Adentrarse en el valle de Bailem, oeste de Nueva Guinea, enclave de la tribu Yali, feroces caníbales hasta hace muy poco, jugarles bromas de mal gusto y por si fuese poco, burlarse de sus indumentarias o piropear a sus mujeres, es lo que se llama turismo de emociones extremas.

Turismo piadoso, andar el camino de Santiago de Compostela, comprar un tour a la Meca o poner proa a El Vaticano, para ser recibido en audiencia privada por Su Santidad.

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Turismo de salud, darse una vuelta por Boston para hacerse en el Mass. General Hospital un chequeo preventivo, que son los que menos previenen, porque esos diagnósticos, por lo general, llegan cuando es demasiado tarde.

Las cancillerías de numerosos Estados alertan a sus nacionales que el hampa campea fueros en Venezuela. Que Caracas, Maturín, Puerto Ordaz, figuran entre las diez ciudades con mayores tasas mundiales de muertes por homicidios. Que si no hay necesidad, extrema, de acercarse por tales predios, no lo hagan. Sin embargo, ahora, los hechos, siempre tercos, desmienten semejantes advertencias.

La musculatura turística, de la República o Republiqueta Bolivariana de Venezuela, es un recurso natural renovable, mal comprendido y peor aprovechado. Años atrás, no muchos, serán dos o tres, el “Chapo” Guzmán, el mismo que ahora está siendo juzgado en Nueva York, después de una de sus espectaculares fugas, fue a atrincherarse en nuestra isla de Margarita. Oscar Wilde decía que cuando Dios quiere castigar a algún devoto, atiende sus plegarias. Total, que en lugar de permanecer en las paradisíacas Playa de Agua o Pampatar, manejando sus negocios por la Internet, alimentándose con “Vuelve a la vida”, las oraciones de Guzmán por volver a su amada Sinaloa fueron atendidas por el Creador y ¡zas! lo que ocurrió después es de sobra conocido.

Todo para llegar a lo que lo adelante, la agencias de viajes interplanetarias deben promocionar como turismo de impunidad. Un corrupto de siete suelas, en lugar de refugiarse en Wellington, Florida, EEUU, o en la Moraleja, Madrid, haría mejor en acogerse bajo el manto encubridor de sus pares bolivarianos. Si mató, traficó, lavó o legitimó dinero mal habido, poco importa. Será bienvenido por la nomenklatura bolivariana. Cero escuadrones de capturas, cero requisitorias del Fiscales del Ministerio Público. Quizás le entreguen las llaves de alguna ciudad, lo contraten para una asesoría o le otorguen dólares preferenciales para la importación de comida no apta para humanos que luego se repartirá entre la población más necesitada.

Y aquí llegamos a donde no quisiéramos haber llegado: a lo que se llama “repartir la cochina” con las honorables autoridades bolivarianas. Ya eso es asunto suyo. No puede comer pa’ usted solo. Escoja. La bolsa o la…. Mírese en los espejos de los Chapos que no han oído consejos.

@omarestacio

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