venezuela en un país de negocio y oportunidades. Tantos para sus ciudadanos como para las empresas extranjeras que quieran invertir con la seguridad jurídica que conllevaría el fin del régimen chavista. Nadie emigra por gusto, esta máxima vale para Venezuela o para cualquier país latinoamericano. Si EEUU trabajara más en el desarrollo económico de los países de los que parten los inmigrantes indocumentados, otro gallo nos cantaría.

Hace dos años realicé una documental en la ciudad guatemalteca San Cristóbal Verapaz. La idea principal era contar cómo en este lugar, a diferencia de otros cercanos, los sueños de la gente no pasaban por emigrar a EEUU. La razón radicaba en una fábrica de calzado que daba trabajo a 800 personas locales y repercutía positivamente en otras muchas. Curiosamente muchas de las botas elaboradas eran para marcas estadounidenses. La gente tiene trabajo y un hogar. Así de simple. Los sueños a veces están a la vuelta de la esquina y en esa dirección debería trabajar el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Cuando el migrante llega a la frontera el problema es ya irresoluble. La solución no está en la dureza de los agentes de Texas, Arizona o California. Está en que el migrante tenga una razón para quedarse en su tierra.

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