No hay duda de que las circunstancias han cambiado dramáticamente, desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca con la intención de entablar buenas relaciones con Moscú: ahora Rusia es vista como un estado hostil a Estados Unidos y sus aliados, particularmente a Gran Bretaña.

Si las investigaciones que lleva a cabo el fiscal especial Robert Mueller, sobre una posible conspiración entre la campaña de Trump y Moscú llegan a prosperar o no, lo evidente en estos momentos es que Vladimir Putin, el reelecto presidente ruso, representará una desafío latente para occidente por los próximos años y Trump va a tener que jugar un papel más decisivo para contener las ambiciones de poder de Rusia.

El más reciente ejemplo de hasta qué punto puede llegar la supuesta interferencia rusa en una democracia occidental fue el ataque perpetrado en suelo inglés, en contra de un espía ruso, utilizando un agente neurotóxico de grado militar.

Esta agresión forma parte de una serie de muertes inexplicables de espías rusos en el Reino Unido en los últimos años.

Sergei Skripal, quien se encuentra junto a su hija en estado crítico, producto del citado envenenamiento, era un doble agente que trabajaba para la agencia de inteligencia británica.

El atentado, calificado de indiscriminado e imprudente y una violación a la Convención sobre Armas Químicas, fue condenado por Estados Unidos, Francia y Alemania así como por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por considerarse además un ataque directo a la soberanía del Reino Unido, país que expulsó en represalia a 23 oficiales de inteligencia, que estaban acreditados en Londres como diplomáticos rusos.

El Council on Foreign Relations cita las declaraciones del veterano de la CIA Jack Devine en las afirma que, en el pasado, los servicios de inteligencia estadounidenses y rusos operaban en base a un acuerdo de caballeros, conocido como las reglas de Moscú, que establecía ciertos límites a la interacción entre ambos rivales.

“Bajo estas reglas, y con la amenaza permanente de destrucción mutua asegurada, acordamos no atacarnos físicamente y no participar en ciertos tipos de actividades como falsificación de divisas o entrometernos en los asuntos políticos internos del otro”, señaló Devine añadiendo que ahora esos pactos no escritos sobre espionaje ya no se aplican, lo que pone en evidencia que Rusia hoy parece “no conocer límites, tomando la serie de asesinatos, la injerencia en elecciones extranjeras o los bombardeos en contra de civiles en Siria”.

Es cierto que el presidente Trump también tomó medidas severas la semana pasada, al imponer sanciones en contra de 19 individuos rusos, por interferir en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 y por lanzar ataques cibernéticos contra los Estados Unidos, pero en Washington sigue llamando la atención que el mandatario estadounidense pareciera dedicar más tiempo a criticar la investigación de Muller sobre el “Rusiagate” que enfrentar directamente a Putin por sus acciones.

Por lo pronto, la investigación del fiscal Mueller continua y ha producido acusaciones en contra de 19 individuos, cuatro de ellos miembros de la campaña electoral de Donald Trump, así como pruebas concretas de intromisión rusa, incluidas las acusaciones de 13 personas y 3 entidades señaladas de difundir noticias falsas a través de las redes sociales, con el fin de manipular a la opinión pública estadounidense.

Aun así, las críticas del presidente Trump hacia la investigación de Mueller sobre la injerencia rusa, por supuesta parcialidad política en favor de los demócratas, desató temores bipartidistas sobre un posible despido de Mueller, lo que obligó al abogado de la Casa Blanca, Ty Cobb, a negar esa posibilidad.

La estrategia de Trump parece estar encaminada a atizar el escenario político interno para caldear las emociones y mantener vivo el debate electoral, de cara a las elecciones intermedias del próximo 6 de noviembre.

Sin embargo, lo que ahora está pasando entre Moscú y los países de occidente es potencialmente tan peligroso y alarmante, que coloca la investigación de Mueller en un contexto diferente, si llegara a debilitar la posición de Trump como líder del mundo libre.

Putin tiene ante sí seis años más en el poder y probablemente tratará de aprovechar cualquier signo de debilidad en Washington para imponer su agenda y probarle al mundo de que Rusia puede recuperar su estatus de súper poder, a costa de lo que sea.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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