“Hemos defendido las fronteras de otras naciones al tiempo que rechazábamos defender las nuestras, y hemos gastado miles de millones de dólares en otros países mientras la infraestructura americana se deterioraba y declinaba. Hemos hecho ricos a otros países mientras la riqueza, la fuerza y la confianza en nuestro país desaparecía del horizonte”, afirmó el presidente Donald J. Trump en su discurso de toma de posesión.
Su intervención será recordada por su brevedad, frases duras y confianza en el éxito futuro de la nación.
Trump llega a la Oficina Oval cargado de promesas y tiene por delante una ardua tarea. Washington tiene la “costumbre” de propinar dosis de pragmatismo a los inquilinos de la Casa Blanca. Muy posiblemente no habrá excepción en el caso de Trump; pero Trump, es un hecho irrebatible, ha roto todo pronóstico y parece no encajar en ningún molde. Su meteórico ascenso, aupado por un estilo directo, áspero a veces, y un tremendo descontento popular con el estado general de cosas en el país, sencillamente sorprendió a todos.
“A partir de ahora, será América primero. Cada decisión que tomemos en comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores se tomará en beneficio de los trabajadores americanos y de las familias americanas”. La frase resume lo que parece ser la línea directriz de lo que ya podría considerarse el centro de la “doctrina Trump”.
Desde DIARIO LAS AMÉRICAS le deseamos éxito a la nueva administración y ojalá sobre sus hombros se alce Estados Unidos más fuerte y próspero para bien de todos, sin reparo en razas, religiones o géneros. Porque, al final, este tiene que ser “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.