martes 28  de  abril 2026
OPINIÓN

¿Puede Trump sobrevivir políticamente si no gana la guerra en Irán?

La ironía reside en que, por razones políticas, diplomáticas y de seguridad global, Estados Unidos se encuentra bajo una mayor presión que Irán para poner fin a la guerra

Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

A pesar de que la semana noticiosa comenzó con los detalles del deplorable tiroteo del sábado pasado, durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca, donde felizmente nadie salió herido, hay un acontecimiento que, desde el 28 de febrero de 2026, sigue acaparando la atención nacional e internacional, dadas sus innumerables implicaciones, especialmente para la economía: la guerra en Irán.

No obstante, las trabas y la falta de acuerdo a la vista, las gestiones continúan y el presidente, Donald Trump, sigue confiado y optimista de que la guerra en Irán llegará pronto a su fin con un resultado favorable para Estados Unidos.

El hecho de que esto aún no haya sucedido, tras más de ocho semanas, se debe en parte a la confusión sobre quién realmente está al mando en Teherán.

Al parecer, los militares dirigen actualmente el régimen y los líderes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica no están lo suficientemente interesados en un acuerdo de paz.

Esto ha complicado la búsqueda de una solución negociada para la Casa Blanca.

Si los mediadores, enviados desde Teherán, no son quienes toman las decisiones, las conversaciones nunca llegarán a una conclusión satisfactoria. Esta es la razón por la que la segunda ronda de negociaciones, prevista para la semana pasada, nunca llegó a concretarse.

Sin lugar a duda, ello redunda en el interés de Washington por avanzar lo más rápidamente posible hacia un acuerdo que pueda calificarse de victoria para Estados Unidos. Lamentablemente, debido a las complejidades de la guerra y a las repercusiones de la crisis petrolera, un éxito rotundo todavía no parece cercano.

La Guardia Revolucionaria Islámica está aprovechando el renovado alto al fuego para seguir imponiendo controles a los buques que intentan transitar por el estrecho de Ormuz.

Con el bloqueo naval estadounidense también en vigor, estamos ante un estancamiento del tráfico fluvial de una vía por la cual solía transitar diariamente el 20 por ciento del petróleo, el gas y otros productos de uso mundial.

El mandatario ha declarado que el impacto en el costo de la vida y en los precios de la energía será meramente temporal y que, una vez que el estrecho de Ormuz se reabra al tráfico comercial, la situación volverá a la normalidad con bastante rapidez.

Sin embargo, la magnitud de las perturbaciones ha sido tal que algunos expertos advierten que la economía mundial tardará meses, sino años, en recuperar el estado en el que se encontraba antes de la guerra con Irán.

En primer lugar, es imperativo poner fin a la guerra mediante un acuerdo que garantice el derecho de todos los buques a navegar por el estrecho de Ormuz sin interferencias de Irán. Asimismo, deberá alcanzarse un acuerdo para limitar o, preferiblemente, prohibir el programa iraní de enriquecimiento de uranio, ante el temor de que Teherán intente fabricar una bomba nuclear.

Por lo pronto, no hay indicios de que los líderes militares, quienes ejercen el control efectivo en Irán, estén dispuestos a ceder en ninguno de estos dos objetivos. De hecho, consideran que el control sobre el estrecho de Ormuz y el programa de enriquecimiento de uranio son sus dos mejores cartas en términos de negociación frente a Washington.

Por lo que Trump debería hallar alguna solución que transforme el actual alto el fuego en un acuerdo a largo plazo.

La ironía reside en que, por razones políticas, diplomáticas y de seguridad global, Estados Unidos se encuentra bajo una mayor presión que Irán para poner fin a la guerra.

Los líderes de la Guardia Revolucionaria iraní no tienen que preocuparse por su popularidad y mucho menos por los votos en unas elecciones democráticas; en cambio, Trump, cuyos índices de aprobación se han visto afectados desde el inicio de la guerra, estará ansioso por demostrar a los votantes que se encuentra en el camino correcto para resolver la situación en Oriente Medio y reforzar la confianza sobre la economía.

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