Con especial dedicación a Omar Pernet, expreso político cubano fallecido en estos días, soldado en el siglo XX y XXI de esa república mambisa nacida en Yara en 1868, un 10 de octubre, hace 149 años.

Se acercan dos aniversarios claves que simbolizan las opciones cruciales a las que se enfrenta el pueblo cubano.

Este año se conmemora el centenario de la Revolución Rusa, pérfida fecha en la que un pequeño grupo de fanáticos, aventureros y ambiciosos enamorados del poder total sobre su país, secuestraron el proceso natural de emancipación del pueblo ruso para construir el primer estado totalitario en la historia de la humanidad, con el saldo de millones de personas muertas, encarceladas, torturadas y destruidas. Aún hoy Rusia paga las consecuencias de aquel golpe de estado disfrazado de revolución que tornó en pesadillas las aspiraciones de libertad de todo un pueblo.

El comunismo llegó al poder y se mantuvo en el poder, dividiendo a ruso contra ruso, predicando el infame odio de clases, desterrando a Dios de la vida pública, secuestrando esta vida pública para el dogma de un partido, y entronizando al jefe de ese partido como dictador omnipotente con poder de vida y muerte sobre cada individuo obligado a vivir bajo su férula.

El año entrante nos espera otro aniversario. El 150 aniversario del Grito de Yara, de aquella gloriosa fecha del 10 de octubre de 1868 cuando los cubanos en Yara, encabezados por los más prósperos, los más ricos, los más influyentes cual antigua república romana, se levantaron por la libertad de un pueblo. Estos hombres libres y prósperos no vacilaron en romper las cadenas de sus esclavos, en derrumbar las antiguas divisiones de amos y esclavos y levantar una nueva conciencia de coexistencia denominada conciudadanía. El Grito de Yara fue para levantar una sociedad de hombres y mujeres libres que entre todos, en defensa de sus libertades, delegaran algunas funciones colectivas a un gobierno surgido de la representación pública.

Aún hoy en día el espectro de Yara persigue a los golpistas comunistas cubanos, que al igual que sus maestros bolcheviques, traicionaron el proceso libertario de un pueblo para someterlo en largo cautiverio.

En Yara nació la nación cubana. Nación, que para darse en plenitud, necesitará siempre el apellido de república. República, que para ser auténtica, tiene que consignarse a la defensa de la libertad y del derecho que no son suyos, sino que es de donde nace.

Los hombres y mujeres de Yara se sometieron a aquella constitución de la libertad que forjaron como primera ley de la nación en medio de una guerra en la que sufrían una terrible desventaja. Ni los Céspedes ni los Agramonte ni los Maceo fueron golpistas, se sometieron en vez, aun a costo de su propio sacrificio, a la ley promulgada por el pueblo.

Entonces, hoy más que nunca, en esta hora crítica para la nación, estas son nuestras opciones: o las divisiones de clase, de raza, de lugar de domicilio, de género creadas o exacerbadas por la dictadura para mantenerse en el poder o la nación plural y unida anunciada con el ejemplo del 10 de octubre, o el país empobrecido espiritualmente por la tiranía o la nación próspera y libre soñada por los mambises, o Yara o Bolchevismo, o Céspedes o Lenin, o la libertad o la esclavitud. La Cuba en Resistencia ya ha optado y esa, esa es la única verdadera y eterna Cuba, no a la traición comunista, ¡viva el Grito de Yara y el 10 de octubre!

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