En Nueva York los legendarios taxis amarillos están perdiendo viajeros, así como el centenario sistema de trenes subterráneos o “subway”, como se le conoce comúnmente.

El cliente del siglo XXI saca sus cuentas, vela como ningún otro por sus ingresos, aboga por la comodidad y la eficiencia, y prefiere los medios alternativos puestos en práctica por las aplicaciones de Uber y Lyft.

Actualmente en la llamada capital del mundo, circulan cerca de 50.000 vehículos licenciados para dichas compañías. Es su mercado más vasto. Donde quiera que han desembarcado, en principio, provocan la oposición de los afectados, pero luego se imponen. De nada vale el pataleo contra la modernidad. Este nuevo escenario nos ha enseñado que: o te pones al día o te quedas atrás.

Tomemos un ejemplo bien elemental, hace apenas unos años, quién hubiera creído que el socorrido teléfono público en cada esquina sufriría el golpe mortal del omnipresente móvil. Creo que donde único permanece como un componente turístico es en Londres, por las emblemáticas cabinas rojas que los albergan. Me imagino que en unos años irán a parar a los museos.

El futuro ha dejado de ser una entelequia. Ahora mismo se hacen los preparativos para que recorran las carreteras los automóviles que se conducen solos, sin chofer. Lo que quiero decir es que el futuro no ocurre dentro de muchos años, como solía ser, sino que siempre parece estar al doblar de la esquina.

El robot de la literatura de ciencia ficción sigue siendo un espécimen de la imaginación pero el robot laboral ha llegado para quedarse. Se debate alrededor del tema sobre todo porque habrá que prescindir de fuerza laboral. En lo que la sociedad de la automatización robótica se instaura, las estructuras de gobierno nacional, estatal y local debieran ir replanteándose cómo ayudar a lidiar con cambios tan drásticos.

El acceso a la educación está en el corazón del dilema, sobre todo cuando sabemos que el desempleo de personas entre 25 y 34 años, con algún diploma universitario, es del 2 por ciento, que sube, sin embargo, al 8% para aquellos que solo terminaron la enseñanza secundaria.

Sin una preparación adecuada al nuevo mercado laboral, como la que impartimos en nuestras aulas, en consonancia con ese mercado, la posibilidad de encontrar un trabajo apropiado se desvanece entre las exigencias de la actualidad.

Con solo un tercio de los estadounidenses en posesión de una licenciatura, seguimos a la saga de otras naciones desarrolladas que han puesto énfasis en la educación superior, como una manera de llegar y mantenerse en la cima de la competitividad y de sobreponerse a futuras eventualidades.

A ciencia cierta, no se sabe cuáles serán los próximos oficios robotizados ni los nuevos inventos que transformarán nuestras vidas. Lo cierto es que los cambios sobrevendrán y es de sabios que nos sorprendan preparados y listos para afrontarlos.

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