No es la primera vez que el presidente Donald Trump sugiere que podría retirar a Estados Unidos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Estados Unidos siempre ha sido una parte vital de la OTAN, liderando la organización en su calidad de única superpotencia militar de Occidente
No es la primera vez que el presidente Donald Trump sugiere que podría retirar a Estados Unidos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Recientemente dijo que “reconsideraría la membresía de Estados Unidos en la OTAN, al tiempo que calificó a la alianza de defensa como un "tigre de papel”.
La amenaza volvió a surgir después de que criticó a sus miembros, esta vez, por no apoyarlo en su campaña militar contra el régimen de Irán.
Existen al menos dos razones estratégicas que explican por qué no redundaría en beneficio de los intereses estadounidenses si siguiera adelante con su idea de abandonar la organización de seguridad, fundada en abril de 1949.
En primer lugar, Estados Unidos necesita aliados internacionales y la OTAN ha servido como garante de la paz en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial como parte de un sistema que Estados Unidos ayudó a construir, así que, a pesar de las diferencias respecto a la intervención en Irán, la Alianza, que cuenta con 32 miembros, se ha mantenido firme frente a la creciente amenaza que representa Rusia mientras defiende los valores occidentales y amplia la influencia internacional de Washington.
Estados Unidos siempre ha sido una parte vital de la OTAN, liderando la organización en su calidad de única superpotencia militar de Occidente. La alianza transatlántica debe sobrevivir y Trump no debería abandonarla, aunque se sienta molesto por la falta de apoyo de Europa en el último mes.
En segundo lugar, si Estados Unidos abandonara la Organización, sería uno de los mayores triunfos del presidente ruso, Vladimir Putin, quien siempre ha deseado sembrar la división entre sus miembros y, sin duda, debe estar esperando que Trump cumpla su amenaza, porque si algo está claro es que, sin Estados Unidos, los miembros europeos de la OTAN quedarían vulnerables ante Rusia.
Una vez concluya el conflicto por el estrecho de Ormuz, será necesario un enorme esfuerzo por parte de los europeos para recuperar el favor de Trump y convencerlo de que una OTAN sin Estados Unidos supondría un desastre para Europa.
Es cierto que Trump se ha mostrado cada vez más frustrado con la actitud de los gobiernos europeos hacia la operación “Epic Fury” , el nombre clave de los ataques contra Irán.
El presidente ha argumentado que Estados Unidos e Israel se enfrentan a un país que representa una amenaza no solo para Oriente Medio, sino también para el mundo entero, por el desarrollo de uranio altamente enriquecido, que de ser transformado serviría de combustible nuclear para una bomba nuclear.
Él esperaba que Europa brindara toda la ayuda necesaria para respaldar su empresa bélica. Sin embargo, Europa se ha negado.
“Esta no es nuestra guerra”, declararon reiteradamente los líderes europeos, argumentando que no fueron consultados previamente sobre las intenciones de la Casa Blanca.
Si bien el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece que un ataque armado contra un miembro de la OTAN se considera un ataque contra el resto, activa la obligación de asistir a la parte atacada incluido el uso de la fuerza armada, para restablecer y mantener la seguridad de la zona del Atlántico Norte, en el caso de Irán, la acción estadounidense fue una decisión unilateral de seguridad nacional autorizada en virtud del derecho interno de Estados Unidos, y no como una medida de defensa colectiva.
La reacción de Trump no se hizo esperar al advertir que, si en el futuro Europa se enfrenta a un agresor militar, es posible que Estados Unidos no esté disponible para acudir en su auxilio.
El propósito fundamental de la alianza es el compromiso colectivo de sus miembros de defenderse mutuamente del ataque de una potencia extranjera.
Pero si esa promesa deja de ser válida, la alianza enfrenta su momento más crítico.
En medio de estas tensiones, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, estará en Washington esta semana de abril para reunirse con el presidente Trump, el secretario de Guerra Pete Hegseth y el secretario de Estado, Marco Rubio.
Solo resta esperar a que Estados Unidos y Europa puedan volver a estrechar los lazos, como amigos y aliados de confianza.
