El nuevo presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, inicia su mandato instalando una nueva política exterior fundada en los principios y valores de la libertad y la democracia.

El cambio de la política exterior uruguaya se puso de manifiesto cuando un mes antes de asumir la Presidencia, Lacalle Pou anunció que los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua no serían invitados a su posesión porque el artículo primero de la Carta Democrática Interamericana dispone que "los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla".

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La política exterior está vinculada a la política interior del Estado y se entiende como “el conjunto de decisiones públicas que toma el gobierno en función de los intereses nacionales y en relación con los demás actores del sistema internacional”. La política exterior es “parte de la política general y está formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros sujetos de la comunidad internacional”.

La decisión de no invitar a la posesión del presidente de Uruguay a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua: Castro/Díaz-Canel, Maduro y Ortega, explicándola por la vigencia y la obligación de respetar y aplicar la Carta Democrática Interamericana, es un precedente de respeto a los principios de los que emana la propia legitimidad de los mandatarios y gobiernos democráticos. Es solo el cumplimiento de una carta internacional suscrita y obligatoria para todos los estados de las Américas.

La nueva política exterior de Uruguay está fundada en los principios y valores del derecho de los pueblos a la libertad, la democracia y los derechos humanos. Es la correcta en función de los intereses nacionales y un precedente que los gobiernos democráticos de las Américas deben seguir. La Carta Democrática, además de establecer la democracia como un derecho de los pueblos, declara que "la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas" y señala como primer elemento esencial "el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales".

Lo que el nuevo presidente de Uruguay hace, no es solo el cambio de la política exterior de su país, es también la proclama de lo que podemos empezar a llamar la doctrina Lacalle Pou, resumida como “la obligación de los estados de las Américas de aplicar los principios y obligaciones de la Carta Democrática Interamericana evitando relaciones con regímenes dictatoriales, autoritarios y no democráticos que no cumplen los elementos esenciales de la democracia, poniéndolos en evidencia por los medios diplomáticos y públicos”.

Lacalle Pou anunció que reconocerá a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Ha decidido que “Uruguay se alejará del llamado mecanismo de Montevideo”, una mesa de negociación promovida por los gobiernos de su antecesor y por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para “buscar soluciones a la crisis venezolana”, pero operada en franca ayuda al mantenimiento del régimen usurpador de Nicolás Maduro y en total violación a las obligaciones asumidas en la Carta Democrática Interamericana. Es importante el apoyo a la reelección del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, negado por el gobierno saliente pese a la nacionalidad uruguaya de Luis Almagro.

Mientras las democracias del mundo reconocen con admiración la transparencia y valentía de la nueva política exterior uruguaya y la “doctrina Lacalle Pou” se instala, la Argentina con su gobierno castrochavista Fernández/Kirchner destroza la relación histórica con Uruguay, perjudicando los intereses argentinos para defender las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La nueva política exterior de Uruguay contribuye vigorosamente a la lucha contra las dictaduras del “castrochavismo” que bajo la jefatura de Cuba operan desde Venezuela y Nicaragua conspirando y desestabilizando las democracias de las Américas, repitiendo la vieja pero eficiente estrategia de sobrevivencia de la dictadura cubana de sostener su régimen por medio de la agresión, creación de conflictos internos, intervencionismo y derrocamiento de los gobiernos defensores de la democracia a los que considera sus enemigos.

Todo indica que las dictaduras de crimen organizado de las Américas han puesto ya como objetivo de desestabilización al gobierno democrático del presidente Lacalle Pou, contra el que intentarán repetir los crímenes cometidos el año pasado en Ecuador, Chile, Colombia y más.

Carlos Sánchez Berzain*

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

www.carlossanchezberzain.com

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