Desde que ocupó el cargo de la presidencia, Donald Trump ha cambiado su opinión sobre muchas personas clave, que había nombrado para ocupar altos puestos en su administración.

Es cierto que algunos de estos cambios han sido producto de circunstancias ajenas a su voluntad.

El más obvio fue la renuncia de su asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, luego de haber sido acusado de mentir al Gobierno sobre sus contactos con Rusia durante la campaña presidencial.

Flynn se declaró culpable de mentir al FBI por negar sus conversaciones con el embajador ruso en Washington.

Para otros funcionarios, la salida se produjo después de que un frustrado Trump lo responsabilizara por no transmitir efectivamente cuán exitosa está siendo la gestión del Presidente.

Así que Reince Priebus, su jefe de personal, Sam Spicer, su secretario de Prensa, Steve Bannon, estratega jefe, Anthony Scaramucci, director de Comunicaciones, Derek Harvey, asesor de Medio Oriente en el Consejo de Seguridad Nacional, y James Comey, director del FBI, conforman la lista de más de una docena de funcionarios, forzados a abandonar su puesto de trabajo.

Con esta experiencia a cuestas, es lógico que la secretaria de Prensa, Sarah Huckabee Sanders, haya puesto tanto énfasis en elogiar la labor del mandatario.

Por ejemplo, la semana pasada describió cómo el gabinete estaba abocado al "increíblemente exitoso" primer año de la administración Trump.

Por eso, cuando se filtró la noticia de que Trump estaría considerando despedir al secretario de Estado, a Rex Tillerson, y reemplazarlo por el director republicano de la CIA, Mike Pompeo, nadie dudó de que era cierto.

Ya sea que suceda o no, lo que sí está claro es que Trump quiere asesores y miembros de gabinete que apoyen sus puntos de vista sin resistencia.

Cuando nombró a Tillerson como secretario de Estado, lo hizo porque se sintió seguro de que un hombre exitoso como él y con experiencia internacional, seguramente compartiría sus puntos de vista fuertemente conservadores.

Pero Tillerson ha adoptado un enfoque diferente a los deseos de Trump para manejar los desafíos en política exterior.

Por ejemplo, Tillerson aconsejó al Presidente que se apegue al acuerdo nuclear con Irán, a pesar de que Trump prometió eliminarlo cuando estaba haciendo campaña por la Casa Blanca.

Si Tillerson llegase a abandonar el Departamento de Estado, para ser reemplazado por el actual director de la CIA, Trump pondría de nuevo el acuerdo nuclear con Irán a la vanguardia de la agenda.

Pompeo en particular ha atacado el acuerdo, bajo el cual Teherán estaría obligado a restringir su programa nuclear a cambio de un levantamiento gradual de las sanciones económicas. Es una posición que corresponde al pensamiento del Presidente, quien considera que el acuerdo logrado durante la administración del presidente Barack Obama, en 2015, es un ejemplo de negociación deficiente y un desastre para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

Pompeo también ha hablado públicamente sobre un cambio de régimen en Corea del Norte o como dijo recientemente “separar” al régimen de Kim Jong-un del programa de armas nucleares.

En otras palabras, la diplomacia usada por Tillerson sería rápidamente olvidada para dar paso a un estilo más de confrontación.

Según el propio Trump, la salida de Tillerson no ocurrirá... ¿por ahora?

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario