No hay duda de que el liderazgo de George Washington fue indispensable para la fundación y continuidad democrática estadounidense pues, estableció un estándar de valores políticos para aquellos que le sucedieron en el cargo.
No hay duda de que el liderazgo de George Washington fue indispensable para la fundación y continuidad democrática estadounidense pues, estableció un estándar de valores políticos para aquellos que le sucedieron en el cargo.
El don de mando en política es imprescindible, pero en tiempos de crisis lo es todavía más o en todo caso parece ser una de las condiciones más importantes para guiar los destinos de la sociedad a buen puerto.
El fenómeno del liderazgo, aunque ha sido muy estudiado es el menos comprendido, tanto así que no existe una definición consensuada pues, cada cultura ha generado una idea propia sobre la persona que logra seducir a los demás con su interpretación de la realidad y su capacidad de respuesta.
Para algunos, tiene que ver con las características innatas del individuo o “teoría del gran hombre" mientras que para otros el líder surge como resultado de las circunstancias.
Los entendidos coinciden en que el nuevo liderazgo integra la dimensión personal y contextual centrada en la comunicación como vía para la consecución de objetivos políticos.
Hace cincuenta años, el 17 de junio de 1972, se produjo un robo de documentos en la sede del Comité Nacional Demócrata, en Washington DC que marcó la historia del país.
Las repercusiones de ese acto criminal provocaron una de las mayores convulsiones constitucionales en Estados Unidos y terminaron con la renuncia del presidente Richard Nixon, el 8 de agosto de 1974.
Múltiples relatos y audiencias del Congreso después hablaban de un factor común: un presidente de Estados Unidos que arriesgó su liderazgo por ser cómplice de intentar socavar la democracia y la Constitución del país.
Las lecciones que nos dejó el escándalo de Watergate nunca deben olvidarse: Ningún presidente o administración está por encima de la ley. Un acto delictivo es un acto delictivo, aunque lo cometa una persona en su capacidad de líder.
Curiosamente, ahora se plantean las mismas interrogantes sobre el infame motín del 6 de enero, cuando los partidarios del entonces presidente Donald Trump irrumpieron violentamente en el Congreso en un intento de evitar la confirmación legal del resultado de las elecciones presidenciales de 2020, que dieron la victoria al demócrata Joe Biden.
El inicio de las audiencias públicas por parte del comité de la Cámara que investiga el incidente del 6 de enero revivió los fantasmas del pasado.
El gran tema para el Comité de la Cámara, encabezado por el representante Bennie Thompson (demócrata, Mississippi) y la representante Liz Cheney (republicana, Wyoming), es si el propio expresidente Donald Trump incitó, autorizó o inspiró un ataque organizado al Capitolio que provocó la muerte de cinco personas y 140 policías heridos.
Trump sobrevivió a un primer juicio político cuando los votos en el entonces Senado controlado por los republicanos lo libraron de responsabilidad.
¿Podrán acaso las actuales audiencias de investigación de la Cámara probar lo contrario? o ¿Los partidarios de Trump le darán la espalda y buscarán un reemplazo de liderazgo para el partido republicano ante las evidencias presentadas?
Entre muchos de los testimonios en las audiencias se pueden ver, Imágenes de las cámaras corporales de la policía, videos del exfiscal general, Bill Barr, afirmando que le dijo a Trump que sus acusaciones de fraude electoral no tenían sustento o de Ivanka Trump, hija del expresidente y ex asesora de la Casa Blanca, aceptando lo que dijo Barr.
Los únicos otros momentos en la historia moderna en los que se desafió la estabilidad nacional fueron durante la crisis de los misiles cubanos de 1962, Watergate en 1972 y los ataques terroristas de al-Qaeda el 11 de septiembre de 2001.
Forjar un vínculo directo entre las acciones de los manifestantes y el liderazgo de Donald Trump, el presidente al que apoyaron fervientemente, está en el centro de la estrategia del comité de la Cámara.
El gobernador republicano por Arkansas, Asa Hutchinson dijo recientemente que las acciones de Trump el 6 de enero representan un "error costoso para nuestra democracia" e instó a los republicanos a seguir adelante agregando que el comité de la Cámara que investiga los disturbios en el Capitolio es "importante".
Dada la polarización existente, la cuestión clave estará en saber si el país por entero prestará atención a lo que sucede en las audiencias o si tomará todo el proceso como otro ejemplo de división partidista en el legislativo.

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