sábado 21  de  marzo 2026
ANÁLISIS

Las elecciones de los EEUU y los cubanos

Para los cubanos, las elecciones han alcanzado su máxima temperatura a sabiendas de que la política de ese país con respecto a la dictadura castrista puede cambiar
Diario las Américas | ROLANDO RODRÍGUEZ LOBAINA
Por ROLANDO RODRÍGUEZ LOBAINA

Gran revuelo está causando en estos días los resultados de las elecciones de los EEUU; para los cubanos el tema ha alcanzado su máxima temperatura a sabiendas de que la política de ese país con respecto a la dictadura castrista puede cambiar.

En esencia el proceso electoral del 3 de noviembre ha sido único en la historia de ese país. Cierto es que los resultados muestran una sociedad polarizada pero eso es parte de la democracia, que haya dos bandos que opten por caminos distintos y la parte mayor se imponga aunque sea por un voto. Desde luego, desde la isla la dictadura promociona a bombos y platillos que la sociedad norteamericana está dividida y que el sistema electoral solo es para una “élite del poder”.

En el contexto actual no es normal lo que está pasando en la nación más poderosa del mundo, en los últimos años se ha venido denunciado la penetración de elementos radicales apegados a ideologías que han sido un fracaso en la historia de la humanidad, el comunismo, tan peligroso por sus postulados que han terminado todos los países que han intentado establecerlo en totalitarismo, cárceles y muertes a disidentes, además de la opresión a la libertad de prensa e individual.

Hay que revisar los sucesos de las últimas décadas, la Red Avispa que agrupaba a agentes de la inteligencia cubana que operaban dentro de los EEUU y que concluyó con la infiltración de Ana Belén Montes en el Pentágono; profesores en las universidades impartiendo clases sobre la triste figura del Ché Guevara, por mencionar pocos ejemplos. La ascensión de Obama al poder trajo consigo el afianzamiento dentro del Partido Demócrata de figuras simpatizantes con los regímenes de Cuba, Venezuela, Irán, etc. Al menos en materia de política internacional bajo Obama estos países avanzaron considerablemente en la consolidación de sus sistemas represivos y lograron ventajas estratégicas, algunas militares, otras económicas, por encima de los EEUU.

Donald Trump llegó a la Casa Blanca alimentando la esperanza de muchos cubanos inmersos en liberar a su patria del engendro que representa el castrismo. Independiente de lo que representó para esa nación en materia de seguridad, equilibrio mundial y desarrollo, para estas elecciones del 2020 era, antes de la pandemia que resultó la COVID-19, el indiscutible favorito para continuar en la Presidencia. Sin menoscabar que una serie de medidas concernientes al proceso migratorio que le ponía fin al desparpajo que existía para entrar de manera ilegal a los EEUU lo conllevó a ganarse muchos desafectos.

La izquierda aprovechó esta situación para atacar a Trump y echarle leña al fuego para que la sociedad norteamericana colapsara. Lo mismo ocurrió con la muerte del afronorteamericano George Floyd a manos de un policía; la prensa trató de poner a Floyd como un héroe, a pesar de su historial nada loable. Derek Chauvin, el ex policía que provocó la muerte de Floyd fue acusado de asesinato en segundo grado, pero había que incendiar los ánimos para poner en aprietos la estancia de Trump en la Casa Oval.

De la misma manera la izquierda radical alentó a miles de latinos a cruzar de forma ilegal las cordilleras de América Central y parte de Sudamérica para llegar a los EEUU para traducirlo en un fenómeno producto de la política del “imperio cruel” que empobrece a los demás países; una peligrosa travesía que ponía en riesgo no solo a los cientos de miles de emigrantes sino a los EEUU de las fauces del terrorismo internacional. Las estadísticas recogen que los terroristas que han atacado a los EE.UU han entrado de manera ilegal a esa nación.

Los cubanos también se han dividido en dos bandos, entre los que apoyan a Trump y entre los que favorecen a Joe Biden. ¿Por qué esta vez la rivalidad es ferviente?

Bien se conoce que desde que los Barbudos de la Sierra (guiados por los hermanos Fidel y Raúl Castro) tomaron el poder en 1959 la emigración hacia el vecino del norte fue una solución de los cubanos que huían del comunismo, los fusilamientos, la prisión y la represión en general. Con el paso de los años esta emigración fue creciendo: los éxodos masivos de Camarioca en 1965; el Mariel en 1980; el Maleconazo de 1994 y la Administración de Barack Obama que no se puede soslayar en este sentido, de acuerdo a estadísticas de la Aduana y Protección Fronteriza de EEUU con la normalización de las relaciones entre ambos países ingresaron al norte unos 341 841 cubanos en el período 2014-2017.

Lo cierto es que la comunidad cubana en el exterior ronda los 2 millones, concentrados la mayoría en EEUU. Los primeros que llegaron a EEUU desde que tomó el poder Fidel Castro se dedicaron en buena media hasta la fecha, a la liberación de la isla que permanece bajo la égida del comunismo oprobioso, se les nombró el Exilio Histórico.

Su labor y ascenso fue notable hasta el punto de convertirse en un núcleo determinante en los resultados de las elecciones presidenciales de esa nación, incluso, definieron las del 2000 entre los candidatos, el Republicano George W Bush y el Demócrata Al Gore. Algunos ocupando posiciones políticas en el Senado incluso. La concepción migratoria de cubanos a EEUU fue cambiando con el tiempo y con la época generacional, específicamente desde la década del 90 del siglo pasado.

