Sí, ya es hora de reabrir una investigación imparcial que esclarezca las circunstancias de la muerte de Oswaldo Payá, defensor de la libertad y de los Derechos Humanos en Cuba.

Este 22 de julio se cumplen cinco años de su desaparición física y el régimen cubano no ha movido ni un dedo para desentrañar la sucesión de acontecimientos con los que han ido desconfigurando la “eliminación” de un adalid de la democracia en la isla.

Payá fue una de las mentes más preclaras de la oposición cubana dentro y fuera de su patria. Los métodos de su lucha, su antagonismo sosegado, argumentativo y pro derechos democráticos frente al régimen de los Castro, lo colocaron en la diana de una dictadura que desoye a sus ciudadanos desde que llegó al poder hace casi 58 años. A su desaparición física se le ha llamado crimen, accidente automovilístico, muerte en extrañas circunstancias, asesinato. Precisamente la palabra capaz de agrupar todas las teorías es “eliminación” porque, efectivamente, querían hacer desaparecer su reclamo infalible, auténtico, de una Cuba democrática y libre para todos los cubanos.

Así que un líder opositor por excelencia fue “eliminado”, apartado de una trayectoria política que lo legitimaba como claro exponente de la oposición en Cuba, con un liderazgo indiscutible y una determinación férrea para lograr objetivos políticos concretos desde el Movimiento Cristiano por la Libertad.

Su visibilidad internacional era otra espina clavada para los opresores cubanos, antidemócratas convencidos de su verdad absoluta que le vigilaron e investigaron hasta apresar a integrantes y activistas próximos a sus proyectos e ideas. Lo fueron cercando, hasta encontrar una oportunidad de expulsarlo de un territorio sobre el que jamás mandarán, las mentes de la mayoría de los cubanos.

En el año 2002 a Payá le fue otorgado el premio Sájarov a los Derechos Humanos por el Parlamento Europeo. También estuvo nominado como premio Nobel de la Paz en cinco ocasiones. Pero su mayor logro fue su paciente persistencia, su inteligente resistencia. Fueron aquellas 25.000 firmas de electores cubanos recogidas entre 2002 y 2004, como parte del Proyecto Varela, para impulsar leyes verdaderamente democráticas desde la sociedad civil en Cuba.

La investigación independiente sobre las circunstancias de su muerte debe llegar y no porque se reclame desde el Senado de Estados Unidos, ni porque se haya puesto en consideración del mismísimo Papa, sino porque él mismo era un ciudadano libre y poseedor de todo el derecho de reclamar democracia en la misma patria donde conformó una familia.

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