miércoles 22  de  abril 2026
OPINIÓN

Quinta carta a Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos

Considero de vital importancia que la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, mantenga su firme compromiso con los derechos fundamentales del pueblo cubano

Diario las Américas | ZOÉ VALDÉS
Por ZOÉ VALDÉS

Estimado señor Secretario de Estado:

Me permito dirigirme a usted por quinta ocasión, esta vez -de nuevo- para reiterar mi apoyo incondicional a los esfuerzos del gobierno de los Estados Unidos en la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos en nuestro hemisferio. En las últimas semanas, he seguido con especial interés los análisis publicados tanto en The Washington Post como en El Debate de España, donde se aborda el creciente temor de los hermanos Castro ante el avance de las libertades y la presión internacional sobre el régimen cubano.

Estos reportajes ponen de manifiesto la inquietud que embarga a la cúpula gobernante de Cuba frente a la posibilidad de que se consoliden cambios democráticos en la región. La apertura de espacios de diálogo, la voz de la disidencia, la oposición, la firmeza de una parte del exilio, y la solidaridad internacional -aunque poca todavía- parecen haber generado un clima de inseguridad palpable en La Habana, tal como señalan los prestigiosos medios citados. Donde menos los tir(asnos) saben actuar con ecuanimidad es cuando se les propone dialogar en un ambiente pacífico e inteligente; entonces multiplicarán su bestialidad. No lo permita. A estas alturas ya deben de estar enterados de que en este caso el diálogo propuesto responde únicamente a un método disuasivo mediante el protocolo diplomático y a un honor de caballeros que ustedes poseen y de lo que ellos ni siquiera conocen el significado, porque ellos son matones de la peor entraña.

Considero de vital importancia que la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, mantenga su firme compromiso con los derechos fundamentales del pueblo cubano. El temor de los Castro, evidenciado en la prensa internacional, es una señal de que la presión y el apoyo a la sociedad civil empiezan a tener un efecto real y positivo.

En una palabra, están jiñados en los calzoncillos frente a su gestión y la del presidente Donald Trump, al que creen, oh, pobres comemillos, que podrán engañar.

No conocen de la entrañable unión entre usted y el presidente porque ellos no reconocen nada de eso; no pueden entender la lealtad y el reconocimiento entre hombres de alta talla moral. Estos miserables son los más desleales y tramposos del mundo. Si me lo permite, sólo puedo aconsejarle, aunque usted lo sabrá como nadie, que no se rinda. Continúe dándoles con todo, no olvide que esta gente es criminal y la bajeza misma; hágaselo saber al presidente.

Le agradezco su atención y reitero mi respaldo a las acciones que promuevan la libertad y la justicia en Cuba por la vía que sea, aunque yo siempre reitero y prefiero que sea por la más expedita.

Me parece que ya le han entregado demasiado de su precioso tiempo, teniendo en cuenta que todavía están ustedes resolviendo lo de Irán, aunque ya va muy adelantado, todavía falta, porque con estos mentirosos takkiyeros tampoco se tiene nada claro, y habría que andar con cautela. Pero, por favor, han transcurrido ya las dos semanas de límite con Cuba, y esta que le escribe, así como otros amigos cubanos, llevamos décadas pendientes de una acción definitiva y contundente por parte de Estados Unidos, y ahora, que lo vemos más cercano y probable, también llevamos noches sin dormir. No aparte nada de su mente, que nada lo entretenga ni lo desvíe.

Usted sabe que, como soy escritora, se espera de mí que llame a la paz y sea muy pacífica y tal, y lo soy, pero ya lo afirmé en la entrega de Premios Excelencia Educativa en España, donde premiamos al insigne Maestro Meme Solís: “No puede haber paz sin libertad”. Una cosa primero que la otra. Ya los cubanos hemos pecado de pacíficos, o sea, de carneros. Y las mejillas se nos caen podridas de ponerlas durante tanto tiempo para que nos den el bofetón humillante.

Acabo de oír al presidente de Estados Unidos, en reunión con su gabinete, que ha dicho: “Prohibido olvidar”, una frase que volvió a poner de moda la presa política cubana Cary Roque, luz a su memoria. Le aseguro que me ha emocionado, porque poco a poco he ido descubriendo que este presidente sabe mucho más de Cuba y de los cubanos libres del exilio de lo que podríamos imaginar. Resulta sumamente alentador.

Atenta y agradecida, veo a Cuba -y no sé si me entiende- bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús, cosido encima de la estrella solitaria de nuestra bandera. Que Dios ilumine a Cuba cuando Estados Unidos la libere del yugo comunista.

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