Cuando los emigrados ilegales eran capturados cerca de las costas de Miami en frágiles embarcaciones alegaban que huían de la isla por motivos políticos, a la postre muy pocos realmente mantenían una militancia opositora en Cuba y por consiguiente sostuvieron una actitud acorde a su condición de perseguido político. No pocos han regresado a la isla de visita. Los desertores que eran apresados cerca de las costas cubanas huyendo del infierno castrista alegaban en sus testimonios que se marchaban por cuestiones económicas como un mecanismo de no buscarse problemas con las autoridades y fueran ubicados en la lista negra de la policía política que los asecharía de por vida.

Sin hablar de otros tantos, no pocos, que militaron en las filas de la oposición como una vía de ganarse un status de perseguido político en las anterior Oficina de Intereses SINA, actualmente Embajada de los EEUU en La Habana. Unos cuantos lograron esta condición y volaron a los EE.UU bajo un programa de beneficios de ayuda, se establecieron y pocos años después estaban como turistas en su país. Esto es importante saberlo para poder entender la proyección polarizada de los cubanos en EE.UU que apoyan a Trump por un lado y a Biden por otro.

Las habilidades del dictador Fidel Castro para dominar el conflicto con los EEUU son conocidas, independiente de la suerte endemoniada para salir de circunstancias muy complejas, digamos Bahía de Cochino en 1961, la Crisis de los Misiles en 1962, el asesinato de Kennedy en 1963, el derrumbe del Bloque Comunista de Europa del Este, el Periodo Especial, por mencionar algunos momentos de la historia en su mandato. También su concepción para dominar a este pueblo, evadir el “Bloqueo” y combatir a su archienemigo jurado desde los campos de Cuba: los EEUU.

No es descartable que desde Carter, Fidel Castro, iluminado en la maldad, haya avizorado la necesidad de inundar los EEUU de cubanos para que sostuvieran por condición obligada a familiares de la isla a sabiendas que su sistema político iba acarrear siempre miseria y necesidad dentro de la población. En el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1975 Castro adelantaba que había que preparar gente para enviarlo al exterior, fortalecer el país con profesionales, o sea, ya tenía la mirada puesta en la explotación del trabajo intelectual.

En los inicios de los 80 del siglo pasado la Habana conocía ya que su aliado y protector, la antigua Unión Soviética no intervendría si EEUU decidía atacar a la isla. La perestroika, la glasnost y Gorbachov acabarían por darle la razón a Fidel Castro de que el mítico imperio soviético se derrumbaría. Para entonces la cantidad de cubanos que vivían en EE.UU era considerable y fueron creciendo las cifras como también el monto en divisas por concepto de remesas. Para el ciclo 2008-2018, el Havana Consulting Group reportaba que Cuba ingresó unos 29 948 millones de dólares de los cuales el 90% proviene de los EE.UU. Esto quiere decir que el negocio resultaba ideal, incluso para esquivarse una invasión del país más poderoso del mundo a esta pequeña isla pues la comunidad cubana fue creciendo allí y ganando en influencia.

De esta forma la mentalidad de la vieja confrontación del histórico exilio fue pasando a niveles inferiores teniendo en cuenta que la mayoría de los emigrados cubanos no tenían la misma concepción de confrontación con el castrismo, sino salir adelante y ayudar a sus seres de la orilla de acá que sufren los embates de la miseria que representa el comunismo. Es una especie de suerte o plan macabro que ayuda a la dictadura a sostenerse.

Donald Trump, a diferencia de otras administraciones norteamericanas subió la varilla de “coexistencia pacífica” entre La Habana y Washington, apartando la estrategia de normalización de las relaciones entre ambas fronteras iniciada por Obama, el inquilino de la Casa Blanca cercó al régimen comunista cubano de manera que su estrategia de estrangular económicamente a la cúpula militar para cortarle su capacidad de represión contra su pueblo; comenzó a surtir efecto, a niveles nunca vistos. Antes del COVID la sociedad cubana estaba sufriendo las carencias de artículos de primera necesidad. Estoy convencido de que el equipo asesor del Presidente no tuvo en cuenta esto, pues ese gremio de cubanos radicados en los EEUU en los últimos tiempos no está apto para asumir la posición de beligerancia y cerco a la dictadura que implica no enviar remesas a sus familiares a la isla porque en definitiva son productos de los años de azote del castrismo que los educaron en el escapismo, apatía y desesperanza de los proyectos existenciales. Sin importarles el concepto moral de la libertad y que la respuesta de la junta militar que gobierna en Cuba ha sido, como siempre, la de apretar la tuerca a sus propios familiares con tal de sostener el mismo sistema económico que ha llevado a niveles únicos de pobreza en la historia de la nación.

Biden ganará probablemente al paso de los hechos. En la isla muchos apoyamos la política de Donald Trump quien ha sido un amigo de los perseguidos políticos cubanos, consecuente con el sufrimiento de nuestro pueblo. Toda la comunidad internacional debe saber que con el triunfo de Biden, si se legitima finalmente, acarreará mayor represión contra el movimiento contestatario en la isla de una manera u otra, aunque sean más inteligentes los métodos de coacción y aniquilamiento de la rebeldía cívica de sus conciudadanos. Sin menospreciar los desánimos acarreados.

No hay dudas de que la comunidad cubana en el exilio está cambiando y puede este fenómeno ayudar a aceptar de manera resignada la dictadura comunista a 90 millas de los EEUU de por vida.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar